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Alondra de la Parra: "No existe un buen director con una mala orquesta"
La directora mexicana Alondra de la Parra (Nueva York, 1980) lidera el renovado festival Escena Escorial, que aspira a convertirse en una cita de referencia entre finales de agosto e inicios de septiembre. En ocasión de esta nueva aventura, conversamos con ella para conocer más a fondo su reciente experiencia con la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid, formación que lidera desde hace apenas dos años y con la que este verano tiene previsto actuar en el Festival PAAX GNP, en la Riviera Maya.
Este verano se pone en marcha la primera edición del festival Escena Escorial. De alguna manera se trata de una nueva vida para un viejo festival. Tiempo atrás, quizá con un exceso de ambición, se habló incluso del festival de verano de El Escorial como el Salzburgo español. Salvando las distancias, ¿con qué ambición y con qué objetivos se plantea ahora esta nueva etapa, con usted como responsable artística y con la ORCAM implicada en el proyecto?
Efectivamente, se trata de construir algo nuevo sobre un sueño viejo. Un sueño de muchos que hace veinte años construyeron el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial, con esa visión que menciona de intentar generar un Salzburgo español. Mencionaba usted que quizá hubo entonces un exceso de ambición; yo siempre digo que no hay sueño imposible y eso es lo que hemos querido mostrar con esta primera edición, teniendo a figuras como Daniel Barenboim haciendo parte de nuestra programación.
El Escorial es un lugar increíble para desarrollar un proyecto así, no solo por las espléndidas instalaciones del Teatro Auditorio sino también por el propio enclave, en un lugar de enorme valor patrimonial. El Escorial es un lugar de referencia por su historia, por su entorno, por su arquitectura… ¿Cómo no hacer allí un festival de verano? Es un contexto idóneo para desarrollar las artes escénicas en un ambiente de calma que propicia cambiar de ritmo, a unos pasos de Madrid.
¿Cómo se produce su incorporación a la renovación de este festival? Imagino que es algo indisoluble de su labor en la ORCAM como directora titular y artística del proyecto.
Así es. Llevo algo menos de tres años trabajando con la ORCAM, dos de ellos ya en condición de directora titular y artística. Para mí esta ha sido una oportunidad muy hermosa, estoy feliz de haberme mudado a la capital española y crear aquí una vida personal y artística. La ORCAM ha sido para mí un descubrimiento muy hermoso; son un grupo de músicos increíbles, la orquesta y el coro por supuesto, pero también los Pequeños Cantores, la JORCAM y todos los ensembles que tenemos, así como nuestros proyecto sociales y educativos.
La ORCAM es una familia hermosa y siempre he dicho que es como una flor con muchos pétalos. El crecimiento que hemos logrado tener en tan poco tiempo ha sido muy emocionante y eso no se daría de no ser por la calidad humana de cada uno de los integrantes y gracias por supuesto al maravilloso equipo técnico que tenemos, liderado por Maria Antonia Rodríguez, con quien creo que hacemos un tándem muy operativo.
En este ecosistema sumamente fértil una de las primeras cosas que pensamos es que la ORCAM debía tener la capacidad de llegar a más gente en la Comunidad de Madrid. Evidentemente nuestro ciclo de conciertos fundamentales es el que se desarrolla en el Auditorio Nacional y estamos trabajando para que crezca en calidad y en cantidad, pero al margen de esto lo ideal es que una orquesta pueda repetir sus conciertos y llegar a otros sitios con su actividad. Eso no solo nos permite llegar a más gente sino que es fundamental también para que la orquesta pueda rodar y mostrar su trabajo más allá de una única noche.
En este contexto, hace aproximadamente dos años, tuve la posibilidad de ir al complejo del Teatro Auditorio de El Escorial y me di cuenta de que la actividad allí era relativamente escasa. Hablando con Mariano de Paco, el Consejero de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid, le propuse colaborar a impulsar San Lorenzo de El Escorial como un lugar lleno de actividad cultural, por supuesto en verano pero incluso también durante la temporada de conciertos. Y fue algo que surgió como anillo al dedo porque la ORCAM tiene una sede muy hermosa, donde hacemos los ensayos y otras actividades, pero no una sede con un escenario donde podamos crear y presentarnos. Y ahí surge la posibilidad de que la ORCAM tenga su sede en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial.
