© Michele Monasta
Sara Blanch: "Siento que mi voz está evolucionando y debo escucharla y analizarla"
Acaba de interpretar a Susanna en Le nozze de Figaro del Gran Teatre del Liceu tras protagonizar Pelléas et Mélisande nada más ni nada menos que en La Scala de Milán y actualmente está preparando su debut en la Royal Opera House de Londres con La fille du régiment. Dicho esto, es indudable que Sara Blanch se ha convertido ya en una de las sopranos dominantes y más solicitadas del panorama operístico internacional. Este verano, tras visitar Salzburgo, regresará al Festival Peralada, un certamen que fue, como ella misma reconoce en esta entrevista, muy importante en el despegue de su fulgurante carrera. Para hablar de todo ello, nos recibió en un camerino del Gran Teatre del Liceu entre función y función de Le nozze di Figaro.
Bienvenida de nuevo a Barcelona, que supongo que es un poco su casa, aunque con tanta actividad internacional como la suya actualmente debe ser difícil pasar tiempo en casa. ¿Cuál sería la base de operaciones de Sara Blanch actualmente?
Bueno, en Barcelona siempre me siento como en casa. Es donde desarrollé los primeros años de mi carrera, donde mantengo muchísimos amigos que, aprovechando que estoy una temporada aquí, me llaman para vernos e ir a tomar algo. De hecho, a veces me sabe mal no poder verlos a todos. Es un auténtico contraste con las muchas veces que me encuentro cantando en ciudades que no conozco y en las que no tienes a nadie con quien pasar algunas de las muchas horas muertas. En fin, es lo que tiene esta carrera de cantante. Pero volviendo a su pregunta, digamos que mi base está entre Barcelona y, sobre todo cuando canto en Italia, en Bolonia.
Supongo que tendrá entonces ganas de pasar tiempo en casa ya que lleva usted una temporada realmente intensa. Prácticamente no ha parado encadenando proyectos y debuts muy importantes uno tras otro.
Tiene razón, y esta temporada tan cargada me ha hecho reflexionar en profundidad sobre la idea de tratar de tener más períodos de descanso entre producción y producción. Este año solo he podido ir a Darmòs, mi pueblo y donde viven mis padres, un par de días por Pascua. Ahora, apenas acaben las funciones de Le nozze di Figaro en el Liceu, empiezo en seguida los ensayos de La fille du régiment en la Royal Opera House, lo cual supondrá mi debut en Londres, que me hace especial ilusión por el teatro y por la ciudad. ¿Se puede creer que nunca he estado en Londres ni como turista? Seguidamente voy al Festival de Salzburgo para preparar y cantar Lucio Silla. Es un ritmo muy alto que me quiero replantear, no solo para poder ver más a mi familia y amigos, sino sobre todo para poder disfrutar más de mi carrera. Tener un poco de tiempo entre producción y producción para vivir y no solo estar en esa dinámica de trabajar, estudiar, trabajar… En fin, saborear un poco lo que estoy haciendo.

Antes de repasar más a fondo estos nuevos proyectos y los más reciente, me gustaría comentar un poco su experiencia en esta un tanto controvertida producción de Le nozze di Figaro del Liceu. ¿Conocía de antemano el tipo de puesta en escena propuesta por Marta Pazos?
Cuando firmé no tenía ni idea de por donde irían los tiros. Recuerdo que, hacia enero, cuando canté en Barcelona con motivo del Concurso Viñas, coincidí con gente del departamento de vestuario del Liceu que, bromeando, me comentaron: “irás muy ligera de ropa”. Bueno, yo me lo tomé al pie de la letra y pensé que iría en camisón o algo así. Más tarde, recuerdo que, en una sesión de fotos junto a Serena Sáenz para la promoción de La flauta mágica de la próxima temporada en el Liceu, me encontré con Víctor García de Gomar que me preguntó si sabía ya algo de la producción y le contesté que solo sabía que iría ligera de ropa. Se echó a reír y me dijo que en realidad mi personaje iba vestida como un paquete de azúcar y otro de harina. Si te digo la verdad, ahí me preocupé un poco, pero no le di mayor importancia. Me fui a Milán para ensayar y hacer las funciones de Pelléas et Mélisande y me olvidé del tema.
