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Levitar en el abismo 

Barcelona. 02/05/2018, 20:30 horas. Palau de la Música. Palau Piano. Beethoven: Sonata núm. 13 en Mi b mayor, op. 27/1 “Casi una fantasía”. Sonata núm. 14, en Do sostenido menor, op. 27/2 “Claro de luna”. Variaciones Diabelli, op. 120. Igor Levit, piano.

Esperado debut en el Palau de la Música Catalana de una de las nuevas figuras del piano. El emergente y cada vez más demandado en los escenarios internacionales, pianista de ascendencia rusa pero crecido y formado en Alemania: Igor Levit. 

Integral del recital dedicado a Beethoven, como afirma en el programa de mano Antoni Colomer como título a su artículo refiriéndose a las Variaciones Diabelli: “Una enciclopedia del piano”. Y así fue pues el arco que va desde las dos sonatas op. 27 a las Variaciones Diabelli, op. 120, abarcaban más de veinte años de vida y composición pianística de Beethoven. 

Esta elección fue reveladora del espíritu entre iconoclasta y clásico que desprende el arte de Levit, depurado en su técnica, característico en su fisicidad frente al piano, con movimientos fuera del canon estipulado, y con una interiorización interpretativa muy llamativa.

Levit es un músico que se sumerge en su propio universo personal frente a la partitura que revive, con sus luces y sus sombras, con una digitación fluida y delicada, el inicio del Andante del op. 27/1 casi fue imperceptible desde la fila 5 de platea, con lo que uno se pregunta cómo se podía escuchar en los pisos superiores. El término “Quasi una fantasía” lo recreó de manera literal, deambulando por los movimientos con un estilo inquieto, recogiendo las armonías y rozando el límite de lo ortodoxo, siempre atento al sonido pero con un uso del pedal y sus volúmenes entre el minimalismo sonoro y una grandiosidad austera y cortante. El espíritu de Schubert se asomó en el primer movimiento, un Schubert entre imaginado y evocado. Un rubato brusco y por momentos elegíaco sorprendió en toda la lectura de la sonata. Levit se abandona literalmente en la partitura y juega unas cartas admirables y arriesgadas donde el ritmo, la cadencia y la forma de la sonata reviven con especial y original nuevo fulgor. 

Si con el final de la sonata op. 27 núm. 1 casi se cortó el aire por la potencia imprimida y el carisma derrochado, buscando una libertad formal llena de frescura, contrastó la sensualidad intimista general de su lectura de la op. 27 núm 2, una sonata “Claro de luna” pura e innovadora poesía. 

Levit de nuevo arriesgó y construyó una lectura entre intimista y atropellada, con un presto agitato final que casi pareció una bacanal ofenbachiana. En cambio, su Adagio sostenuto inicial combinó serenidad y control afilado del sonido, con profundidad expresiva y admiración técnica. Sorprendió de nuevo la tersura de sus dedos frente a las teclas, donde parece que levite el sonido, en contraste con un abismo subjetivo que siempre asoma con destellos de genialidad y virtuosismo.

Acabó la primera parte dejando claro que su sonido es de una insdicutible belleza pero también de una personal e intransferible originalidad.

La voz de Levit, un pianista que en su álbum debut nada menos, escogió las tres ultimas sonatas de Beethoven para presentarse al mundo, se tornó multiforme y colorista con las treinta y tres Varioces Diabelli que supusieron la segunda parte del recital. Aquí la lectura de Igor pareció más meditada, más reflexiva y sobretodo más creativa y equilibrada. 

Cual crisol musical, el pianista nacido en Hamburgo en 1987, escancia con una facilidad se diría innata, las variaciones, otorgando luces, estados de ánimo, colores, densidad y ligereza por partes iguales en un camino donde las Diabelli se elevan con luz propia como un faro beethoveniano hacia el más allá. Ni siquiera un leve crujido del asiento del pianista, que según su posición hacía chirriar la banqueta, con un sonido perceptible y molesto, llegó a torcer la concentración pero sobretodo la imaginación desbordante sobre la magnifica recreación de esta pieza. Profundidad telúrica en su lectura de la variación número 14, ligereza y transparencia en la número 7, fantasía y extraña melancolía en la número 18, o un sorpresivo viaje a otra dimensión en la insondable variación número 20 o en la número 31.

Igor Levit se marchó del Palau derrochando carisma artístico. Luchó por recrear un Beethoven con personalidad y sello propio, sacrificó belleza y transparencia por el camino, frente a la decisión de apostar por la libertad interpretativa y creatividad. Arriesgó y ofreció un universo musical personal digno de un nueva figura del piano. El pensamiento de ¡que vuelva pronto! se torna alegría al comprobar su próximo debut en la nueva edición de la Schubertiada, recital el 1 de septiembre en Vilabertrán, con un programa que unirá Mendelssohn, Mahler y Schubert. Será una cita que se presume ineludible.

 

 

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