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Faust Opera Oviedo 

Fausto viste de Prada

Oviedo. 09/10/2016. Teatro Campoamor. Gounod: Faust. Stefan Pop, Mark S. Doss, Maite Alberola, Borja Quiza, Lidia Vinyes Curtis, María José Suárez, Pablo Ruiz. Dir. de escena: Curro Carreres. Dir. musical: Álvaro Albiach.

“Dos almas, ay de mí, viven en mi pecho” dice el Fausto de Goethe en uno de sus más célebres pasajes. Siglos más tarde Hermann Hesse, otro grande de la literatura alemana, rebatiría a su modo tal afirmación en las páginas de El lobo estepario, a cuyo protagonista, Harry Haller, dos almas ya se le antojaban escasas. No todo en la vida es blanco o negro y al igual que Harry, que sufre tanto bajo su ridícula duplicidad de hombre o lobo, la Ópera de Oviedo se enfrenta, función tras función, al enjuiciamiento binario de su escenografía: clásica o moderna. 

Basta un café media hora antes para descubrir hasta qué punto esto se ha convertido en comidilla de la Vetusta más aficionada a la lírica y al periódico de los domingos. 

—Pues yo he leído que va a haber una orgía en escena —comentaba un hombre a su acompañante no muy lejos de mi mesa. 

—Sí, pero decían que no habrá desnudos… Bueno, da igual ¡A mí me gustan las cosas clásicas!

Desconozco si la pareja estuvo entre los espectadores que patearon la propuesta a la caída del telón. Seguramente sí, pues una parte más que significativa del patio de butacas se lanzó a hacerlo, y con ganas. 

En lo personal estos pateos siempre me han parecido un recurso algo torpe, muestra de la duplicidad simplista que criticaba Hesse, e incapaces de valorar un trabajo complejo que, al menos bajo mi punto de vista, no puede etiquetarse de unos cuantos golpes como bueno o malo sin aportar justificación alguna. Así pues, la pateada propuesta de Curro Carreres se basa en un planteamiento no demasiado desencaminado; si Fausto vendió hace años su alma al diablo a cambio de una falsa juventud, los fashion victim hacen ahora lo propio, inmersos en una sociedad que confunde sexo con deseo, salud con apariencia y amor con ficción hollywoodense. De aquí surgen caracterizaciones chocantes, como la conversión de Mefistófeles en el diseñador Karl Lagerfeld o la de Margarita en una modelo de moda. Pero el papel lo aguanta todo, de modo que una idea buena fácilmente se torna en mediocre cuando se traslada a la realidad. Y en la ópera, la dura realidad para todos los registas no es otra que el libreto, terca unión entre música y escena. Qué difícil resulta entonces justificar la presencia de una pasarela de moda sobre el escenario -debidamente acompañada de modelos y fotógrafos- cuando el texto demanda estudiantes borrachos, soldados o matronas. Tampoco es sencillo asumir la presencia de un DJ que en el Acto II, ataviado con un llamativo chándal Adidas al más puro estilo Paquirrín, intenta convertir el precioso Vals “Ainsi que la brise légère” en el próximo hit del verano. Así mismo no me pareció acertado el enfoque del regista hacia el personaje de Margarita, en especial durante el tercer acto, donde se la presentó falta de candidez y sobrada de divismo. A fin de cuentas Margarita es “una pobre hija del pueblo, sencilla e ignorante”1y así la trata Fausto, idealizándola en su famosa cavatina “Salut, demeure chaste et pure”. Tras el descanso, una mayor atemporalidad en los decorados hizo ganar enteros al trabajo de Carreres; de admirable fuerza dramática resultó la escena de la Caverna en el Acto V que, unida a un sobresaliente trabajo de iluminación, se situó sin duda como lo mejor de la propuesta.

El reparto, con notable presencia española, delegó el papel protagónico en Stefan Pop, quien perfiló un Fausto solvente, de proyección generosa y agudo squillante, aunque con una dicción mejorable. Mucho mejor fue la del bajo estadounidense Mark S. Doss, elegido por la Ópera de Oviedo para la parte de Mefistófeles. Doss no decepcionó, sabiendo redondear su atractiva voz de bajo con unas dotes escénicas bien trabajadas; un partenaire de lujo para Fausto y, a mi opinión, el intérprete más valioso de la noche. Maite Alberola hizo lo propio en el rol de Margarita, abordando el personaje desde una vocalidad más pesada de lo habitual, ofreciendo así una coloratura algo falta de agilidad durante su famosa aria “O Dieu! Que de bijoux!”, que cantó mientras se hacía mil y un selfies con su iPhone para cumplir con las exigencias escénicas. Si bien incluir una referencia a dichas autofotos podría haber resultado un recurso efectivo, la demostrada reiteración terminó rayando lo molesto. El desempeño de Alberola mejoró tras el descanso, firmando así un quinto acto interesante aunque algo empañado por un final mal resuelto en el trío “Anges purs, anges radieux”.

Derrochando juventud y ganas, el barítono Borja Quiza firmó un Valentín genuinamente romántico y muy notable en su aria “Avant de quitter ces lieux”, que le confirmó como uno de los protagonistas vocales de la noche. Desde un estilo canoro muy distinto, la mezzo Lidia Vinyes Curtis encarnó un Siebel de envidiable elegancia, cimentado en un bello fraseo de meditadas dinámicas y trabajadas articulaciones. Sin duda, un debut de muchos quilates para la barcelonesa, que se subía por primera vez a las tablas del Campoamor. Cerrando el reparto Pablo Ruiz supo sacar partido al rol de Wagner, mientras que María José Suárez se confirmó como una Marthe solvente y de gran presencia escénica.

Por su parte, Álvaro Albiach convenció al frente de la Oviedo Filarmonía, formación con la que ya había trabajado en otros títulos como El barbero de Sevilla o Don Giovanni. En esta ocasión los resultados obtenidos pueden enmarcarse dentro de la adecuación que acostumbradamente caracteriza a la agrupación ovetense, ofreciendo un Fausto sin sobresaltos, de planteamientos clásicos en tiempos y dinámicas, amable a la hora de acompañar a los solistas y capaz de respetar la dominante romántica y apasionada de la partitura sin renunciar a los elementos intimistas que en ocasiones se presentan.

En su segundo trabajo como directora titular del Coro de la Ópera de Oviedo, Elena Mitrevska ha demostrado cumplir con creces su cometido. En la agrupación no se ha apreciado disminución alguna de calidad tras la marcha de Patxi Aizpiri y los resultados se mantienen a un nivel excelente. Prueba de ello fue la sólida interpretación del “Coro de Soldados” en el cuarto acto o  la del “Coro de Ángeles” ya en el quinto. Con éste último caía el telón de Fausto, el segundo título de los cinco programados en el Teatro Campoamor esta temporada y uno de los llamados a levantar mayor polémica entre las butacas. A fin de cuentas… ¿Quién iba a suponer que el diablo viste de marca?

 

 

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