Entonces ¿no supo nada hasta que llegó a los ensayos?
Un día antes de incorporarme me mandaron un vídeo de los ensayos y cuando vi el vestuario y a mis colegas cargando esa caja durante toda la función, debo reconocer que me puse bastante nerviosa. Recuerdo que esa noche no pude dormir y, al día siguiente, cuando me presenté a mi primer ensayo te puedo asegurar que no estaba del mejor humor, más bien lo contrario. Pero una vez ahí empecé a entender el concepto, esa inspiración de las cajas con los miriñaques de la época, y me fui relajando. También influyó el buen ambiente que había en la compañía y el talante de Marta Pazos dirigiendo los ensayos. Siempre de buen humor, muy positiva, con una mirada muy fresca y un trabajo de improvisación muy interesante. Ante eso, mis reticencias iniciales fueron desapareciendo progresivamente. La verdad es que reímos mucho en esos ensayos. Digamos que el mal humor duró muy poco.
¿Y ha quedado contenta con el resultado?
Debo decir que sí. Me gusta este tipo de trabajo de innovación. Como le he dicho, nos hemos divertido mucho y creo que al final el público también, que me parece que es lo más importante. Hemos sentido durante las representaciones mucha conexión con el público. Durante las primeras funciones debo reconocer que hasta nosotros mismos teníamos dudas sobre el espectáculo y de cuál sería la respuesta del público, pero poco a poco hemos ido disfrutando cada vez más la producción. Por otra parte, el diseño de la escenografía, con ese pastel inmenso, y el vestuario tenían mucha personalidad y estaban muy bien hechos. Es cierto que la propuesta de Marta Pazos no profundiza especialmente en aspectos como la lucha de clases, que desde mi punto de vista es muy importante en esta ópera, pero el espectáculo globalmente me parece fresco y novedoso. Lo que es seguro es que la gente lo recordará.
¿Esta era la segunda vez que encarnaba a Susanna? Creo que ha habido cierta confusión en la prensa sobre ese punto. ¿Podría aclararlo?
Sí, no sé por qué ha corrido la voz, e incluso ha aparecido en algunas críticas, que era la primera vez que interpretaba este personaje. Canté Susanna por primera vez hará unos cuatro años en L’ Arena di Verona. Es cierto que la hice con pocos ensayos y solo cuatro funciones. Fue un poco visto y no visto, por tanto, en cierto modo, podríamos decir que esta es la primera producción de Le nozze di Figaro que he podido trabajar realmente a fondo, con un mes de ensayos y numerosas funciones.
Se trata de un papel más central respecto a los que han cimentado su carrera hasta ahora. ¿Se siente cómoda en la tesitura de Susanna?
Debo decirte que me parece más difícil cantar este tipo de rol que muchos de los que he cantado que se mueven en franjas más agudas. Susanna es un papel difícil, al menos para mí, porque, si bien se mantiene principalmente en el registro central, en determinados pasajes como el gran finale primo, de repente exige estirar la voz hasta zonas muy extremas y mantener líneas muy tensas. Eso hace que no puedas asentar la voz en un espacio concreto y debas ir adaptando la voz durante la función, ir entendiendo en qué punto está. Por ejemplo, cuando llegas al aria del cuarto acto, “Deh, vieni, non tardar”. Puede que, en el camerino, antes de la función, la haya preparado y cantado de un modo concreto, pero cuando llega el momento en la representación tu voz está en otro punto y hay que buscar otros caminos. Encontrar por otras vías las sonoridades ideales. Eso lo convierte en un papel difícil, pero también un papel que me aporta aprendizaje, experiencia.

