© Julia Sellmann
Andrés Orozco-Estrada: "A veces se nos olvida que los músicos no somos máquinas"
El maestro colombiano Andrés Orozco-Estrada (Medellín, 1977) nos atiende en la antesala de la gira por España que tiene previsto liderar al frente de la Orquesta Gürzenich de Colonia, formación que dirige desde el otoño de 2025.
Cuéntenos en primer lugar, ¿cómo es la Orquesta Gürzenich de Colonia? Creo que es un conjunto sinfónico quizá menos conocido en España y sería bueno trazar las claves de su personalidad y su historia. Y asimismo, ¿cuál es o cuál querría que fuera su proyecto con ellos, durante los próximos años?
Ciertamente, es una orquesta que requiere de cierto contexto. La Orquesta Gürzenich es una formación con actividad sinfónica pero ejerce también como orquetsa de la ópera de Colonia, al modo de las Staatskapelle de Berlín, Dresde o Leipzig.
Yo soy asimismo el Generalmusikdirektor de la Ópera de Colonia, no solo de la formación en términos sinfónicos. Esta orquesta está muy centrada en el gran repertorio sinfónico romántico pero históricamente ha estado también muy ligada a los estrenos, a la nueva creación.
Esta orquesta estrenó por ejemplo el Till Eulenspiegels de Strauss, El mandarín maravilloso de Bartók e incluso la Quinta sinfonía de Mahler, con el propio autor a la batuta. Es por tanto una orquesta muy ligada a las grandes figuras y esto se nota en sus venas, en su sonido: tiene la flexibilidad y el lirismo propio de una orquesta de foso junto al color e intensidad de una orquesta de tradición genuinamente alemana.
Es bueno desde luego subrayar esta doble faceta de la orquesta, desempeñándose también en el foso. Entiendo que igualmente para usted es muy importante, de cara a su agenda, tener ocasión de dirigir varios títulos de ópera cada año con ellos en Colonia.
Sin duda, ya esta temporada hice tres óperas: abrimos con Manon Lescaut, hicimos Le nozze di Figaro y también Hänsel und Grätel. Y la próxima temporada, por fin ya con el teatro de la ópera listo para reabrirse, haremos El caballero de la rosa, en septiembre. Yo he dirigido ópera en muchas ocasiones pero nunca hasta ahora ejerciendo de director titular del teatro, por así decirlo, y esta es sin duda una oportunidad fabulosa para crecer con la orquesta.
En los próximos días visitarán España, trayendo consigo un repertorio que precisamente entronca con esos grandes referetes que usted mismo mencionaba ahora, como Strauss o Mahler.
Sí, me da mucho gusto volver nuevamente a España donde ya he estado de gira en otras ocasiones, con otras orquestas como la de la RAI, con la orquesta de la radio de Colonia, con la orquesta de la radio de Frankfurt, con la orquesta de la radio de Stuttgart... Además en la Orquesta Gürzenich hay varios músicos españoles: dos o tres contrabajos, el primer flauta, uno de los violines segundos... Todo esto genera una energía muy bonita.
En esta ocasión abriremos el programa con la obertura de El holandés errante, que es una ópera que esta orquesta ha hecho en muchas ocasiones. Seguimos con la última escena de Capriccio, la ópera de Strauss; es una música bellísima, contaremos aquí con la soprano Christiane Karg. Y cerraremos con la primera sinfonía de Mahler, una obra que habla por sí sola.
Su agenda en este momento está en un momento de cambios, incorporándose ahora a su segunda temporada en Colonia, terminando su posición en Turín y asumiendo en breve un nuevo cargo al frente de la Orquesta de la Radio de Suecia. Un colombiano repartiendo su agenda entre Colonia y Estocolmo, menudo contraste...
Sí, desde luego (risas). Fíjese, ahora que lo menciona, después de mi paso por la orquesta de la radio en Franfkurt, parece que econtré un buen encaje con las orquestas de radio, como con la de la RAI en Turín y ahora con la de la Radio de Suecia. Para mí es una alegría, un gusto y un honor tener esta oportunidad de liderar dos proyectos tan distintos y tan complementarios. Es un sueño cumplido tener la posibilidad de hacer música a tan alto nivel. Colonia y Estocolmo son dos orquestas ciertamente muy distintas. En Colonia, que el caso que nos ocupa en ocasión de esta gira por España, hablamos de una orquesta más acostumbrada a ser flexible, precisamente por su labor en el foso, donde cada día puede haber cambios en función de muy diversos factores.
