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 Joaquin Achucarro La Dolce Volta 600x600

Las cosas sublimes

Joaquín Achúcarro. Chopin: 24 preludios y otras obras. La dolce volta.

"...son preludios poéticos, análogos a los de un gran poeta contemporáneo, que arrullan el alma en sueños dorados y la elevan hasta las regiones ideales. Admirables por su diversidad, por el trabajo y la sabiduría que allí se despliegan, pueden ser apreciados sólo después de un examen escrupuloso. Todo parece espontáneo, inspirado, de logro inmediato. Tienen el porte libre y grandioso que caracteriza a las obras del genio". - Franz Liszt.

Estas 24 pequeñas piezas de Chopin representan 24 breves historias, 24 pequeños lienzos cargados de expresividad, narrativa y vida propia que forman un todo. Una obra colosal para cualquier amante del piano, que requieren de una profundización particular y una reflexión global que no están al alcance de cualquier intérprete. 24 Preludios que sí tienen algo de “confusiones salvajes” tal y como diría Schumann de ellos, aunque no precisamente elogiándolos. 24 “cosas sublimes” como escribiría su amada George Sand en Mallorca, aquellas que el compositor tocaba tras volver de sus paseos por la isla: “Cosas sublimes” donde el romanticismo y elegancia del piano parisino, de la estética chopiniana, se entrelaza en realidad con “las terribles ideas y las desgarradoras alucinaciones que le dominaban”. Aun despojando a Chopin de la idealización romántica y la literatura del romanticismo con el que muchas veces queremos emparejarle (¡Ay Baudelaire!) y que él en realidad no buscaba, no es menos cierto que, como decía Liszt (¡precisamente Liszt!), estas obras que forman un todo bien podrían haberse firmado por uno de sus poetas contemporáneos.

A sus 86 años, Joaquín Achúcarro presenta su primer disco dedicado a Chopin, uno de los compositores que mejor ha servido durante toda su excelsa carrera. Toda una vida, podría decirse, pero Joaquín tiene los años que le quedan por vivir, sin duda todos ellos dedicados al piano. A sentirlo y reflexionarlo. A servirlo como uno de sus grandes intérpretes. La visión de Joaquín apasiona. Cierto es en él aquello de que se toca con la biografía antes que con las manos. El arte de Achúcarro se despliega en cada rincón, en cada juego de pedal (¡y estamos hablando de Chopin!), en cada resolución, en cada tecla que se hunde. En esa manera de finiquitar, de desarrollar el final del oscuro segundo preludio; o en el largo del cuarto, con ese forma de sostenernos en su mano derecha y de angustiarnos en el interminable silencio que lo es todo, dejándonos solos en el aparente vacío, con el mundo de alrededor comenzando a difuminarse. Aquí no hay nada más que Chopin en uno de los mayores dramas que podemos escuchar en un piano. El andantino del séptimo, que se balancea con ese sabor parisino, sobrio y elegante, o el delicioso cantabile en el vivace que le sigue y que sólo las manos de Joaquín saben plasmar tan bien, sin remilgos, sin sensiblerías. Es la magia creada por tres ingredientes que le son propios y que se despliegan en cada pieza: honestidad, pedal y tiempo. El tiempo de cada nota y de todo lo que las rodea. El tiempo de cada porqué.

El presto del nº12 es justo eso, presto, no prestissimo ni una prueba circense como tantas veces escuchamos; diferenciándolo así del presto con fuoco del si bemol menor. Achúcarro, como hace con Schumann o Ravel también, nos devuelve al significado y al significante de lo escrito y de quien escribe. Y justo a continuación, despliega un lento que no es sino la más pura emoción, en una de las músicas más bellamente interpretadas que he escuchado en mucho tiempo. ¡Qué forma de narrar! ¡Qué forma de frasear! ¡Qué absoluta genialidad! Y cuando uno cree estar recuperado, le asalta la conocida “gota de agua” del re bemol mayor. Con el Chopin de Achúcarro uno cree estar aprendiendo a encajar los directos a la cabeza que envía el pianista con su izquierda cuando, de pronto, le asesta un gancho de derecha directo al corazón. El fulgurante 19... o las piezas con las que completa el disco. ¡Esa Barcarola! ¡Ese comienzo de la Barcarola! ¡Pero quién más hace o a hecho esa maravilla con el acorde inicial y ese pedal, extendiéndose durante toda la frase! Deberían ustedes estar oyéndome gritar, saltar, maravillarme mientras leen esto. El fraseo, el equilibrio y el balance del Chopin de Joaquín es para no dejar de sorprenderse, de emocionarse. ¡Esa forma de retenernos para a continuación dejarnos caer justo antes del poco più mosso!

El bilbaíno forma un todo interconectado, busca y toca desde la esencia de estas piezas que forman una sola obra en realidad, tal y como lo concibió el propio Chopin. Transmitir, llegar a emocionar con uno solo de los preludios puede resultar sencillo. Capturar la naturaleza de cada uno y darle un sentido único mientras se plasma cada realidad particular; emocionar con el todo, es extremadamente complejo. Chopin y Achúcarro trascienden y transforman. Hagan la prueba.

Por si fuera poco, la edición de La dolce volta es, simplemente, exquisita. Un trabajo detallado y cuidado, como el que realiza con cada uno de sus lanzamientos o reediciones. Un sello que dota de razones a cada producto editorial para seguir disfrutando de la música en formato físico.

Foto: La dolce volta.

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