Ese aprendizaje que comenta ¿tiene que ver también con la evolución de su instrumento, quizás cada vez de perfil más claramente lírico?
Sí, voy un poco en esa dirección. La próxima temporada debutaré un papel como Pamina, de La flauta mágica, que tiene que ver con ese proceso. Siento que mi voz está evolucionando y debo escucharla y analizarla. Hace más o menos un año y medio empecé a notar algunos cambios, un sonido más redondo en el centro al cual no estaba acostumbrada. Obviamente, quiero ir poco a poco y escoger los papeles de los próximos años con mucha precaución, sin precipitarme y manteniendo durante el máximo tiempo posible los de perfil más agudo.
Usted ha interpretado en diversas ocasiones La Reina de la noche y ahora encarnará a Pamina ¿No cree que tenga algo de simbólico este cambio en el sentido de esa evolución que está comentando?
Está claro. He cantado muchas veces La Reina de la noche y la podría volver a cantar porque las notas siguen ahí, pero para hacerlo debería tomarme un tiempo y resituar de nuevo mi voz para un papel de esas características. Y me pregunto ¿vale la pena hacerlo por un papel que ya he interpretado tantas veces? Quizás es más lógico escuchar hacia dónde va mi voz y centrarme en papeles en los que realmente me sienta cómoda. Cuando empecé a notar esos cambios que le comentaba consulté con mi foniatra y me dijo que nunca he tenido una laringe de soprano ligera. Creo que me definiría más como lírico-ligera y que los sobreagudos son fruto de la técnica. Aún no he empezado a trabajar en Pamina a fondo. He cantado el aria muchas veces y, entre tantas funciones de La flauta mágica a lo largo de mi carrera, he ido estudiando partes. Otro personaje que incorporaré la próxima temporada en La Bayerische Staatsoper y que me hace muchísima ilusión es Gilda, de Rigoletto. Tenía muchísimas ganas de que llegase ese personaje y creo que lo hace en el momento perfecto, cuando aún mantengo el registro ligero para la primera parte de la ópera y puedo afrontar el lirismo de la segunda. Me había ofrecido el papel cuando era muy joven y dije que no ¡creo que hice bien!, y luego nunca me lo volvieron a ofrecer hasta ahora. En un futuro me estoy planteando también abordar La traviata, pero tiempo al tiempo. Ahora solo tengo ganas de acabar esta temporada y, sobre todo tomarme unas buenas vacaciones dentro de lo posible. A partir de ahí iremos viendo.
Más allá de esa evolución ¿Qué le llevó a aceptar un papel tan particular y, en principio, tan alejado de su repertorio habitual como el de Mélisande?
Tuve muchas dudas sobre si aceptar la propuesta de cantar mi primera Mélisande en La Scala. Si al final lo hice fue, en gran parte, porque me lo propuso Daniele Gatti. He tenido la suerte de cantar muchas veces bajo su dirección y tenemos una gran amistad, pero a pesar de ello hice una audición en La Scala con él y otros miembros de la dirección artística del teatro para ver si, tanto ellos como yo, lo teníamos claro. En seguida me confirmaron el ofrecimiento, pero a pesar de ello le volví a preguntar al maestro Gatti: ¿Estás seguro? Él no tuvo dudas. ¡Yo, en cambio, sí! Era un papel que apenas conocía. ¿Sabe lo que me pareció complicado a primera vista de Mélisande? Que, siendo un gran rol, tiene la dificultad de los roles pequeños, si es que los hay. Los papeles que intervienen poco en una ópera, y yo he cantado muchos al principio de mi carrera, requieren estar absolutamente concentrado y ser preciso en cada una de tus intervenciones. Mélisande, por su carácter y el tipo de escritura de Debussy, no tiene prácticamente expansiones líricas. Principalmente está compuesto a base de frases cortas, a menudo sin apenas soporte orquestal. Por eso, lo más importante desde mi punto de vista, es la dirección que le des al texto, la intención de cada frase. En ese sentido, fue una suerte poder trabajar el papel con Romeo Castellucci.
