Rafael Sánchez-Araña: "Un director de orquesta es un coach en tiempo real"

El director de orquesta canario Rafael Sánchez-Araña debuta este mes de junio en el foso del Teatro de la Zarzuela, con tres representaciones de El gato montés de Penella, los días 26, 27 y 28 de junio, en la nueva producción firmada por Christof Loy. 

En la actualidad Sánchez-Araña es el director titular de la Orquesta Sinfónica de Las Palmas y está asimismo al frente de la Temporada de Zarzuela de Canarias. Entre 2017 y 2023 fue director asistente del director titular de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria y director de la Joven Orquesta de Gran Canaria, asumiendo también la labor del director artístico de la Temporada de Conciertos Escolares de la formación isleña.

Conversamos con el maestro grancanario para conocer más de cerca su relación con la zarzuela, su experiencia con El gato montés y sus próximos proyectos.

¿Cuándo y cómo surgió la oportunidad de debutar en el Teatro de la Zarzuela, con tres funciones de El gato montés de Penella, en esta nueva producción con la firma escénica de Christof Loy?

Todo surge a raíz de mi contacto con José Miguel Pérez-Sierra. Tuve ocasión de trabajar con él en la temporada de ópera de Las Palmas. Ya nos conocíamos con anterioridad, pero ahí estrechamos nuestra colaboración y poco después me propuso incorporarme al proyecto de esta nueva producción de El gato montés, que se estrena este mes de junio en el Teatro de la Zarzuela. Estoy por tanto muy agradecido con el teatro y con José Miguel Pérez Sierra en particular por esta invitación. Me hace muy feliz de estar aquí y lo cierto es que ya tengo una invitación para volver en la temporada 27/28, con un proyecto que está aún por concretar. 

'La zarzuela siempre ha sido un género muy cercano para mí'

La zarzuela es un género que ha estado muy presente en su trayectoria. No en vano es el director musical de la temporada de zarzuela de Las Palmas. 

Así es, desde que la actividad se trasladó del Teatro Cuyás al Pérez Galdós estamos haciendo un esfuerzo importante por elevar el listón de nuestra temporada de zarzuela en Las Palmas. Y es un esfuerzo que se está viendo recompensado. Nuestra producción de El dúo de ‘La Africana’ fue recientemente nominada en los Premios Talía. Yo siempre he estado muy ligado a la zarzuela, siempre ha sido un género muy cercano para mí y lo cierto es que, en Las Palmas, haciendo dos títulos cada año, he podido labrarme un repertorio ya bastante amplio en este sentido.

Tengo la impresión de que su carrera está en un momento de inflexión, no sé si usted lo percibe también así; como si este debut en el Teatro de la Zarzuela pudiera suponer un antes y un después. 

Sí, no me quiero ilusionar porque esta profesión es una carrera de fondo, pero lo cierto es que la agenda va cogiendo forma cada vez más con más intensidad y a más largo plazo. Es bonito que esto suceda precisamente cuando llega mi debut en el Teatro de la Zarzuela y con un proyecto tan intenso como esta producción de El gato montés. La profesión de director de orquesta es dura, es exigente y requiere paciencia y constancia; pero al final todo llega cuando tiene que llegar.

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Aunque suene a tópico, en su caso en particular, ¿hasta qué punto le ha sido complicado ser profeta en su tierra, ya sea en Canarias o en España? Lo cierto es que no ha habido nunca una gran tradición de directores de orquesta canarios, seguramente usted sea el primero que hace una trayectoria importante.

Precisamente por esa ausencia de una tradición de directores de orquesta en Canarias, mi trayectoria siempre ha tenido algo de pionero, ya sea con nuestra temporada de zarzuela en Las Palmas o con los títulos que he podido dirigir en la temporada lírica de ACO. La Ópera de Las Palmas y su director artístico Ulises Jaén, fueron los primeros en darme la oportunidad de dirigir La traviata en el 2020, en plena pandemia. Aquel fue mi primer título de ópera en la Ópera de Las Palmas, nada menos que con Jessica Pratt, Ludovic Tézier y Celso Albelo.
Imagínese… 

Yo no me puedo quejar, he tenido oportunidades en mi propia tierra. También valoro mucho la oportunidad de ser director artístico de la temporada de zarzuela en Las Palmas, más allá de mi rol allí como director musical. Eso me ha permitido tomar conciencia de todo lo que implica programar, coordinar elencos y organizar producciones líricas.

