© A. Bofill
Constelaciones
Barcelona. 28/05/2026. Palau de la Música Catalana de Barcelona. Ciclo BCN Clàssics. J. C. de Arriaga: Sinfonía en Re mayor. W. A. Mozart: Concierto para clarinete y orquesta en La mayor, K. 622. F. J. Haydn: Sinfonía núm. 49 en Fa menor Hob. 1:49 “La Passione”. The Constellation Orchestra. Nicola Boud, clarinete. Sir John Eliot Gardiner, dirección musical.
Gracilidad arcádica, sensibilidad melódica y madurez expresiva en este programa dedicado al clasicismo europeo donde el maestro Sir John Eliot Gardiner mostró la perfección instrumental de su The Constellation Orchestra.
Más allá de las consideraciones personales sobre la figura, humana, de un director caído en polémicas por usos y/o abusos de poder y modus operandi a la antigua con sus músicos y colaboradores, Gardiner, una figura fundamental de la dirección orquestal y del barroco en particular, mostró que a sus ochenta y tres años, todavía mantiene el vigor de un músico en plenitud.
El programa, iniciado con la hermosísima Sinfonía en Re mayor de Arriaga (1824), mostró una formación, configurada por más de un 70% de mujeres, donde la fluidez, sonido algodonado y calidad de todas las secciones, conforman una orquesta de primer nivel.
Escrita con una precocidad sorprendente, la sinfonía de Arriaga, muestra el talento de un compositor que conoció la realidad musical europea gracias a sus años de estudio en el Conservatorio de París, ciudad donde llegó en 1821 y donde murió en 1826.
La lectura de Gardiner primó la claridad estructural, dejando clara la arquitectura de la sinfonía, donde las tensiones armónicas, el dramatismo desacomplejado y la elegancia de las frase melódicas, se manifestaron con un trabajo de las cuerdas de gran vivacidad. La amplitud de los acordes del final del primer movimiento parecieron un guiño a Cherubini, director del Conservatorio de París en el momento que Arriaga fue alumno. El trabajo de The Constellation Orchestra resultó de un lirismo conmovedor, como fue en la interpretación del Andante con moto, donde la capacidad melódica e imaginación compositiva de Arriaga mostraron de nuevo lo que hubiera podido ser de un músico que apenas murió con diecinueve años.

El discurso expresivo del clasicismo continuó con el Concierto para clarinete de Mozart, interpretado por Nicola Boud, destacada solista especialista en la interpretación con clarinete con criterios historicistas. Tras una breve presentación del clarinete histórico presentado por la propia solista en inglés y traducido por la concertino en castellano, el concierto comenzó y destacó desde el inicio el aterciopelado sonido del instrumento.
Con una generosa extensión, como explicó al inicio de su presentación, el clarinete tocado con precisión por Boud, destacó por acomodarse a la lectura preciosista y elegíaca de Gardiner. El sonido dulce y maleable de la orquesta, que prevaleció durante todo el concierto, se acopló como un guante a la ejecución de la clarinetista australiana, quien mostró su notable sensibilidad expresiva, destreza en los arpegios y un fraseo solista de gran nivel. Alguna nota inexacta puntual, no empañó un gran trabajo donde el discurso solista brilló, como en el Adagio que inmortalizó para el cine el film Memorias de África (Sydney Pollack, 1985). Más de un espectador debió visualizar esa maravillosa escena de la avioneta, pilotada por el recordado Robert Redford, con el frondoso fondo de la naturaleza africana deslizándose por el horizonte. Una frondosidad melódica e interpretativa que fluyó como un rio durante todo el concierto, con un Rondó final donde los timbres y colores del clarinete salpicaron con juguetona armonía una composición icónica.

La última obra del concierto fue la Sinfonía núm. 49 en Fa menor “La Passione” de Haydn, donde Gardiner & The Constellation Orchestra rubricaron un programa a mayor gloria del sinfonismo clásico con guiños ya al romanticismo inminente.
Con su peculiar distribución de movimientos de tradición barroca, arcaico para la época en la que fue compuesta, y su característico tono menor, esta sinfonía, del periodo medio del corpus de Haydn, muestra sin embargo la experimentación de un compositor maduro a la búsqueda de sonidos y expresiones.
El Adagio inicial, el movimiento más largo e instrospectivo de la sinfonía, constituyó un testimonio magnífico de la capacidad teatral y coloración de los cromatismos de la partitura por parte de la orquesta. Una introducción sombría y llena de matices que preparó los embistes de los movimientos posteriores donde el espíritu Sturm und Drang romántico asomó con generoso ímpetu gracias a la incisión de los gestos de Gardiner. El control en el uso de las dinámicas, con unas cuerdas contrastadas, maderas idiomáticas y fluidez de las células rítmicas, dio paso a un Menuet e Trio donde el carácter danzante sonó aristocrático y solemne gracias al expresivo canto de las trompas. En el movimiento final, un eufórico y electrizante Presto, la articulación precisa de la orquesta, las vertiginosas modulaciones y un final casi cortado en la precipitación, puso un punto y final abrupto y sorpresivo.
Un concierto final de la temporada 2025/26 a la altura de un nombre mítico como el de Gardiner con una formación orquestal al nivel superlativo de su cósmico nombre.
