© A. Bofill | Gran Teatre del Liceu
Sugestiva variación
Barcelona. 07/12/2025. Gran Teatre del Liceu. Gaetano Donizetti: L’elisir d’amore. Pretty Yende, (Adina). Michael Spyres, (Nemorino). Jan Antem (Belcore). Fabio Capitanucci (Dulcamara). Núria Vilà (Gianetta). Diego Matheuz, dirección musical. Mario Gas, dirección de escena. Leo Castaldi, reposición. Producción del Gran Teatre del Liceu.
Cautivadora nueva versión del múltiple reparto que está protagonizando estas navideñas funciones del Elisir d’amore liceista. La soprano sudafricana Pretty Yende mostró sus armas belcantistas, basadas en un ángel especial interpretativo y una técnica ajustada. El tenor de Misuri, Michael Spyres escanció la fortaleza de su camaleónico instrumento de baritenor con vistosos colores y la joven voz del barítono catalán, Jan Antem, de estilo idóneo y prestaciones impecables, completaron un reparto que cerró el cumplidor Dulcamara del barítono Fabio Capitanucci.
En este reparto alternativo, número de función doce de las quince previstas, la batuta de Diego Matheuz pareció perfilar con mejores acabados un estilo que no le acaba de cuajar. La orquesta del Liceu destaca en sus solos, ese inicio de flautas y flautines es encantador, así como los solos de vientos-maderas durante la ópera. Las cuerdas acompañan pero sin que el nervio belcantista, dinámicas irregulares, ataques mortecinos y una falta de equilibrio y estilo que si bien muestra mejoras desde la función del estreno, sigue habiendo una descompensación entre la primera parte y la segunda, mejor modulada, incidiendo en un enfoque desde el podio falto de espíritu y más rico en intenciones que en resultados.
El Nemorino de Michael Spyres es el gran protagonista que la ópera necesita. Desde su primera intervención, la voz siempre presente, el estilo dúctil y un acting desenvuelto y buscando la complicidad del espectador, construyen un personaje que se acaba llevando la ópera en el bolsillo. Su timbre generoso y cobrizo, una impostación híbrida, propia de su naturaleza baritenoril, le dan un enfoque más oscuro y también más humano. La voz siempre suene presente y de emisión generosa, con un fraseo envolvente y nada afectado, la articulación también precisa, y una franja aguda fácil y mórbida, confirman a Spyres, en el primer Nemorino de su carrera, con un triunfo personal sin mácula. Además incluye las variaciones escritas por el propio Donizetti en la celebérrima Una furtiva lagrima, dándole una frescura extra que coronó con variaciones finales en la cadenza, haciendo del momento estrella de la ópera el hit de la función sin sonar ni repetitiva ni previsible.

Pretty Yende comenzó más discreta, con su timbre reconocible y vibrato característico. La sudafricana supo hacerse suyo el personaje de Adina con un carisma escénico que conjuga naturalismo teatral con una personalidad vocal de expresivo y volátil lirismo. En sus dos últimos dúos y aria final, mostró solvencia, seguridad técnica y un estilo trabajado que acabó por convencer en una interpretación de menos a más.
El barítono catalán Jan Antem forma parte de la nueva hornada de voces catalanas que está haciendo ya una prominente carrera, basada sobretodo en los escenarios italianos. El timbre y el color son los propios de una voz de barítono lírico joven, fresca y flexible, con una emisión en construcción a la que no ayudó una batuta con exceso de volumen en más de una ocasión. El estilo y la técnica belcantista de Antem conjugan elegancia en el fraseo y un articulación de claridad notoria, con un seductor color meloso sumado a una interpretación teatral de fina ironía para un resultado global óptimo que le auguran muchos éxitos en este repertorio.

El barítono italiano Fabio Capitanucci, mostró un Dulcamara efectivo y de comicidad mesurada. Sin un carisma especialmente notorio, el barítono supo compensar las carencias en los graves con un enfoque basado en un texto teatralizado al máximo, con una dicción que buscó y encontró todos los recovecos bufos del personaje. Núria Vilà como Gianetta completó con profesionalidad al lado de un coro que volvió a destacar en su número femenino, una mejora notable.
La producción firmada por Mario Gas sigue siendo un éxito para un público que entra en ella desde el primer momento, por la frescura de la propuesta, sin dobleces y con un uso de los tópicos bufos basados en una dirección de actores que se desarrolla con efectividad y en un grado directo a las dotes expresivas de cada cantante. La escenografía, vestuario e iluminación funcionan como un guante, la estética militar y los gags como el de la boda al inicio de la segunda parte y ese bis a modo de despedida de Dulcamara son de un efectismo cómico tan obvio como agradecido.
El hecho de que el público acabe aplaudiendo de manera generosa y empática sin nadie saliendo corriendo al bajarse el telón, como pasa en tantas otras funciones de manera muy habitual y poco educada, muestran el grado de satisfacción y empatía de un público rendido a la propuesta. Un elixir teatral y musical que confirman el éxito de un tándem, Mario Gas-Gaetano Donizetti, que extrañamente no se ha vuelto a dar con otros títulos del genio bergamasco. Misterios sin resolver.
Fotos: © A. Bofill | Gran Teatre del Liceu