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Cuartet Barcino Jardi Tarongers 

Brillo en el jardín

Barcelona. 27/7/2018. Jardí dels Tarongers-Casa Bartomeu. Mozart: Cuarteto para flauta en re mayor, KV 285. Chaikovski: Suite del Ballet “El Cascanueces”. Cuarteto Barcino (Patrícia de No, flauta/piccolo; Elena Rey, violín; Miquel Córdoba, viola; Peter Schmidt, violonchelo). 

Hubo un tiempo, incluso antes de que Juventudes Musicales llegara a Barcelona (lo hizo en 1952), que en el páramo cultural de la posguerra y el primer franquismo algunos proyectos musicales luchaban por surgir fuera de la vertebración institucional. En ese contexto Josep Bartomeu i Granell, un ingeniero imbuido de los ideales del noucentisme, compró una preciosa finca de Pedralbes en 1942 y encargó una reforma que la convertiría pocos años más tarde en un centro musical de relieve. En el “Jardí dels Tarongers” se asistió entre otros, al estreno nacional de la Polifonia X de Boulez, a la primera audición de la Música para cuerda, percusión y celesta de Bartók en Barcelona, o al debut de Montserrat Caballé invitada por una habitual, Conxita Badia. La casa llegó a cerrar en el 2000 y más de tres décadas más tarde de la muerte de Bartomeu –que la cedió a la Generalitat y en sus manos fue languideciendo– el Consell Català de la Música presidido por Josep Maria Busquets recogió el testigo de su voluntad. Se cumplen ya cuatro años de actividad musical en este espacio, que recientemente ha acordado un convenio de colaboración con el Conservatorio del Liceu consolidando su horizonte principal, que no es otro que el de ofrecer una experiencia profesional a jóvenes intérpretes. Figuras como las de Bartomeu ya no existen y las carencias actuales son otras, aunque la música y la cultura parezcan en este país condenadas a la limosna y la vida carencial pase lo que pase en la esfera mezquina y cínica de la Realpolitik

En el caso de este concierto, el último del ciclo de verano, no hablamos de jóvenes recién titulados pues los miembros del Cuarteto Barcino tienen ya pese a su juventud trayectorias individuales interesantes y el resultado de su trabajo conjunto es meritorio. La configuración de un breve y cuidado programa en un entorno de atmósfera intimista –en el jardín, pero con una acústica solvente– permitió calibrarlo. Para empezar, con el primero y más sustancioso de los cuartetos con flauta, escrito en Mannheim por el conocido encargo del aficionado Ferdinand de Jean, lo cual no quiere decir para nada que se trate de una partitura fácil. La brillante imbricación instrumental entre las cuerdas y el lirismo de la flauta requiere destreza de la solista y gran precisión en el diálogo sin dejar de perder el equilibrio. Con excesos de prudencia y sin ser un Mozart todo lo exultante y vivaz que quizás demanda, la versión destacó por una adecuación estilística magnífica y gran cuidado por los matices. Por su parte, el legato y la claridad cristalina de la flautista barcelonesa es sobresaliente, y se pone siempre al servicio de un lirismo delicado y seductor, que descolló sobre el refinado acompañamiento de pizzicati en el adagio y la prestancia y agilidad de las cuerdas en el rondó final.

Así como Patricia de No dedicó una palabras a Mozart y su obra para flauta, el violonchelista Peter Schmidt nos introdujo en un perfecto catalán y con una magnífica claridad divulgativa en el particular arreglo de la suite de “El Cascanueces”; una adaptación que  sin dejar de aprovechar, dentro de las posibilidades, la riqueza tímbrica de la partitura de Chaikovski, pone al descubierto la arquitectura sonora de la obra. Hemos escuchado muchas adaptaciones de una pieza tan popular pero este arreglo, sostenido por el luminoso timbre de la flauta y el incisivo sostén del violonchelo, es especialmente interesante y tuvo en ellos dos los grandes puntales de una lectura que fue de menos a más, compensando la ausencia del teclado (ya sea la celesta o el piano) con un notable trabajo de articulación y respiración que dio como resultado una impecable conjunción. El fraseo exquisito y la exuberancia virtuosística del piccolo en “El té”, la vitalidad y el vigor en “Trepak”, con un violonchelo incisivo y de sonido amplio, coronada por una afinación espléndida en el “Vals de las flores” terminaron por hacer disfrutar a los asistentes que llenamos el jardín de la finca.

En suma un trabajo serio el del cuarteto, en un pequeño pero esmerado recital que da brillo a un ciclo que en septiembre seguirá manteniendo con vida el pulso musical del Jardí dels Tarongers, un espacio algo recóndito y apartado de la ciudad pero alimentado por su historia dorada y una gestión dispuesta a seguir nutriéndola. 

 

 

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