Es ahí, entiendo, donde encaja la idea de repetir en El Escorial algunos de los conciertos que la ORCAM ofrece en el Auditorio Nacional.
Exacto. Esto es algo que ya hemos empezado a hacer esta temporada que ahora termina y es una línea de trabajo que se va a intensificar con el tiempo. También estamos creando nuevas propuestas de manera específica para El Escorial, durante todo el año, también con orquestas y formaciones invitadas.
Y por supuesto mi tarea medular como responsable artística del festival Escena Escorial es la planificación de la programación en verano. Hemos escogido este nombre para la propuesta porque resume muy bien el espíritu con el que planteamos la propuesta; realmente queremos que El Escorial sea un escenario donde pasen cosas, donde haya creatividad, donde haya un encuentro entre el público y los artistas. No se trata simplemente de programar una serie de conciertos, es algo que va más allá y que pretende también poner en valor El Escorial como un escenario per se.
Esta primera edición se llevará a cabo del 28 de agosto al 20 de septiembre, casi un mes de festival, siguiendo de algún modo el modelo preexistente pero traslado las fechas un poco más hacia septiembre, pensando también en que el clima allí es mucho más agradable en esas semanas.
Si me permite decirlo, creo estas fechas son un acierto para acomodar el festival a un hueco en el que los festivales de verano al uso ya han terminado, al tiempo que todavía no han comenzado las temporadas regulares de las orquestas y teatros. Y son fechas además en las que la actividad en Madrid se va acrecentando, sin que haya apenas oferta cultural en la capital y su entorno.
Esta ha sido la idea, efectivamente. En agosto tiende a hacer mucho calor y en septiembre ya no hay tanta gente dispersa de Madrid por las vacaciones. Son unas fechas, además, que nos permiten aprovechar el flujo de ensambles y artistas que tienen giras por los festivales de verano y por algunos festivales que se desarrollan a inicios de septiembre.
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¿Qué nos puede contar sobre la programación de esta primera edición de Escena Escorial? Evidentemente los nombres de Sokolov y Barenboim encabezan una agenda en la que, no obstante, hay muchas más propuestas, muy diversas por su contenido, su formato e incluso su escenario, aprovechando distintos lugares en El Escorial, más allá del Teatro Auditorio propiamente dicho.
En esta primera edición tenemos más de 250 artistas procedentes de 11 países distintos. Estos números ya dicen mucho sobre el carácter internacional de la propuesta, desde un primer momento. Tenemos un buen equilibro, creo, entre propuestas sinfónicas de gran formato y conjuntos de cámara, alternando también solistas internacionales y música popular. Seguimos afianzando algunos ejes importantes en la programación de la ORCAM, como es el caso de Mahler y sus sinfonías; haremos la Segunda con la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid.
Y efectivamente abrimos la programación el 15 de agosto, algunos días antes de que arranque el festival propiamente dicho, con un recital de Grigory Sokolov, a modo de preview, para calentar motores. El concierto inaugural como tal es con la JORCAM, justamente con el proyecto que le dio nacimiento a esta idea, el programa ‘Colores de América’ que hicimos hace año y medio. Fue entonces cuando estuvimos en residencia con la JORCAM en El Escorial y me quedé fascinada con las posibilidades del lugar. El concierto será una explosión de energía, color y mestizaje cultural, con obras de Gershwin, Camargo Guarnieri, Piazzolla, Márquez, Adams… con Thomas Enhco al piano.
Después el 29 de agosto viene Yamandu Costa, que para mí es un artista incomparable e irrepetible, realmente único. Nos traerá un programa de choros y milongas del sur de Brasil, también con una agrupación de cámara de la JORCAM. Y el 30 de agosto viene el violinista Nemanja Radulović, a quien tuvimos ya en enero en la la temporada de la ORCAM. En esta ocasión viene con su grupo Double Sens Ensemble, con obras de Vivaldi y Bach.
