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Destreza y refinamiento 

Barcelona. 18/04/26. L’Auditori. Obras de Debussy y Saint-Saëns. Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya. Daishin Kashimoto, violín. Thomas Søndergård, dirección.

En las pasadas temporadas no era habitual que Ludovic Morlot se perdiera un programa dedicado exclusivamente a la música francesa del siglo XIX en adelante, especialmente, teniendo en cuenta el impulso que él mismo ha dado a este repertorio desde su llegada a la institución. Sin embargo, en este final de temporada –y, en general, en el último tramo de esta etapa–, la presencia de batutas invitadas se ha convertido en una constante de la programación. Ello está propiciando que muchos directores debuten con la formación, como ocurrió el pasado viernes y sábado con Thomas Søndergård, actual titular de la Minnesota Orchestra y de la Royal Scottish National Orchestra. Convocado para dirigir dos obras de Debussy, Petite Suite e Images pour orchestre, así como el Concierto para violín n.º 3 en si menor, op. 61 de Saint-Saëns, compartió escenario con Daishin Kashimoto, concertino de la Filarmónica de Berlín, quien al parecer también debutaba con la OBC.

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El japonés se adentró en la partitura con la pasión que pide Saint-Saëns, con ligeros matices de sul tasto y rugosidad sobre la cuarta cuerda, que mantuvo con coherencia en las distintas réplicas del tema, y demostró su innegable dominio en la que es, sin duda, una de las páginas más emblemáticas del violín romántico francés –estrenada, por cierto, por el legendario violinista español Pablo de Sarasate en 1880–. Evitó una interpretación rutinaria, aportando un toque personal con una ligera tendencia hacia los pequeños glissandi en las ascensiones sobre el diapasón –siempre con el respeto y los límites en mente– y mantuvo un idiomático vibrato de buen gusto a lo largo del Allegro non troppo, en el que no defraudaron las primeras diabluras técnicas; todas, siempre a raya bajo el arco del nipón. 

El segundo tiempo disputó seriamente el ser la mejor interpretación de Kashimoto en la velada del sábado, en la que no faltó lirismo ni intensidad dramática. Mostró buena sintonía con la orquesta dentro y más allá del papel, cómodo con la batuta de Søndergård. Una inspirada cadencia dio paso a los arpegios que el invitado resiguió con afinación cristalina, de la mano del primer clarinetista. Sin dilación, afrontó el último movimiento con furia musical, y afrontó con arrojo las últimas yincanas violinísticas –quizás, en general, algo más precisas en afinación que en las del primer tiempo–, deslumbrando al público con su agilidad y su destreza también en las dobles cuerdas. En resumen, Kashimoto firmó un sólido concierto, con poco margen para la mejora, despidiéndose de la audiencia con buenas sensaciones, aunque eso sí, sin propinas a la vista.

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Søndergård completó el “sándwich” debussiniano del programa con buena mano, tanto en la Petite suite –orquestada por el francés Henri Büsser–, como, aún mejor, con la formación al completo, en la evocativa Imágenes para orquesta. La OBC pareció responder bien al elegante estilo del director danés, expresivo corporalmente, que indudablemente supo recrear el colorismo impresionista de unas partituras muy bien estudiadas. En la primera, se pudo apreciar la cohesión de un formato a caballo entre la cámara y la orquesta, donde las intervenciones individuales fueron gran parte del encanto de las miniaturas, en las que Søndergård siempre contó con un inspirado Paco López desde la flauta. Destacaron el delicioso Menuet y el brillante Ballet final. 

El tríptico Imágenes para orquesta tampoco decepcionó, aunque Søndergård se decantó ciertamente por un tempo prudente, sobre todo para durante la sección estrella, la formidable Iberia, que el director decidió sabiamente hacer figurar en último lugar –tal como se estipuló en el programa–, otorgando un final realmente convincente para la velada. El entramado orquestal funcionó bien tanto en los momentos más verticales como en las intervenciones puntuales, especialmente en las asociaciones de instrumentos –como los pasajes de flauta doblados por la marimba del primer tiempo–. A pesar de algunas pequeñas y puntuales dubitaciones en la sección de percusión, en los pasajes más lánguidos de Rondes de printemps, el resultado final terminó sin duda por divertir y convencer al público, en este primer encuentro con el maestro danés.

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Fotos: © May Zircus