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Sara Blanch: "Siento que mi voz está evolucionando y debo escucharla y analizarla"

Acaba de interpretar a Susanna en Le nozze de Figaro del Gran Teatre del Liceu tras protagonizar Pelléas et Mélisande nada más ni nada menos que en La Scala de Milán y actualmente está preparando su debut en la Royal Opera House de Londres con La fille du régiment. Dicho esto, es indudable que Sara Blanch se ha convertido ya en una de las sopranos dominantes y más solicitadas del panorama operístico internacional. Este verano, tras visitar Salzburgo, regresará al Festival Peralada, un certamen que fue, como ella misma reconoce en esta entrevista, muy importante en el despegue de su fulgurante carrera. Para hablar de todo ello, nos recibió en un camerino del Gran Teatre del Liceu entre función y función de Le nozze di Figaro.

Bienvenida de nuevo a Barcelona, que supongo que es un poco su casa, aunque con tanta actividad internacional como la suya actualmente debe ser difícil pasar tiempo en casa. ¿Cuál sería la base de operaciones de Sara Blanch actualmente?

Bueno, en Barcelona siempre me siento como en casa. Es donde desarrollé los primeros años de mi carrera, donde mantengo muchísimos amigos que, aprovechando que estoy una temporada aquí, me llaman para vernos e ir a tomar algo. De hecho, a veces me sabe mal no poder verlos a todos. Es un auténtico contraste con las muchas veces que me encuentro cantando en ciudades que no conozco y en las que no tienes a nadie con quien pasar algunas de las muchas horas muertas. En fin, es lo que tiene esta carrera de cantante. Pero volviendo a su pregunta, digamos que mi base está entre Barcelona y, sobre todo cuando canto en Italia, en Bolonia.

Supongo que tendrá entonces ganas de pasar tiempo en casa ya que lleva usted una temporada realmente intensa. Prácticamente no ha parado encadenando proyectos y debuts muy importantes uno tras otro. 

Tiene razón, y esta temporada tan cargada me ha hecho reflexionar en profundidad sobre la idea de tratar de tener más períodos de descanso entre producción y producción. Este año solo he podido ir a Darmòs, mi pueblo y donde viven mis padres, un par de días por Pascua. Ahora, apenas acaben las funciones de Le nozze di Figaro en el Liceu, empiezo en seguida los ensayos de La fille du régiment en la Royal Opera House, lo cual supondrá mi debut en Londres, que me hace especial ilusión por el teatro y por la ciudad. ¿Se puede creer que nunca he estado en Londres ni como turista? Seguidamente voy al Festival de Salzburgo para preparar y cantar Lucio Silla. Es un ritmo muy alto que me quiero replantear, no solo para poder ver más a mi familia y amigos, sino sobre todo para poder disfrutar más de mi carrera. Tener un poco de tiempo entre producción y producción para vivir y no solo estar en esa dinámica de trabajar, estudiar, trabajar… En fin, saborear un poco lo que estoy haciendo.

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Antes de repasar más a fondo estos nuevos proyectos y los más reciente, me gustaría comentar un poco su experiencia en esta un tanto controvertida producción de Le nozze di Figaro del Liceu. ¿Conocía de antemano el tipo de puesta en escena propuesta por Marta Pazos?

Cuando firmé no tenía ni idea de por donde irían los tiros. Recuerdo que, hacia enero, cuando canté en Barcelona con motivo del Concurso Viñas, coincidí con gente del departamento de vestuario del Liceu que, bromeando, me comentaron: “irás muy ligera de ropa”. Bueno, yo me lo tomé al pie de la letra y pensé que iría en camisón o algo así. Más tarde, recuerdo que, en una sesión de fotos junto a Serena Sáenz para la promoción de La flauta mágica de la próxima temporada en el Liceu, me encontré con Víctor García de Gomar que me preguntó si sabía ya algo de la producción y le contesté que solo sabía que iría ligera de ropa. Se echó a reír y me dijo que en realidad mi personaje iba vestida como un paquete de azúcar y otro de harina. Si te digo la verdad, ahí me preocupé un poco, pero no le di mayor importancia. Me fui a Milán para ensayar y hacer las funciones de Pelléas et Mélisande y me olvidé del tema. 

