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Leonard Bernstein: Compositor e intérprete a través de sus discos

Si hay una obra que puede hablarnos de Bernstein, esa es sin duda West Side Story, que lo ha traspasado todo para acabar siendo universal. Pero West Side Story es mucho más que Maria, que Tonight, que I like to be in America, que sus bailes en el gimnasio y que el cabreo del compositor con Carreras durante la grabación de la obra. Es la representación del Leonard más comprometido y el Bernstein más americano, al buscador de ritmos, colores y contrapuntos. Lo es todo. La vuelta de tuerca a Romeo y Julieta para poner en el punto de mira el drama racial de los Estados Unidos en los años cincuenta y que por cierto, llegará como musical al Teatro Calderón de Madrid este próximo octubre. Deutsche Grammophon acaba de reeditar su mítica grabación con él mismo al frente, con las voces del mencionado Josep Carreras, Kiri Te Kanawa, Tatiana Troyanos y Kurt Ollmann, a las que se suma la de su adorada Marilyn Horne (cuya Carmen llevó a los estudios) cantando Somewhere. La nueva edición, además de un cuidado libreto, contiene un DVD con el making of.

Otras de sus obras para los escenarios merecen comentarse aquí. Siguiendo en la estela del musical está On the Town. Un día en Nueva York para los que acudieran al cine en los años cuarenta, en aquella maravilla del musical llevado a la gran pantalla, con Frank Sinatra, Ann Miller, Jules Munshin, Betty Garrett y el inconmensurable Gene Kelly, también como director junto a Stanley Donen, culpable de otras inmortales como Charada o Cantando bajo la lluvia. La cinta, como no podía ser de otro modo, se llevó el Oscar a mejor banda sonora. Las aventuras de estos tres marineritos en su día de permiso, fue llevada a los estudios de grabación por Michael Tilson Thomas, que con su dirección de los Young People's Concerts al frente de la New York Philharmonic y su entrega a la composición estadounidense, fue considerado por muchos como el sucesor natural de Bernstein en el podio. En esta ocasión se pone al frente de la London Symphony en una lectura efervescente, con las voces de Thomas Hampson, Kurt Ollmann, Samuel Ramey y Frederica Von Stade. 
Y luego esta esa ópera maravillosa que es Candide y que, con la excusa de su centenario, se está representando por medio mundo durante esta temporada y la próxima, aunque casi siempre en versión concierto y aparentemente como mero trámite... Candide merece más, sin duda. Su Obertura, su Glitter and be Gay, su Auto de fé o su Cunegunda cantando aquello de "...In one half-hour I'm talking in spanish. Por favor! Toreador! I am easily assimilated...". En youtube muchos conocerán la función de la que salió el audio para la grabación para Universal, con Bernstein gozándolo como el que más, con June Anderson, Jerry Hadley y las estrellas invitadas: Nicolai Gedda y Christa Ludwig (inalcanzable en Easily assimilated). A Voltaire hay que leerle y este Candido debería ser lectura obligatoria para que todos aprendamos aquello de "cultivar nuestro jardín".

Si Tilson Thomas fue considerado en su momento como el sucesor, la alumna aventajada fue Marin Alsop, quien esta temporada 18/19 se pondrá al frente de la Orquesta y Coro Nacionales de España para interpretar sus Chichester Psalms, un canto a la vida que recogió de forma excelente en Naxos, junto a la Bournemouth Symphony Orchestra & Chorus. La visión esperanzadora de un Bernstein que venía de su Sinfonía Kaddish, de penetrante desazón, en un Leonard rebuscando entre sus raíces. Su anterior sinfonía, la segunda: The Age of Anxiety, del mismo modo que la primera, tampoco dejaban que, de algún modo, la luz ganase. Ayer mismo, Warner lanzaba al mercado la grabación de las tres con Antonio Pappano, junto a Beatrice Rana y la Orchestra dell'Accademia Nazionale di Santa Cecilia; al mismo tiempo que Universal hacía lo propio con la Filarmónica de Berlín, Simon Rattle y Krystian Zimerman (pianista fetiche para Bernstein) en la Segunda. A la espera de escucharlas, seguramente lo mejor sea quedarse con la visión propia del compositor y la Filarmónica de Israel.

Como director de orquesta, Bernstein lo pudo todo. Quiero decir, lo dirigió todo, prácticamente. No había partitura que se le resistiese mientras, como ya sabemos, se dedicaba a la difusión entre los jóvenes y la exposición de los compositores estadounidenses, llámense Barber, Schuman (con una sola "n") o Blitzstein, entre otros. De esta forma, encomiable fue su labor en la presentación de las obras de su queridísimo amigo  Aaron Copland, desde las más conocidas como pueden ser Appalachian Spring o El Salón Mexico, hasta sus más desconocidas, como pueden ser su Tercera sinfonía, que recoge todo el sabor americano de Copland y que bien merecería conocerse más por estos lares, junto a la New York Philharmonic. Y si Copland en manos de Bernstein es un producto sensacional, George Gershwin  es una locura. No escuchar su Rhapsody in Blue, con el propio Leonard al piano, es algo que ningún melómano podría perdonarse.

Los otros grandes caballos de batalla de Bernstein fueron el romanticismo alemán: ahí esta su ciclo sinfónico de Schumann, sus lecturas de Beethoven (con aquella Novena tras la caída del muro de Berlín incluida) o su Mahler, al que habría que dedicar un análisis pormenorizado y en el que podríamos destacar su Quinta sinfonía; así como el frente ruso. Como puente, un Sibelius que debería ser mejor atendido y cuyas sinfonías remasterizó Sony hace dos o tres años. Volviendo a los rusos, lo primero que habría que poner sobre la mesa es aquella Séptima sinfonía de Shostakovich con la Sinfónica de Chicago. Un hito sonoro irrenunciable. Después su Stravinsky, con especial mención, tal vez sea algo personal, a su Pájaro de fuego. Y también Mussorgsky o Prokofiev. Junto al repertorio francés, también muy del gusto de la batuta, se hizo un compendio a principios de los años noventa que incluía El aprendiz de brujo, Pedro y el lobo, El carnaval de los animales y la Noche en el monte pelado. Yo debía tener siete u ocho años y ese fue uno de mis primeros discos (tras Bom Bom Chip y Pavarotti). Por lo que se veía en la portada, pertenecía a una colección de 100 discos dedicados a Bernstein, todos ellos ilustrados con acuarelas del mismísimo Carlos de Inglaterra: "Painting by H·R·H The Prince of Wales". "Vaya, este tipo debe ser importante", me dije...

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