Nuestra compañía hermana, que es el Ballet Español de la Comunidad de Madrid, nos ofrece un espectáculo en estreno absoluto y que se llamará Nascencia. Es fantástico que nazca algo nuevo en el festival; queremos que haya siempre estrenos en Escena Escorial. Y ya mencioné antes la Segunda sinfonía de Mahler que haremos con las voces de Serena Sáenz y Gaëlle Arquez, el 4 de septiembre.
Este año, por cierto, creo que es destacable el encaje virtuoso ha sido posible entre el Festival PAAX en México, del que usted es también directora, y esta primera edición de Escena Escorial, en ambos casos con la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. De hecho hay varios espectáculos, como esta Segunda de Mahler que se verán en ambos lugares.
Sin duda. Siempre estamos buscando maneras de que el esfuerzo saque más fruto. Y justamente este año mucho del repertorio que haremos en Escena Escorial son obras que ya habremos tocado antes en el Festival PAAX GNP. En El Escorial, no obstante, son cuatro semanas de programación, lo que nos obliga y nos permite traer muchas más propuestas.
Tenemos también por ejemplo a Gabriela Muñoz, ‘Chula The Clown’, haciendo su espectáculo ‘Perhaps, perhaps… Quizás’, en el Real Coliseo Carlos III de El Escorial. Es importante destacar este recinto, que es bellísimo y donde tienen encaje proyectos muy especiales como este. Siguiendo con la programación, asimismo tendremos al Quatuor Arod y también un concierto con nuestro Coro de la Comunidad de Madrid, con obras de Lecuona, Elgar, Guastavino…
"Queremos que El Escorial sea un escenario donde pasen cosas, donde haya creatividad, donde haya un encuentro entre el público y los artistas"
Creo que también van a presentar una Carmen muy especial, con un proyecto liderado por Bárbara Lluch y que se podrá ver primero en México y después en El Escorial.
Sí, es un proyecto muy especial, con mi querida Bárbara Lluch y que es una comisión conjunta entre el Festival PAAX GNP y Escena Escorial. Haremos una nueva propuesta en torno a Carmen de Bizet, a la que llamamos @Carmen, the reel story. La idea es hacer una versión algo más corta que la obra completa, rondando la hora y media de música sin pausas, en la que se plantea una reflexión sobre el impacto de las redes sociales en nuestra percepción actual de las relaciones personales, la violencia, la realidad virtual, la desinformación, etc. Bárbara es la persona ideal para llevar esto a cabo junto con mis colegas Nacha Delpiano y Jaume Grau. Es una propuesta muy especial y es de hecho la primera producción propia que sale de Escena Escorial, con Gaëlle Arquez como Carmen y con Arturo Chacón-Cruz como Don José.
Y finalmente, para el cierre del festival, está prevista la presencia de Daniel Barenboim, nada más y nada menos.
Sí, después de esta Carmen tendremos al Trío Zénon, con obras de Mendelssohn y Ravel, y finalmente, el 19 de septiembre, estamos deseos de recibir al maestro Daniel Barenboim con su West-Eastern Divan Orchestra, con obras de Wagner, Schubert y Beethoven. Para mí que el maestro Barenboim haya aceptado la invitación a la primera edición de nuestro festival es algo muy especial. Barenboim es alguien de quien yo aprendí mucho cuando estuve en Berlín con la Staatsoper. Y nos quedará después, el día 20 de septiembre, el concierto de clausura del festival propiamente dicho que de momento es un enigma que nos reservamos anunciar más adelante. Va a ser algo muy especial.
Al margen de esta programación que ha detallado creo que, como novedad, se han incluido también algunos conciertos nocturnos.
