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Grupos nuevos, música de siempre

Vitoria-Gasteiz. 07/06/2026. XV Ciclo de Música de Cámara. Auditorio del Conservatorio Jesús Guridi. Akartia Lab: Naiara De la Puente (acordeón), Guillermo Presa (saxofón soprano) y Margarita Rodríguez (soprano), con obras de G. F. Haendel, M. Chamizo, F. Couperin, A. Donostia, W. der Vleeschhouwer y J. S. Bach. 

Los siglos XX y XXI han tenido, entre otras muchas virtudes, dos que quiero subrayar: por un lado, el incorporar al mundo de la llamada música clásica instrumentos que hasta hace nada habían estado relegados al mundo de la música popular o, sencillamente, ignorados; y, por otro lado, multiplicar hasta el infinito el tipo de agrupaciones que pueden ser susceptibles de interpretar la llamada música culta. Este concierto, inserto dentro del XV Ciclo de Música de Cámara de Vitoria-Gasteiz es perfecto ejemplo de lo que supone la plasmación de ambas características.

Porque el grupo protagonista del concierto era Akartia Lab, trío de acordeón, saxofón y soprano que convendremos en que, incluso dentro de la música contemporánea, es agrupación singular. Y, sin embargo, vivida la experiencia, nos damos cuenta de que una vez aparcados los prejuicios, el concierto nos demuestra que la música está por encima de convencionalismos, costumbres y formalismos. 

Akartia Lab nos ha propuesto un programa basado en tres pilares claramente identificables: por un lado, la música barroca a través de tres de sus nombres de referencia, a saber, Haendel, Couperin y Bach; por otro, la música autóctona a través de Aita Donostia; y, finalmente, la música contemporánea, con obras hechas ad hoc para el trío, con ejemplos de Mikel Chamizo y Ward der Vleeschhouwer. El paso de un siglo al otro, de una estética a otra, de una sensibilidad a otra durante los sesenta minutos del concierto solo nos permite confirmar que no hay música que se nos resista si se nos presenta con calidad y naturalidad. Este es el principal mérito del trío y de todos y cada uno de sus componentes.

Las tres obras barrocas abrieron y cerraron el concierto: dos arias de Haendel, una de Bach y en el centro, una adaptación de François Couperain, en la única obra en la que no participó la voz humana. El barroco, ese periodo tan propenso a las adaptaciones musicales, se convertía así en el eje vertebrador del programa: en estos ejemplos el acordeón, si se me permite el reduccionismo, jugaba el papel del habitual bajo continuo mientras el saxofón narraba las líneas melódicas de las obra. La soprano mallorquina Margarita Rodríguez nos mostró una voz amplia, bien emitida y estilísticamente muy adecuada mientras el dúo instrumental la acompañaba con eficacia.

La parte autóctona se completo con Hiru abestiak (Tres canciones), de Aita Donostia que, como en tantas y tantas ocasiones hemos disfrutado –más antaño que hoy en día, por desgracia- fueron interpretadas por la voz y el acordeón. Cuando un servidor era un niño bastaba un acordeón para hacer una larga verbena festiva, mientras cantábamos y acompañábamos a los intérpretes. Así pues, un viaje a las formas del pasado. Aita Donostia recogió en su cancionero partituras tradicionales que él organizó para voz y piano; aquí tenemos la versión para acordeón donde pudimos disfrutar tanto de la voz de la apuntada soprano como de la delicadeza de Naiara De la Puente, acordeonista y doctora en la Academia Sibelius, de Helsinki, acompañante para la ocasión.

Finalmente, las dos obras contemporáneas compuestas para el trío. Elk(a)ar, del tolosarra Mikel Chamizo (1980) es una obra relativamente breve compuesta por cinco micropartes, con texto en alemán y en la que la palabra, tan directa al oyente en su simplicidad como surrealista en otros momentos, adquiere gran relevancia. Los tres músicos se entrelazan en plano de igualdad y construyen la obra en perfecto equilibrio. Chamizo demanda a la soprano sonidos que van más allá del mero canto mientras que acordeón y saxofón exploran sus capacidades, llevadas al extremo. Una obra fascinante que fue muy bien recibida. La segunda obra actual era Mari (2024), del compositor belga Ward der Vleeschhouwer. Obra escrita en euskara, hace referencia a la diosa mitológica Mari, diosa suprema de la naturaleza en la mitología vasca. La propuesta pide a los tres intérpretes caminen por la vía experimental sin complejo alguno. El donostiarra Guillermo Presa, al saxofón soprano, asume papel fundamental examinando distintas vías del instrumento, con De la Puente utilizando el suyo casi en forma percutiva en más de una ocasión mientras Rodríguez responde de forma muy adecuada a las altas exigencias de una partitura que pide susurrar, chistar y acercarse al icónico irrintzi o grito tradicional vasco unido a la alegría y/o al combate. Una obra espectacular.

No éramos muchos en el auditorio pero una vez más en este tipo de conciertos los presentes demostraron un respeto exquisito para con los intérpretes y al final del evento la satisfacción era general encima y debajo del escenario. La propuesta del XV Ciclo de Música de Cámara tiene propuestas muy interesantes para los próximos meses y trataremos de acercarnos.