Entonces ¿no supo nada hasta que llegó a los ensayos?

Un día antes de incorporarme me mandaron un vídeo de los ensayos y cuando vi el vestuario y a mis colegas cargando esa caja durante toda la función, debo reconocer que me puse bastante nerviosa. Recuerdo que esa noche no pude dormir y, al día siguiente, cuando me presenté a mi primer ensayo te puedo asegurar que no estaba del mejor humor, más bien lo contrario. Pero una vez ahí empecé a entender el concepto, esa inspiración de las cajas con los miriñaques de la época, y me fui relajando. También influyó el buen ambiente que había en la compañía y el talante de Marta Pazos dirigiendo los ensayos. Siempre de buen humor, muy positiva, con una mirada muy fresca y un trabajo de improvisación muy interesante. Ante eso, mis reticencias iniciales fueron desapareciendo progresivamente. La verdad es que reímos mucho en esos ensayos. Digamos que el mal humor duró muy poco.

¿Y ha quedado contenta con el resultado?

Debo decir que sí. Me gusta este tipo de trabajo de innovación. Como le he dicho, nos hemos divertido mucho y creo que al final el público también, que me parece que es lo más importante. Hemos sentido durante las representaciones mucha conexión con el público. Durante las primeras funciones debo reconocer que hasta nosotros mismos teníamos dudas sobre el espectáculo y de cuál sería la respuesta del público, pero poco a poco hemos ido disfrutando cada vez más la producción. Por otra parte, el diseño de la escenografía, con ese pastel inmenso, y el vestuario tenían mucha personalidad y estaban muy bien hechos. Es cierto que la propuesta de Marta Pazos no profundiza especialmente en aspectos como la lucha de clases, que desde mi punto de vista es muy importante en esta ópera, pero el espectáculo globalmente me parece fresco y novedoso. Lo que es seguro es que la gente lo recordará.

¿Esta era la segunda vez que encarnaba a Susanna? Creo que ha habido cierta confusión en la prensa sobre ese punto. ¿Podría aclararlo?

Sí, no sé por qué ha corrido la voz, e incluso ha aparecido en algunas críticas, que era la primera vez que interpretaba este personaje. Canté Susanna por primera vez hará unos cuatro años en L’ Arena di Verona. Es cierto que la hice con pocos ensayos y solo cuatro funciones. Fue un poco visto y no visto, por tanto, en cierto modo, podríamos decir que esta es la primera producción de Le nozze di Figaro que he podido trabajar realmente a fondo, con un mes de ensayos y numerosas funciones.

Se trata de un papel más central respecto a los que han cimentado su carrera hasta ahora. ¿Se siente cómoda en la tesitura de Susanna?

Debo decirte que me parece más difícil cantar este tipo de rol que muchos de los que he cantado que se mueven en franjas más agudas. Susanna es un papel difícil, al menos para mí, porque, si bien se mantiene principalmente en el registro central, en determinados pasajes como el gran finale primo, de repente exige estirar la voz hasta zonas muy extremas y mantener líneas muy tensas. Eso hace que no puedas asentar la voz en un espacio concreto y debas ir adaptando la voz durante la función, ir entendiendo en qué punto está. Por ejemplo, cuando llegas al aria del cuarto acto, “Deh, vieni, non tardar”. Puede que, en el camerino, antes de la función, la haya preparado y cantado de un modo concreto, pero cuando llega el momento en la representación tu voz está en otro punto y hay que buscar otros caminos. Encontrar por otras vías las sonoridades ideales. Eso lo convierte en un papel difícil, pero también un papel que me aporta aprendizaje, experiencia. 

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Fotos: © Michele Monasta