Sí, más allá de la programación al uso que hemos comentado me parecía importante que hubiera otros momentos para disfrutar de El Escorial durante toda la jornada. La idea es que alguien pueda venir a un concierto, irse después a cenar algo y terminar la noche con un concierto más desenfadado. Estos conciertos tendrán lugar por un lado en la terraza del Teatro Auditorio y por otro lado en el Teatro La Antigua Mina.
La idea es que haya espacios abiertos para convivir en torno a la música, más allá de los conciertos convencionales. Y queremos también diversificar la actividad en El Escorial, realmente buscamos que se encienda un ambiente festivo y de celebración en torno a la música.
Estamos muy contentos porque tan pronto como las entradas para el festival salieron a la venta, ha habido ya interés y respuesta. Hay un público sediento de cultura en la región que aprecia lo que estamos ofreciendo.
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Este festival, Escena Escorial, llega cuando el trabajo con la ORCAM empieza a dar sus frutos de una manera bastante visible. No en vano lleva ya apenas dos años vinculada a la formación y desde entonces la visibilidad de la ORCAM ha dado un salto exponencial.
Sí, ha sido increíble todo este proceso. Ha sido un proceso colectivo y todo lo logrado es fruto del esfuerzo de muchos. Para mí ha sido muy emotivo contar con la entrega, compromiso y disciplina de los músicos. Todos han reaccionado muy rápido y con entusiasmo. Siempre digo que no existe un buen directo con una mala orquesta. Tu valía en el podio se mide por cómo logres que sea la reacción de la orquesta. Y con una orquesta como esta realmente el trabajo es fantástico. Hay emoción, hay energía, hay verdaderamente ganas de hacer cosas y eso no pasa siempre ni en todas partes.
Déjeme compartirle algunos datos sobre la ORCAM. A veces en cifras se valora más el impacto real de los proyectos que están en marcha. En apenas dos temporadas hemos pasado de 900 a 1400 abonados. Hemos tenido un incremento del 56% de abonados en 18 meses. Son datos increíbles porque no se trata tan solo de gente que se compra una entrada sino de espectadores que se comprometen a seguirnos y a estar con nosotros durante toda la temporada. Por otro lado la venta de entradas sueltas ha subido un 251%. Es un dato impresionante. Evidentemente aquí el equipo técnico y comunicativo de la ORCAM ha hecho un gran trabajo para lograr llegar a cada vez más gente y comunicar mejor nuestro proyecto.
Con la ORCAM se han trazado algunos hilos programáticos que van elevando el listón de exigencia. Es el caso de las sinfonías de Mahler, cuya integral van abordando progresivamente. Pero al mismo tiempo la ORCAM es la orquesta titular en el foso del Teatro de la Zarzuela, con el compromiso que eso supone en términos de calendario y de repertorio. ¿De qué manera están abordando todo ello? Y en línea con esto, ¿hay planes para que usted vuelva al foso del Teatro de la Zarzuela?
La verdad es que me encantaría volver, cuando haya una invitación sin duda haré lo posible por estar disponible. Mi primera experiencia allí con La del manojo de rosas fue fantástica. El año pasado con la ORCAM hicimos también nuestra propia zarzuela, con El orgullo de quererte de Javier Carmena en los Teatros del Canal. Que la ORCAM sea la orquesta titular en el foso del Teatro de la Zarzuela es algo muy importante para nosotros, es algo que marca una identidad y una fuerza muy importantes a la orquesta.
En el caso de los hilos programáticos, la cuestión de Mahler se planteó también porque somos una gran orquesta, con un gran coro pero también con un espléndido coro de niños. Es decir, lo tenemos todo para hacer este repertorio y por eso hemos emprendido el viaje hacia interpretar el ciclo completo de la sinfonías de Mahler. Incluso me atrevo a compartir aquí con usted que las queremos grabar, junto con los ciclos vocales. En la primera temporada hicimos la segunda, este año hemos abordado la primera y la cuarta y la próxima temporada haremos la tercera. Y van a ir viniendo las siguientes, temporada tras temporada. Este es un ciclo central en nuestra programación, desde que me incorporé a la ORCAM.
