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WarRequiem Bieito

EL MÁS PROFUNDO Y OSCURO TUNEL

23/06/2017. Teatro Arriaga, de Bilbao. War Requiem, de Benjamín Britten. Natalia Tanasii (soprano), Thomas E. Bauer (barítono), Rolf Romeo (tenor), Sociedad Coral de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección escénica: Calixto Bieito. Dirección  musical: Erik Nielsen.

El título de esta reseña recoge palabras del War Requiem, de Benjamín Britten que pudimos escuchar en el Teatro Arriaga en versión escénica y que considero resumen de forma contundente qué supuso la II Guerra Mundial para Europa, para Inglaterra, para el mismo Benjamín Britten. Tenía el compositor 26 años cuando comenzó la trágica contienda y, quince años después del fin de la misma, en 1962, y con motivo de la reinauguración de la catedral de Coventry, Benjamín Britten presentó este War Requiem, obra que trasciende su ser religioso para aportar una lectura más humanista, laica y pacifista a través de los poemas de Wilfried Owen.

War Requiem no es una obra fácil de escuchar por estas tierras. De hecho, ni siquiera Britten es un compositor que tengamos a mano. Benjamín Britten es ya parte indispensable de la Historia de la Música y, sobre todo, de la Historia de la Ópera. No dejará de haber quien le niegue el pan y la sal pero sus obras merecen mayor atención; dicho de otra forma, Benjamín Britten tiene que dejar de ser noticia por aparecer en nuestras programaciones.

La originalidad de la propuesta era la escenificación de la obra. Calixto Bieito, ahora también director del teatro, apostó por el subrayado de la violencia irracional de la guerra; y tal subrayado queda de manifiesto a través de imágenes contundentes que nos sacuden a los espectadores en el fondo de nuestra conciencia. Seguramente algún espectador se sentirá incómodo ante la escenificación de la muerte de un niño pero, ¿qué es la guerra sino la destrucción de la inocencia?

Cuando la soprano golpea de forma compulsiva la cabeza de su muñeca contra el banco de la catedral el eco resuena en todo el teatro a modo de percusión. Cuando el barítono apuñala desde la distancia a media docena de niños y estos caen muertos a nuestro pies no estamos sino viviendo a pocos metros de distancia un día habitual hoy en tantos lugares de este planeta. Y cuando una niña con vestido arrosado pasea entre las ruinas de la catedral Bieito nos está subrayando la desprotección de tantos y tantos seres ante la irracionalidad de la guerra.

La puesta en escena robaba ocho filas al patio de butacas del teatro, ocupándolas con bancadas catedralicias y con feligreses que resultaban ser –parte de- los miembros de la Sociedad Coral de Bilbao, muy expuestos ante la cercanía de los espectadores. Coralistas que además de cantar tuvieron que desarrollar una importante faceta interpretativa, alcanzando en ambas circunstancias un notable. Quizás en algún momento la disposición de los miembros del coro perjudicó la unidad de la masa pero en cualquier caso hablaos de cosas menores. Su director Enrique Azurza y todos los componentes de la misma recibieron la mayor ovación de la noche.

Cada uno de los solistas vocales pareció representar un sentimiento o actitud ante la guerra Así, la soprano moldava Natalia Tanasii, la voz más interesante de la noche por su potencia y capacidad de matiz afrontó la parte más pasiva por sufriente. El tenor suizo Rolf Romeo escenificó la parte más sangrienta, la víctima del bombardeo, el sufrimiento del perpetuo herido y su voz, de suficiente contundencia a pesar de momentos de cierta blandura fue sin embargo bien adecuada para un recinto como el Arriaga. Finalmente, el barítono alemán Thomas E. Bauer asumió la parte de la brutalidad e irracionalidad y demostró un saber escénico y una voz oscura e intensa que sirvieron para redondear la velada.

No deja de ser una pena que el tenor no fuera británico y poder reproducir la primera intención del compositor, es decir, que los cantantes fueran representantes de las tres nacionalidades europeas principales de la guerra, a saber, un alemán, un soviético y un inglés (Dietrich Fischer-Dieskau, Galina Vishnevskaya y ¡cómo no! Peter Pears en el estreno de 1962)

Erik Nielsen, director titular de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, supo transmitir la dualidad de esta obra, atacando con intensidad la parte más cristiana mientras que en los fragmentos “laicos” fue capaz de buscar nuevos colores al reducido número de músicos.

El War Requiem, de Benjamín Britten está incluido dentro del ciclo de ópera 2016/2017 del Teatro Arriaga. De hecho, supone el cierre del mismo donde entre las tres obras propuestas solo una es una ópera en sentido estricto, L’Orfeo, de Claudio Monteversi, a la que, por desgracia, un servidor no pudo asistir. En la temporada que viene ocurrirá lo mismo: se levanta una propuesta lírica donde no existirán ni ópera ni zarzuela.

Sin demérito de la obra que hoy nos ocupa, faltaría más, agradeciendo profundamente la oportunidad de ver una obra tan hermosa como infrecuente como este War Requiem, ¿no podríamos atinar más a la hora de programar lírica en Bilbao, una plaza tan necesitada de propuestas novedosas en lo musical y en lo escénico? Por ejemplo, la ópera pacifista por excelencia de Britten, Owen Wingrave, obra que resonaba en mis oídos a cada momento por tener una estructura muy similar. Esto sí que sería una buena noticia. No perdamos la confianza.

 

 

 

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