© Gemma Escribano
Edgar Martín: "Camerata Musicalis persigue una pedagogía sin paternalismos"
Conversamos con el director de orquesta Edgar Martín, al frente de la orquesta Camerata Musicalis desde hace dos décadas. El próximo día 22 de febrero, en el Auditorio Nacional, presentan un concierto con la Primera sinfonía de Brahms como principal reclamo.
Desde el año 2004 usted ha estado al frente de la orquesta Camerata Musicalis. Me gustaría comenzar haciendo balance de la trayectoria de esta formación, tras estas dos décadas en activo. Creo que a día de hoy su ciclo en el Auditorio Nacional de Madrid está más que consolidado, con una gran acogida por parte del público. ¿Cuáles diría que son los rasgos definitorios de su propuesta, en una agenda tan cargada de citas musicales en la capital madrileña? ¿Qué es lo que singulariza la propuesta de Camerata Musicalis?
Después de más de veinte años, lo que siento es una enorme gratitud. Camerata Musicalis nació con el firme compromiso de acercar la música clásica a todo el mundo, y en este tiempo la orquesta ha vivido una evolución artística y profesional muy profunda, creciendo en calidad, ambición y proyección. Paralelamente, el desarrollo del formato Mucho Más Que Un Concierto nos ha permitido crear una manera propia de relacionarnos con el público, abriendo nuevas puertas a la escucha y generando una comunidad cada vez más amplia y fiel.
Si tuviera que definir nuestra propuesta, hablaría de tres pilares: excelencia artística, cercanía y pedagogía sin paternalismos. No simplificamos la música; la hacemos comprensible. El público entra en la obra con nosotros, entiende lo que va a escuchar y, a partir de ahí, la experiencia emocional se multiplica.
En una ciudad con una oferta cultural extraordinaria, creo que lo que nos singulariza es que convertimos el concierto en una experiencia compartida. El espectador no viene solo a escuchar: viene a descubrir, a entender y a sentirse parte de lo que ocurre en el escenario.
Este mes de febrero, el próximo día 22, ofrecerán un concierto volcado en la figura de Brahms, con su primera sinfonía. El programa se titula ‘La herencia de Beethoven’. ¿Cuál es exactamente el diálogo que se establece entre ambos autores y cómo persiguen subrayarlo en esta interpretación de la primera sinfonía de Brahms?
El peso de Ludwig van Beethoven sobre Johannes Brahms es casi psicológico. Brahms sabía que cada sinfonía que escribiera iba a ser comparada con un gigante que había redefinido el género.
En la Primera sinfonía de Brahms encontramos esa mezcla fascinante entre respeto a la tradición y necesidad de encontrar una voz propia. Nuestro trabajo consiste en hacer visible ese diálogo: mostrar cómo Brahms recoge la arquitectura beethoveniana, la tensión dramática, el impulso rítmico, pero al mismo tiempo introduce una densidad armónica y un lirismo absolutamente personales.
Desde el podio, mi responsabilidad es traducir esa herencia en sonido. Busco una lectura estructuralmente sólida, donde se entienda la gran forma y la arquitectura sea clara, pero sin renunciar al detalle, a la intensidad emocional, al fraseo y al aliento lírico que definen a Brahms. El equilibrio entre tensión, densidad y dirección del discurso es fundamental. Ahí es donde la orquesta y yo trabajamos juntos para que todo esté donde tiene que estar y la música con mayúsculas salga de forma orgánica.

Recientemente, también con Camerata Musicalis, estuvo al frente del estreno de Tres paisatges pictòrics de Albert Guinovart, uno de los autores más prolíficos del panorama sinfónico actual. ¿Qué nos puede contar sobre esta partitura, con Conrado Moya como solista de marimba?
Trabajar con Albert Guinovart es siempre un privilegio. Tres paisatges pictòrics es una partitura enormemente evocadora, rica en color, que establece un diálogo constante entre la orquesta y la marimba. Durante el proceso de estudio y ensayos, Albert se mostró siempre abierto, generoso y atento a cualquier sugerencia musical que pudiera enriquecer la obra. Afrontar un estreno en estas condiciones, con el compositor implicado y receptivo, es hoy en día un auténtico lujo.
La presencia de Conrado Moya elevó el proyecto a un nivel extraordinario. Es un intérprete de proyección internacional, reclamado por importantes orquestas, con una musicalidad inmensa y una capacidad poco común para transformar la marimba en un verdadero discurso melódico. Contar con él ha sido un privilegio.
Para Camerata Musicalis, además, este tipo de estrenos forman parte de nuestra responsabilidad: no solo interpretar el repertorio histórico, sino contribuir activamente a ampliar el patrimonio musical de nuestro tiempo.
¿Qué destacaría del resto de esta temporada con Camerata Musicalis? Creo que tienen citas consagradas a autores tan dispares como Copland, Mozart o Chaikovski, incluso también una cita con marcado acento operístico.
Es una temporada muy representativa de lo que somos. Pasamos de Aaron Copland a Wolfgang Amadeus Mozart o Piotr Ilich Chaikovski con total naturalidad, porque nuestro hilo conductor no es la época, sino la experiencia del público.
Dialogan la tradición y la modernidad, la gran sinfonía centroeuropea y el repertorio del siglo XX, el clasicismo, el romanticismo y la creación contemporánea. No se trata solo de sumar títulos, sino de proponer itinerarios de escucha que permitan comprender mejor la evolución del lenguaje orquestal y, al mismo tiempo, mantener viva la sorpresa. Cada programa ocupa un lugar dentro de un diseño global pensado para que el público crezca con nosotros concierto a concierto.
De los conciertos que restan, destacaría que son tres retos muy distintos para la orquesta. La claridad y el equilibrio sonoro de Aaron Copland, donde cada plano debe respirar con transparencia absoluta; el compromiso teatral del programa operístico junto a la soprano Marta Heras, que exige flexibilidad, escucha y una enorme capacidad de acompañamiento; y el lirismo apasionado de Piotr Ilich Chaikovski, que pone a prueba la densidad del sonido y la amplitud del fraseo.
Tres universos diferentes que obligan a la orquesta a cambiar de piel y que muestran su madurez artística.
Finalmente, de cara la próxima temporada 26/27, ¿qué nos puede adelantar de los planes de Camerata Musicalis? ¿Cuáles son las intenciones para el futuro de la formación?
Nuestro objetivo sigue siendo crecer sin perder identidad. Queremos seguir profundizando en repertorios menos transitados, ampliar el marco de colaboraciones y continuar desarrollándonos como orquesta, tanto en el plano técnico como en la madurez musical del sonido.
Habrá sinfónico de gran formato, por supuesto, y también la presencia de solistas de primer nivel. Pero al mismo tiempo mantendremos los programas más camerísticos en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música, un espacio que forma parte esencial de nuestra personalidad artística y donde el diálogo con el público adquiere una dimensión muy especial.
Si algo nos han enseñado estos veinte años es que el crecimiento verdadero necesita tiempo, coherencia y una dirección clara. Queremos avanzar, abrir nuevas puertas y asumir nuevos desafíos, pero siempre con los pies en el presente y con la mirada puesta en construir un proyecto duradero. Estamos convencidos de que la excelencia musical no está reñida con la divulgación; al contrario, cuando ambas caminan juntas, el impacto artístico y social es mucho mayor. Ese es el paso firme y consciente que queremos seguir dando: consolidarnos como una orquesta de referencia tanto en el plano musical como en el divulgativo, ámbito en el que hemos sido pioneros desde nuestros inicios.

Fotos: © Gemma Escribano