Por otro lado para nosotros es también muy importante estrenar obras y mantener un compromiso real con la nueva creación. Por delante tenemos un proyecto enorme, con la comisión a la compositora mexicana Gabriela Ortiz para su primera sinfonía, La reina roja, que se estrena en el Festival PAAX y que tocaremos después en la temporada de la ORCAM. Es un encargo junto a instituciones tan importantes como el Concertgebouw de Ámsterdam, la Orquesta Bruckner de Linz, la Orquesta Filarmónica de la Radio de los Países Bajos y la Philharmonie de París.
Para mí es importante que haya una diversidad amplia en el repertorio y la próxima temporada no es una excepción en este sentido. Brahms es otro hilo conductor importante en nuestra actividad. Y en general estamos encaminados a hacer que la ORCAM sea cada vez más presente, a través de grabaciones y con su presencia en festivales internacionales.
"Con la ORCAM, en apenas dos temporadas hemos pasado de 900 a 1400 abonados”
Habiendo tenido ocasión de asistir a varios conciertos durante esta temporada una de las cosas que más me han impactado es la fuerte conexión que se percibe entre su batuta y los músicos, por un lado, pero también entre su presencia en el podio y la audiencia, por otro. Al margen del hecho musical propiamente dicho, que podrá suscitar valoraciones más o menos entusiastas, lo cierto es que se percibe un magnetismo especial.
Sí, esto es algo que me sorprendió especialmente en el último concierto que he dirigido esta temporada, con la Cuarta de Mahler, que como bien sabe no termina en un estallido sonoro sino de una manera muy calmada y quieta. Y ver ahí la reacción del público, su comprensión de lo que estaba pasando fue la confirmación de que estamos creando una comunidad de escucha. Hay un entendimiento colectivo y eso se corresponde con la complicidad que tengo con los músicos de la ORCAM, que es cada vez mayor. Yo siempre anhelaba tener un vínculo así con una orquesta.
Cuando pasas muchos años viajando como directora invitada, de un lado a otro, se echa de menos poder establecer una relación a medio y largo plazo con una orquesta. Es realmente una gozada lo que estamos viviendo con la ORCAM. Nadie es perfecto y cuando llegas a un sitio nuevo, como llegué yo aquí no hace tanto tiempo, intentas poner tu mejor cara y es muy bonito cuando te encuentras también una complicidad plena por la otra parte.
Y ahora que hemos echado ya a rodar en serio, muy en serio, es en la rutina del día a día cuando nos vemos de verdad comprometidos e implicados. La intimidad de la cotidianidad nos revela a todos tal y como somos y es ahí donde hay que generar una confianza que nos permita seguir creciendo y dar siempre lo mejor de nosotros. Creo realmente que esto sucede porque hay una generosidad espiritual por parte de todos los que estamos implicados en este proyecto. Y lo digo de corazón; en esta orquesta no hay egos, no tenemos ese problema, y esto ayuda mucho. Hemos logrado tener una comunicación muy abierta y fluida en los ensayos.
Mencionaba este tema del magnetismo y la conexión con el público porque creo, y entono el mea culpa en este sentido, que a menudo nos fijamos demasiado en la pura cuestión técnica y de ejecución musical, cuando muchas veces lo más relevante en una sala de conciertos sucede en otro plano, el de la conexión emocional. Y ahí creo que el carisma de quien está en el podio es fundamental.
Sí, esto es algo que yo siempre digo a los músicos: nadie paga un boleto para venir a ver cómo resolvemos técnicamente un pasaje o para ver cómo evitamos cometer un error. La gente viene a sentir, a emocionarse, a compartir una experiencia. Evidentemente nuestra tarea como músicos es hacer todo lo posible para llegar a la excelencia técnica; tenemos que hacer música de la mejor manera posible. Pero a la hora del concierto lo más importante es la expresión y la conexión humana.