¿Cómo fue esa experiencia con Castellucci, un director tan singular y creativo?
Muy buena. Me ayudó mucho esa particular atmósfera creada por él para construir el personaje, situarlo en un plano principalmente mental, psicológico. Encontrar esa manera de estar, ese “estado” tan particular en el que se desenvuelve Mélisande, la tensión interna de cada frase. Ese trabajo fue muy intenso, pero al final te lleva a transmitir el sonido de una manera muy determinada. Pese a que, como dice, sus puestas en escena son muy particulares, Romeo es una persona muy normal y, sobre todo, muy tranquilo, lo cual no es muy habitual en los directores de escena. Me encontré muy a gusto con él, dialogando en todo momento. Fue una experiencia bonita, profunda y sorprendentemente serena.
Finalmente, Daniele Gatti no dirigió esa producción por divergencias con La Scala. ¿Cómo vivió usted esa situación que, imagino, no fue fácil?
Fue un impacto para mí, como se puedes imaginar. He trabajado mucho con él y sé cómo trabaja con la orquesta y cómo trata las voces. Por un momento pensé en renunciar, pero lo hablé con él y La Scala siguió apostando por mí, así que decidí mantener el compromiso.
¿Cómo se lleva eso de cantar un papel protagonista en un teatro del prestigio, pero, sobre todo, con la presión que se le atribuye a La Scala?
Ya había debutado en 2024, cuando canté el papel de Tibrino de L’Orontea, de Cesti, aunque, obviamente, cantar un papel protagonista y tan especial como Mélisande es distinto. Debo decir que me encanta trabajar en La Scala. Es cierto que a veces en el teatro se respira una tensión especial que enseguida percibes. Pero creo que esa presión también es sana porque, en el fondo, es una forma de respeto por su historia, por los grandes cantantes y músicos que han pasado por La Scala y que han contribuido a crear el mito. Un respeto y un cuidado especial por el trabajo que se hace ahí.
Y de La Scala a Salzburgo, el festival de festivales al que volverá este verano por tercera vez.
Sí, este verano será la tercera vez que cante en Salzburgo. Será interpretando el papel de Giunia en Lucio Silla, de Mozart. El año pasado ya canté, también bajo la dirección de Adam Fischer, la Aspasia de Mitridate, Re di Ponto y fue una gran experiencia. Siempre es especial cantar en Salzburgo, aunque la primera vez que lo hice fue una experiencia especialmente estresante…
Cuente, cuente…
Fue un concierto dedicado a Rameau dirigido por Teodor Currentzis con su conjunto, Musicaeterna, y la verdad es que el resultado final fue maravilloso. El problema fueron las circunstancias que lo rodearon. Fue durante el período de la pandemia y ese concierto en Salzburgo debía suponer, en principio, el final de una gira. Pero esa gira se suspendió y de repente me encontré en Salzburgo, con un solo ensayo y un repertorio que nunca antes había cantado, el mismo día del concierto. Prácticamente ensayamos todo el día, sin descanso, no paramos ni para comer, con bastante tensión como se puede imaginar, y cuando llegó el momento de entrar en escena lo cierto es que me sentía agotada y un poco abrumada por la responsabilidad. Al fin y al cabo ¡era mi debut en Salzburgo! Supongo que fue la adrenalina que te da el escenario, no lo sé, pero al final la cosa fue muy bien.

Volviendo a esta impresionante temporada de debuts ¿Le hace especial ilusión hacerlo también en una sala tan mítica como Musikverein en Viena?
Muchísima. Y además hacerlo con una obra tan especial como la Sinfonía núm. 9, de Beethoven, dirigida por Daniele Gatti. De hecho, ya la hicimos juntos en una ocasión, en Santa Cecilia, en Roma, pero cantar una obra como esa en Musikverein tiene que ser especial. ¡Tengo muchas ganas!