Dicho esto, quizá haya tenido menos ocasiones de mostrar mi trabajo en el resto España, a diferencia de lo que comento respecto a Canarias. Pero no creo que mi caso sea una excepción y confío en que estas funciones de El gato montés en el Teatro de la Zarzuela sean un punto de inflexión para que esto empiece a cambiar progresivamente. También tengo por delante varios compromisos internacionales que sin duda ayudarán también a impulsar mi agenda en España.

De esos proyectos que cita, ¿cuáles nos puede contar?

Lo cierto es que seguiré con más zarzuela, aunque esta vez en Palermo, al frente de la Orquesta Sinfónica Siciliana. Dirigiré con ellos una gala de zarzuela en la que contaremos también con las voces de Alejandro Roy, Sabina Puértolas y Manel Esteve. Siempre es un motivo de orgullo poder llevar nuestra zarzuela fuera de España. 

Después del verano, ya en septiembre, seguiré con más zarzuela, esta vez con La tabernera del puerto que hacemos en Las Palmas; más adelante, completando la temporada, haremos Los gavilanes. De cara a la próxima temporada tengo también un par de galas líricas de ópera con la Orquesta Filarmónica de Málaga y varias producciones más que se harán públicas en breve.

'Si hay una música que debiéramos estudiar a fondo es la música popular'

Tengo curiosidad, en su caso, ¿citaría a algún maestro como referente o mentor, alguien con quien haya tenido una conexión particular?

Daniel Oren ha sido un maestro importantísimo para mí. Pude trabajar con él en un par de producciones en Las Palmas y le considero uno de los últimos maestros de la gran tradición. Es una auténtica enciclopedia y alguien con una energía muy especial en el foso. Y esto es algo que creo que me ha contagiado, trabajando con él. De alguna manera un director de ópera no es otra cosa que un coach en tiempo real. Obviamente nuestra tarea es la de concertar y coordinar todo a nivel musical, pero también estamos ahí para transmitir una energía, un aliento, esto es también importantísimo.

En el caso concreto de la ópera, hay algo muy específico en la tarea de concertar que le decía y que es algo bastante distinto del trabajo que hacemos con el repertorio sinfónico. Cuando hablamos de concertar nos referimos a un tipo de dirección más abierta, más flexible y acorde a lo que sucede en cada momento; la cantidad de imprevistos que pueden suceder en una representación de ópera son mayores que los que pueden acaecer en un concierto sinfónico al uso. La ópera es el espectáculo más difícil que existe y requiere una gran sensibilidad; en el foso de un teatro hay que tener mucha sangre fría y también mucha sangre caliente cuando hace falta.

Su repertorio actual oscila, creo, con bastante naturalidad entre la ópera y la zarzuela, a tenor de los títulos que ha dirigido recientemente en Las Palmas.

Sí, en los últimos años he tendido a dirigir bastante zarzuela y ópera, y en el caso de la ópera sobre todo el repertorio italiano, muy especialmente Verdi (La traviata, Aida, Rigoletto, Nabucco, Cavalleria,…) y Puccini, sin olvidar el bel canto por supuesto. Rossini es un autor que todavía no he tenido ocasión de dirigir en teatro, me encantaría hacerlo. Y como ya hemos dicho, la zarzuela es muy importante en mi trayectoria; creo firmemente en la necesidad de apostar por hacer nuestro género lírico al máximo nivel.

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En línea con esto que menciona, ¿hasta qué punto tenemos un reto con la zarzuela, como país? Para el gran público a veces tengo la impresión de que sigue siendo un género marcado por un cierto aire de amateurismo y ligado en demasía al componente folclórico, que es importantísimo para el género, pero a veces parece eclipsar todo lo demás.

Hemos maltratado mucho la zarzuela a lo largo del tiempo; las cosas han cambiado mucho en los últimos años, afortunadamente, pero esos clichés siguen pesando de manera notable. La zarzuela, no hay que olvidarlo, empezó como un movimiento privado, de compañías que recorrían España haciendo títulos diversos con unos medios a veces mínimos. La popularización del género a veces llevo consigo su empobrecimiento. 