Y esto es aún más relevante en el mundo actual donde están pasando tantas cosas extraordinarias y terribles; tener la posibilidad de sentarse en una sala y cerrar toda conexión con lo que sucede ahí fuera es algo realmente increíble. Hay pocas cosas comparables a esa experiencia musical compartida. Y aquí no hay duda, no hay inteligencia artificial que valga; en un concierto solo hay personas compartiendo música con otras personas.
A esta conexión con el público creo que también ha ayudado el hecho de introducir las obras en cada concierto. Seguro que hay personas en el público que no necesitan esa introducción pero creo que al resto del auditorio le hace bien encontrar un gancho para sumarse al viaje con nosotros. Prefiero pecar de ese lado y ha sido una decisión que creo que ha tenido frutos. Creo que estamos creando una curiosidad y un hábito que poco a poco precipita un efecto en cadena. Cada vez más espectadores traen a otros consigo y así sucesivamente. Creo que es hermoso generar así una comunidad de oyentes y esto precisamente es lo que se sintió en la Cuarta de Mahler que antes mencionamos.
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Desde su experiencia internacional, como directora invitada con diversas orquestas y ahora con un proyecto estable junto a la ORCAM, ¿cómo percibe el cambio en torno a la percepción del rol del director de orquesta? Sigue habiendo una jerarquía, pero la relación de autoridad, antes mucho más vertical, se ha convertido en un hecho digamos cada vez más horizontal, con una cultura creciente del diálogo con los músicos.
Sí, afortunadamente esto ha cambiado mucho. Cuando yo empecé a estudiar con 19 años tuve suerte, con mi maestro Kenneth Kiesler, él ya tenía clarísimo todo esto. De modo que desde mis primeros pasos en esta profesión ya me enseñaron esta forma de liderazgo que es, más que nada, una cuestión de servitud. El director es un servidor, está al servicio de la música y al servicio de la orquesta. Y por descontado al servicio del público. Y por eso mismo no tenemos un instrumento en la mano porque nuestra tarea es la de generar un espacio en el que los músicos y la música brillen. Somos un hilo conductor, conductor se dice de hecho en inglés para referirse a los directores de orquesta. Y por supuesto que tenemos una voz, no somos un mero canal de transmisión; pero sin la fuente, que es la música, y sin el instrumento, que son los músicos, un director no es nada, es un cable desconectado, irrelevante.
Como yo todo esto lo aprendí desde el principio, lo cierto es que me costó mucho hacer carrera porque me topaba con orquestas y entornos que no estaban en esta sintonía. Y ahora que lo veo con perspectiva creo que muchas veces mi actitud y mi manera de trabajar se entendía quizá como un síntoma de debilidad o falta de preparación. Yo nunca pensé en esa verticalidad, en ese autoritarismo, en tener siempre la última palabra, en humillar, en liderar con miedo… practicas que se hicieron, se han hecho y se siguen haciendo en una idea del liderazgo totalmente equivocada. Yo no encajaba a veces y creo que era por eso; y yo sufría, porque llegaba siempre con alma al descubierto, sin máscaras. El síndrome del maestro, que es como yo lo llamo a veces, es precisamente ese malentendido por el cual un director tiene que ser necesariamente un déspota.
Yo siempre pienso en el niño o la niña lleno de ilusión que dedica años y años a prepararse y finalmente hace realidad su sueño con la música profesional. Todos los directores de orquesta hemos vivido eso desde niños. ¿Y qué pasa cuándo se ponen el frac? Es como si de pronto tuviera que asumirse ese rol autoritario que mencionábamos. Pero, ¿dónde quedó el niño, dónde quedó la ilusión, dónde está la vocación? Yo no quiero perder esa ilusión, esas ganas de jugar al hacer música, esa sensibilidad abierta, sin filtros. A mí me cuesta mucho asumir ese caparazón duro del maestro impenetrable, autoritario… Yo he rehusado siempre eso, nunca me enseñaron así, nunca vi así la profesión y ciertamente me he llevado golpes por no asumir ese rol. Pero a mis cuarenta y cinco años, creo que el ecosistema empieza a estar en sintonía con esa idea con la que yo crecí y aprendí el oficio. Ya se empiezan a ver mucho más ridículos aquellos maestros que lideraban por autoritarismo, por egoísmo, por egolatrsmo, etc. Siguen existiendo, desgraciadamente, pero ya hay mucha más maneras de frenarlos y cambiar la dinámica.
