© Borja González
Flores para Flórez
Madrid. 11/03/2026. Auditorio Nacional. Obras de W. A. Mozart, G. Rossini, F. Boieldieu, R. Chapí, A. Vives, J. Serrano, E. Lecuona, J. Massenet, Ch. Gounod, F. Liszt y G. Verdi. Juan Diego Flórez, tenor. Vicenzo Scalera, piano.
Treinta años de carrera lleva Juan Diego Flórez. Y a lo largo de esos años he seguido al cantante por muchas teatros del mundo, después del primer impacto que tuve cuando, en una noche en Lisboa, puse la radio y me lo tropecé cantando en directo en un recital que me provocó acercarme inmediatamente al teatro para poder escucharlo. Muchas satisfacciones, muchos buenos momentos vividos, y muchas personas especiales -alguna que ya no está- que me acompañaron…. Recuerdos de vida que atraviesan gran parte de esa larga carrera del tenor peruano y que me provocan sobretodo un palabra: gracias.
Porque Flórez siempre ha sido solidez, ha satisfecho siempre mi hambre rossiniana y me ha provocado la satisfacción de escuchar algo como insólito en esa perfección de ir con la voz de arriba a abajo y con esa agilidad tan ligada y perfecta. Flórez ha marcado una época. Ahora, con 53 años, la voz quizá ha perdido algo de frescura y los agudos no se expanden con la misma insultante facilidad, pero el cantante ha sido inteligente y lo ha compensado enriqueciendo su fraseo y aplicando su ya larga experiencia en el escenario en un saber pisar las tablas en cada pieza que interpreta: gracias de verdad.
Y esto se pudo comprobar en el primer bloque mozartiano interpretado,sabiendo por fin diferenciar en el fraseo y en la intención de forma bastante notable esos constantemente cambiantes estados de ánimo o “personajes” que caracterizan la música de Mozart. Muchas veces en cuestión de segundos. Algo que solo los grandes intérpretes saben sacar y que Flórez, en el presente recital, pudo demostrar -sin haber sido nunca su mejor baza- que lo ha entendido.
Así, el recitativo con el que empieza el aria de concierto Misero! O sogno fue expuesto pleno de narratividad, y el cantante fue desgranando cada episodio del aria posterior con propiedad, festoneando el discurso con bellas medias voces en palabras clave (oh, Dio) o efectivos diminuendos como en barbara sorte.
Bien expuesto también el aire más regio y mayestático de las arias de La clemenza di Tito que cantó posteriormente adornando de forma muy bella la segunda exposición del tema. Estupendo el cambio expresivo en la parte “b” del segundo aria cantado (Se all’impero, amici Dei) en la que empezó también a despertar la agilidad en las semicorcheas escritas por Mozart.
A continuación vino un pequeño bloque de Rossini que, por el erial en el que se ha convertido el Teatro Real con este autor, agradezco especialmente. Comenzando con Le Sylvain, perteneciente a los llamados “pecados de vejez”, en la que Flórez supo instalar inmediatamente otro carácter aprovechando el ritmo ondulante con cierto aire de barcarola de la pieza y la característica sonoridad del idioma francés. Bella realización y muy libre de las dos breves cadencias, y buen primer agudo.
El aria de La piedra del paragone que vino después recordó ese Flórez contraltino incontestable e inalcanzable en su impoluta realización. Expuesta con una estupenda claridad expositiva y con esa agilidad ligada sedosa tan característica suya, sin rugosidades; con una línea impoluta afinadísima y cantada con la perfecta administración del aire además de implementar un estimulante fin expresivo a dicha coloratura. Buen si bemol agudo para finalizar.
La primera parte terminó con el aria “Viens, gentille dame” de La dame blanche de F. Boieldieu donde el cantante aplicó su buen legato y fue afianzando sus agudos en los saltos a plena voz hasta el si bemol que tiene el aria, y uno en falsete en piano.

Bloque de zarzuela para comenzar la segunda parte iniciándola con “Flores purísimas” de El milagro de la Virgen de R. Chapí y en donde Flórez diferenció bien palabras como la dulce forma de cantar “corazón” además de mover de forma sutil el tempo en la parte central del aria. Bella media voz al terminar.
Impecable la línea de canto en “Por el humo se sabe donde está el fuego” de la Doña Francisquita de A. Vives, aunque expuesta, quizá, de forma un tanto adusta sobretodo en los flamenqueos del “a” en la palabra alma. Buena exposición de la parte central del aria dicha con apropiada desesperación y arrojo. “Te quiero morena” de El trust de los tenorios de J. Serrano que vino a continuación sirvió para despegar un poco más y soltar el discurso de forma más desenfadada y exponer una mayor libertad expositiva en su actuación, ademas de mostrar un cierto aire dominador.
Bella forma de cantar después “Pourquoi me réveiller” del Werther de J. Massenet, escanciando casi cada sílaba con una muy bella delectación y provocando unos estimables sfumati que otorgaron un aire desfigurado al aria que le sienta muy bien. Otra vez buen legato en “Salut! Demeure chaste et pure” del Fausto de Ch. Gounod añadiendo conseguidos calderones como al final de la palabra “Chaste” en su segunda exposición y efectuando un bellísimo y difícil diminuendo al cerrar el aria.
“La mia Letizia infondere” de I Lombardi de G. Verdi terminó el programa con la sabia novedad de insuflar Flórez el suficiente carácter verdiano alternando muy bien en la línea canora rugosos y marcados ataques consonánticos dichos de forma vibrante, con posteriores aproximaciones blandas y templadas que contrastaron muy bien el discurso. Buen cambio en la parte central, expuesta de forma muy libre.
El recital siguió con seis piezas fuera de programa: una canción napolitana más La flor de la canela y Cucurrucucú Paloma acompañadas por el mismo a la guitarra; y su siempre impecable aria de los nueve do Ah! mes amis, una sobresaliente Una furtiva lágrima y una bella Amapola con la que concluyó el concierto.
Impecable colaborador, el pianista Vicenzo Scalera volvió a desempeñar un acompañamiento perfecto y entregado, además de lucir en las piezas a solo tocadas a lo largo del recital: una bagatella de Rossini, una mazurca de Lecuona y, sobretodo, una Consolacion n.3 de Liszt plena de bella sonoridad.

Fotos: © Borja González