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Renée Fleming 

Los límites y el crepúsculo

Barcelona. 05/2/2019, 20:00 horas. Palau de la Música Catalana, ciclo Palau 100: Grans Veus. Obras de Brahms, Puts, Villa-Lobos, Dvorák, Refice, Leoncavallo, Puccini, Tosti, Lehár, Kander/Ebb, y Yeston. Renée Fleming, soprano. Hartmut Höll, piano.

Se recuerdan con admiración las dos previas actuaciones de la diva estadounidense Renée Fleming en Barcelona, una de las grandes sopranos de su generación. Fue con un espléndido recital en 2004 en el Palau de la Música Catalana y en 2007 con la versión en concierto de la ópera Thaïs de Massenet en el rol titular y con un estado de forma vocal excepcional. Ahora, casi quince años desde su debut en la Ciudad Condal, Fleming vuelve ya con una carrera en despedida, anunciado su retiro de la ópera escenificada y haciendo incursiones en el teatro musical de Broadway. Renée solo ofrece actualmente recitales y puntuales actuaciones en concierto.

El programa presentado en el Palau pudo llevar a la confusión a más de uno. Comenzó con cinco lieder de Brahms, para pasar al siglo XX con música de Kevin Puts (1972), para luego continuar con la bachiana de Villa-Lobos y acabar con Rusalka. Lo cierto es que el batiburrillo era obvio, pero fue la propia soprano quien, micrófono en mano, quiso explicar el planteamiento de su recital antes de cada bloque. Fleming planteó parte del programa basado en piezas escritas para ella (canciones de Puts) y arias de películas a las que prestó su voz, como en Tres anuncios en las afueras (Martin McDonagh, 2017) con la canción Tis the last rose of Summer y del film, pendiente de estreno en España: Bel canto (Paul Weitz, 2018) de las que cantó la bachiana de Villa-Lobos, el aria de Rusalka y la canción "Ombra di nube" de Licinio Refice al inicio de la segunda parte. 

Tras una mini-liederabend brahmsiana, donde lo que más destacó fue su atención a la articulación del alemán y su uso, todavía admirable del fiato, con ese charme de elegancia de la que ha sido una de las voces más bellas llegadas de los EE.UU en el último cuarto de siglo, Fleming tampoco escondió sus cartas: piezas de escritura central sin alardes ni exigencias en el registro agudo, tanto en los Brahms como en von Flotow, que no deja de ser una canción popular irlandesa, o en la Bachiana número 5, la celebérrima cantinela para lucir control del aire y dosificación del sonido. 

Entre sus virtudes, Fleming mostró su timbre todavía esmaltado y con brillo con un centro nacarado pero que pierde cuerpo y proyección en los agudos. El control de la emisión todavía es notable y supo medir con guante de cirujana vocal, un instrumento que todavía mantiene a fogonazos los reflejos cremosos y lumínicos que la hicieron célebre. Puede que su eclecticismo en el repertorio, una constante en su carrera todo hay que decirlo, hiciera que perdiera protagonismo vocal en las demasiado narrativas canciones de Puts, en donde el protagonismo se lo llevó el inmenso pianista Harmut Höll, quien brilló en la escritura sinestésica de las canciones,Taos y Canyon.

Con todo, y no por casualidad puesta como cierre de la primera parte, su mejor interpretación fue el aria de Rusalka. Fleming, quien ha hecho de la ondina de Dvorak un caballo de batalla que ha grabado en cd y DVD, destapó el jarro de las esencias con una emisión pulida, un timbre de centro radiante y ese punto de amaneramiento, tan propio de su estilo, alargando quizás demasiado el tempo, pero siempre en el punto justo para no caer en una autocomplacencia vocal que ya no le resulta. La segunda parte tuvo un inicio dedicado al repertorio italiano, con la rareza del aria de Mimí de La Bohème de Leoncavallo, original pero bastante anecdótica a nivel expresivo. Fue con un aria de repertorio de la envergadura del "Signore ascolta!" de la Turandot de Puccini, donde Fleming resolvió todavía con estilo y hedónicos sonidos, piani y ajustadas frases de fino legato, aunque perdió fuerza en un final visiblemente cansada, sin aire y con una pérdida de esmalte evidente.

El último bloque lo quiso dedicar a la opereta de Léhar (con un aria de Friederike y otra de Schön int die Welt) y el musical de Broadway, con canciones de John Kander, el autor de Cabaret o Chicago y de Maury Yeston, el compositor del musical NineLástima del fallo técnico del micro, pues Renée, quiso cantar las canciones de musical micro en mano, como manda el estilo, pero los técnicos de sonido no lo encendieron hasta que Fleming llevaba ya la mitad de Love Alone/Winter de The visit de Kander y Ebbs, con la consecuente pérdida de intención y brillantez de la pieza. Tampoco se dio cuenta el personal técnico de que una vez finalizada la canción Unusual Way del musical Nine, Fleming dejó el micro dentro del piano, y comenzó a cantar la última pieza, el Lehár “Ich bin verliebt” con lo que el inicio del piano sonó con el micro activado desequilibrando el inicio del aria.

Fue un final accidentado para un recital donde se pudieron ver los destellos de una estrella ya con la estela más mate que brillante, con los límites visibles del paso del tiempo, pero con el carisma suficiente para saber mostrar ese crepúsculo vocal con estilo, elegancia y dignidad. Las ganas y la calidez del publico consiguieron arrancar a la diva un soberbio Summertime, quizás lo mejor de la velada y para cerrar el inefable “O mio babbino caro” de Puccini. 

 

 

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