El hecho de ser mujer y el hecho de tener orígenes latinoamericanos son dos condiciones consustanciales a su identidad pero supongo que también habrán pesado, en determinados momentos de su trayectoria, como dos fuentes inagotables de clichés y de prejuicios. Seguramente usted ha conseguido empoderar ambos elementos y convertirlos en herramientas al servicio de su labor en el podio y fuera de él. A día de hoy, seguramente habrá niñas que le vean al frente de la ORCAM y que sueñen con estar ellas ahí también algún día. Y seguro que hay compatriotas mexicanos que nunca se hubieran acercado a un concierto en el Auditorio Nacional de no sentir que aquello de algún modo les pertenece porque hay una maestra mexicana en el podio. ¿Cómo ha vivido y cómo vive todo esto?
Como niña interesada en la música yo nunca tuve una mujer referente a la que seguir en el mundo de la clásica. No tuve a una directora latinoamericana o mexicana en la que fijarme para querer ser como ella. Por eso me da mucho gusto esto que dice, ojalá yo sea siquiera un poco un motivo de inspiración para que las niñas de hoy crean que su futuro puede estar en el podio de una orquesta. Pero sí, los prejuicios han pesado y mucho y he batallado con ellos todos los días de mi vida. Pero sabe, la única manera de combatir los prejuicios es seguir tu camino y seguir haciendo lo que haces, cada día mejor. Al final se trata de dejar que tu trabajo hable por sí solo. Y eso a través de los años, a través de las décadas, ha ido callando bocas.
Yo me siento muy orgullosa de mis raíces mexicanas, de mi cultura y de Latinoamérica en general. Cuando estaba estudiando en Nueva York, precisamente por esto me empeñé en impulsar la música latinoamericana, que estaba entonces sumamente subrepresentada. Nadie tocaba entonces la música de Márquez, de Revueltas, de Villa-Lobos, de Ginastera, etc. Esto fue lo que impulsó que fundara en Nueva York la Filarmónica de Las Américas cuando tenía 23 años. Y ahora, más de viente años después, me doy cuenta de cuánto ha cambiado el panorama. La obra más tocada en 2019 en todo el mundo fue el Danzón no. 2 de Arturo Márquez. Me encanta que esto haya cambiado, era mi sueño. Yo lo único que quería es que el repertorio latinoamericano formara parte del repertorio estándar de cualquier orquesta. Y ya estamos llegando ahí y eso es fantástico, sin que haya que hacer además un concierto específico de música latinoamericana.
Ahora bien, como artista yo nunca me he definido ni como mexicana ni como mujer. Eso es apenas una pincelada de lo que soy. Soy la historia de mis maestros, soy la historia de mis padres; soy la herencia cultural de mis abuelos; soy la historia de haber vivido en Australia, cinco años en Alemania y once años en Nueva York. He tenido maestros judíos de piano y de dirección de orquesta; mi primera maestra de piano era rusa. Tengo una mezcla enorme de influencias. Llevo conmigo lo que aprendí de Kurt Masur, que me enseñó la música de Strauss, Mendelssohn y Schumann. Llevo conmigo lo que aprendí de Charles Dutoit, que me enseñó el repertorio francés y la música de Stravinski. Llevo conmigo todos los años, más de una década, que estuve sentada en los ensayos de Simon Rattle con la Filarmónica de Berlín, que fue mi verdadera escuela. Todo eso es parte de mi ADN y ser mexicana y ser mujer entra dentro de toda esa alquimia pero no es una parte central ni fundamental de quien soy. A veces queremos poner etiquetas a las personas y a las cosas pero hay siempre mucha más complejidad en lo que una persona trae consigo en su bagaje.