Daniele Gatti ha sido y es una figura importante en su carrera. ¿Cómo se originó esa relación?
Bueno, previamente al profesional el primer contacto fue personal debido a amistades comunes. O sea, cuando nos conocimos ¡yo no sabía realmente quien era él! Fue en 2016, poco después de mi premio en el Concurso Francesc Viñas. Recuerdo que en ese momento estaba cantando un papel pequeño en El gallo de oro, en el Teatro Real. Yo le iba informando de lo que hacía hasta que un día me hizo una audición y me ofreció cantar con él, nada más ni nada menos que ¡la Sinfonía núm. 4, de Gustav Mahler! Un concierto que se tuvo que cancelar a causa del Covid y ¿sabe una cosa? ¡Me alegré mucho! Creo que fue cosa de la providencia, que a veces te ayuda. Creo sinceramente que no era el momento. De hecho, visto en perspectiva, mi carrera ha tenido una evolución muy progresiva. Primeros premios, luego papeles secundarios en teatros cada vez más importantes, primeros protagonistas… Ese Mahler era en La Scala, suponía mi primera aparición ahí y prefiero haber llegado cuando lo he hecho, más madura, que en aquel momento. Más tarde, el vínculo profesional con Gatti se consolidó en Il Maggio Musicale Fiorentino gracias a Alexander Pereira, su director artístico, quien desde el primer momento creyó mucho en mí. Empecé cantando papeles pequeños como Amore, en Orfeo ed Euridice, de Gluck, donde coincidí de nuevo con Daniele Gatti. Podríamos decir que fue en ese Orfeo donde empezó realmente mi relación profesional con él que, progresivamente, me fue ofreciendo roles más protagonistas, como Anne Truelove en The Rake’s Progress, de Stravinsky, un papel que resultó ser todo un descubrimiento para mí.
Este verano además volverá de nuevo al Festival Peralada en un concierto a dúo con Michael Spyres ¿Habían trabajado ya juntos?
Tengo muchísimas ganas de volver al Festival Peralada, de verdad. Siempre me hace ilusión, pero especialmente este año y con este recital con Michael Spyres. Coincidí con él una sola vez, fue en la Ópera de Viena con Ariadne auf Naxos, de Richard Strauss. Yo interpretaba a Zerbinetta y él el papel de Bacchus, con lo cual interactuábamos muy poco. O sea que este recital será, en cierto modo, la primera vez que podamos compartir escenario realmente. El programa que hemos preparado ha sido teniendo en cuenta sobre todo que es la celebración del 40º aniversario del festival. Un programa para que la gente, y también nosotros, disfrutemos de esta fiesta que contiene un poco de todo, ópera italiana, francesa, zarzuela, napolitanas, en definitiva, grandes hits. Pero hay de todo. Por ejemplo, ambos cantaremos fragmentos de Hamlet, de Thomas, que es una ópera y un papel, el de Ophélie, que me encanta. Es un recital que me motiva mucho.
Su vinculación con Peralada se remonta prácticamente a los inicios de su carrera profesional ¿Hasta qué punto fue clave en el despegue de su carrera?
Siempre ha sido un festival por el que he sentido especial cariño. Debo reconocer que, antes de participar en él, nunca asistí como espectadora. Evidentemente conocía el Festival Peralada, pero mi relación con él siempre ha sido digamos profesional. De hecho, esta relación nace a través del Concurso Tenor Viñas, donde recibí precisamente el premio del Festival Peralada y eso me dio la primera oportunidad de cantar ahí. Fue un momento muy especial e importante para mí porque ese mismo 2016, hace ahora diez años, me ofrecieron tres proyectos para esa edición y ser artista residente del Festival. Como puede entender, para una joven cantante que está empezando la carrera ese paso y ese apoyo fue importantísimo. Fue un sueño y como tal lo recuerdo.
Pues que continúe ese sueño este verano…
Estoy segura de que seguirá. Muchas gracias.
Fotos: © Michele Monasta
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