Como digo, en los últimos años hemos retomado un respeto grande por el género, siendo cada vez más escrupulosos con su música y contando cada vez más con el compromiso de grandes artistas para difundir nuestra música, incluso a nivel internacional. En este sentido el Teatro de la Zarzuela representa algo importantísimo, de alguna manera se personifica allí la apuesta por hacer zarzuela al máximo nivel. Y luego tenemos una temporada como la nuestra en Las Palmas donde, desde hace ya seis años, intentamos subir siempre el nivel un poco más, buscando cada vez más compromiso de las instituciones.

La cuestión de la relación de la zarzuela con la música popular dice mucho del cliché que sigue pesando, precisamente, sobre la música popular que es, a buen seguro, el origen de todo lo demás. Si hay una música que debiéramos estudiar a fondo es la música popular. Verdi se basó en la música popular. Mahler se basó en la música popular. Stravinski se basó en la música popular. Y qué decir de Bartók… 

Toda la llamada música culta está de un modo u otro, basada en la música popular. El problema es que la cercanía que tenemos, como país, con la música popular nos hace creer a menudo que es música inferior. Hacer un pasodoble con una orquesta profesional no es tan distinto de hacer un vals con una orquesta profesional. Y nadie parece mirar por encima del hombro a los valses y polkas que suenan cada 1 de enero en Viena. Si hiciéramos nuestra música popular con esa pulcritud las cosas cambiarían.

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Hablemos un poco más en profundidad de El gato montés de Penella, una obra relativamente poco conocida por el gran público más allá del célebre dúo, que en realidad no es apenas representativo del resto de la partitura.

Exacto, esa es también mi impresión una vez que he podido trabajar a fondo la partitura. El dúo es lo más sencillo y ligero de una ópera que es de una densidad e intensidad tremendas. Para mí ha sido todo un descubrimiento, con una influencia muy poderosa de Puccini y del verismo. Y al mismo tiempo lo fascinante es que es una música genuina y original, nunca da la impresión de querer imitar esos referentes. Es una obra de una madurez compositiva increíble, sobre todo a nivel de la orquestación. 

La obra es potente también a nivel dramático; el argumento es muy intenso. La romanza de Soleá es de esas páginas que ponen los pelos de punta. El texto mismo es también de Penella y hay una ligazón total entre el libreto y la música. Confío en que estas funciones en el Teatro de la Zarzuela sirvan para posicionar la obra donde merece, es una partitura que sin duda debería hacerse más a menudo. En mi caso estoy muy contento de debutar en el Teatro de la Zarzuela precisamente con esta obra, con una partitura de tanta complejidad y exigencia desde el punto de vista musical.

'Me hace especialmente feliz debutar en el Teatro de la Zarzuela con una partitura como El gato montés' 

Por último, quería preguntarle por su actividad como compositor. Creo que está ultimando el estreno de una nueva ópera.

Sí, estoy componiendo una ópera titulada Atis Tirma. En el idioma aborigen significa ‘Por ti, tierra’. Es una obra inspirada en los cinco últimos años de la conquista de Gran Canaria, aproximadamente entre 1483 y 1489. En la obra hay números musicales y textos hablados, digamos que es como un Singspiel. La idea es que se estrene en 2027 en Gran Canaria. El origen de la obra está en otro proyecto que se quedó paralizado y yo decidí seguir componiendo por mi cuenta, dando forma a lo que finalmente será una ópera de nueva creación. 

Yo siempre he compuesto, desde muy joven, haciendo también muchos arreglos, orquestaciones, etc. Creo además que hay una relación muy estrecha entre la labor de un director de orquesta y el trabajo de un compositor. Digamos que recorren el mismo camino pero en direcciones opuestas: el director tiene que ir del todo a la nada y el compositor tiene que ir de la nada al todo. 

El libreto es de Victoriano Quintana Sanjurjo y la dirección de escena será de Nacho Cabrera, con la Sinfónica de Las Palmas. En el elenco hay una mezzo, un tenor y un barítono como personajes principales.