Me gustaría recapitular también su relación con España. En fechas más o menos recientes ha dirigido algunos conciertos al frente de la Orquesta Nacional de España y creo que estuvo incluso vinculado a la Sinfónica de Euskadi, tiempo atrás.
Exacto, muy al comienzo de mi carrera me dieron una oportunidad muy bonita en esa orquesta, tengo un muy grato recuerdo de mi tiempo trabajando con la Sinfónica de Euskadi. Estuve allí un par de años. Y ahora estoy vinculado con la Orquesta de la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid, ojalá tuviera tiempo para hacer más cosas con ellos. El año pasado de hecho estuvimos juntos en el Carnegie Hall, fue un proyecto importantísimo. España es un país al que siempre me gusta regresar, por razones obvias, de conexión personal y cultural, pero también porque la respuesta del público es siempre entusiasta y gratificante.
© Julia Sellmann
En la medida de lo posible le quería pedir una reflexión sobre un tema de gran actualidad en el mundo de la música clásica hoy en día. Sin necesidad de volver al caso concreto de su breve paso por la Sinfónica de Viena, estoy seguro de que usted tiene una experienca muy notable, de primera mano, a la hora de valorar lo importante que es la química entre las personas a la hora de cuajar un proyecto sinfónico con viabilidad a medio y largo plazo. Le planteo esta cuestión pensando en lo acaecido recientemente con Andris Nelsons y la Sinfonica de Boston. En su experiencia, ¿hasta qué punto es determinante este componente de química personal entre directores, músicos y gerentes, más allá de otros factores?
Bueno, este es un tema muy importante, desde luego que sí. Hay que tener en cuenta que hablamos siempre de personas y en el caso ideal todo debería fundamentarse en la relación entre ellos, en un plano profesional, obviamente, pero también en un plano personal. Somos artistas, a veces se nos olvida que los músicos no somos máquinas. Es fundamental que haya un entendimiento profundo, una coincidencia en las intenciones a la hora de hacer música, como nos sucede ahora con la orquesta en Colonia.
El transcurso del tiempo siempre trae sus consecuencias y por eso hay que cuidar mucho las relaciones par que no se desgasten o deterioren. El entendimiento y la colaboración se basan en una conversación constante, abierta; las orquestas tienen que cumplir unos objetivos -una serie de programas, unos datos de audiencia, un trabajo con los patrocinadores...- y todo eso solo funciona si hay un diálogo claro y continuado. La música puede funcionar sin que todo esto esté alineado, pero tarde o temprano si ese ecosistema de confianza se deteriora, pasa factura.
Por último le quería preguntar por Colombia. Creo que desde España deberíamos hacer autocrítica ya que desconocemos muchas de las cosas que están pasando en Latinoamérica con respecto a la música clásica. En el caso concreto de su país natal, ¿cuál es la realidad sinfónica y lírica del país a día de hoy? Creo que usted está de hecho vinculado a varios proyectos allí, en la medida en que su agenda se lo permite.
Sí, el próximo mes de julio digiré allí La bohème, con la Orquesta Nacional de Colombia. Están pasando muchas cosas en Latinoamérica. Lo que El Sistema inspiró en Venezuela ha tenido un gran impacto en toda la región y de un modo u otro todos los países del entorno han desarrollado proyectos semejantes. A lo largo de los años la formación ha mejorado en Colombia y el hecho de vivir en un mundo tan globalizado como el de hoy en día ha posibilitado que haya más intercambios. Yo recuerdo, cuando todavía vivía allí, y el mapa de conservatorios era muy pequeño; eso ha cambiado enormemente hoy en día y eso habla de las ganas e interés por hacer música en el país.
Yo no vivo allí actualmente y no conozco todos los detalles pero sí tengo la fortuna de ir a trabajar de tanto en tanto. Trabajo precisamente con la Orquesta Filarmónica Joven de Colombia, con quienes haremos una gira el año entrante, en 2027, con conciertos en Madrid y en Barcelona. También es muy reseñable lo que están haciendo desde Iberacademy, con el maestro Alejandro Posada, desde Medellín. Me alegra y me enorgullece mucho que la música clásica siga creciendo en Colombia.