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Emilio Esteban: "Me gusta ser polifacético y poder saltar de un género a otro"

Recientemente publicado, el álbum titulado Entre El Greco y Cervantes ha contado con la producción musical de Emilio Esteban, un profesional con una larga trayectoria junto a nombres como Il Divo, Ara Malikian, Juanes, Chucho Valdés o Ruth Lorenzo. En ocasión de este nuevo disco con música de Víctor Morales, con la Orquesta de RTVE, conversamos con él para conocer más de cerca su trabajo.

Acaban de presentar un nuevo proyecto discográfico titulado Entre El Greco y Cervantes ¿Cuándo surge la idea de este proyecto en torno al arte del Greco y la prosa de Cervantes? ¿Y cuál es el ánimo detrás de este “paseo sonoro por Castilla y La Mancha”, tal y como se describe el álbum?

Este proyecto surge de la música de Víctor Morales, que es el autor de las cinco piezas reunidas en el disco. Víctor Morales es originario de El Toboso, aunque vive en Albacete, y nuestra relación se remonta muchos años atrás, cuando él fue mi profesor de dirección de orquesta. Él me iba enviando sus composiciones, a lo largo de los años, y a mí me encantaban. Poco a poco surgió una línea conductora para estas partituras y es ahí donde se dibuja la idea del disco. 

Víctor primero me mandó Paisaje castellano y Maese Pedro, que son dos piezas preciosas, una de carácter instrumental y otra de carácter solístico. La segunda de ellas cuenta con Pablo Cámara, solista de saxofón, espectacular solista que interpretó la pieza de una manera sublime. También hemos contado en el disco con la pianista Isabel Dobarro, en su caso en Grecodías, una pieza que Víctor Morales ha querido definir como fantasía ya que el piano va integrándose dentro de la orquesta y tiene un papel de narrador.

Al disco se incorporó después la Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española, una formación de una enorme versatilidad, muy polifacética. Esto se puede ver en esta grabación precisamente, con un magnífico trabajo del maestro José Luis López-Antón. El disco se ha beneficiado también del gran trabajo de Rafa Sardina y Cristina Abaroa, ambos incorporados al proyecto desde Los Ángeles y Jorge Castro como co-productor, desde Costa Rica. 

Su rol en este proyecto es el del productor, una figura determinante para que este tipo de proyectos salgan adelante y cobren forma. Y sin embargo a menudo pasamos por alto su trabajo. Creo que sería bueno ilustrar a nuestros lectores al respecto. ¿Qué hace exactamente un productor y en qué se percibe su mano, por así decirlo, en el resultado final de un disco como este?

Hay un gran desconocimiento sobre lo que hace un productor. En realidad hay dos tipos de productor: por un lado está el ejecutivo, que es el que se encarga de los números por decirlo en pocas palabras; y luego está el productor musical, que es mi caso, y que no es otra cosa que otro director musical dentro del proyecto. 

En realidad, nuestro trabajo consiste en coordinar todas las facetas musicales y sonoras de un proyecto discográfico. Participamos en decisiones que van desde la ingeniería de sonido —como la elección de la microfonía, la disposición de los músicos o el equilibrio entre el sonido directo y la acústica de la sala— hasta la definición del concepto sonoro global del disco. Cada decisión se toma en función de la obra, del lenguaje del compositor, de la personalidad de los intérpretes y del resultado artístico que se quiere transmitir. El productor musical es, en cierto modo, el otro artista creativo del proyecto: quien transforma una gran interpretación en una experiencia sonora capaz de emocionar al oyente, asegurando que la visión musical llegue con la máxima fidelidad, calidad e impacto.

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En su trayectoria ha trabajado con multitud de artistas, de perfiles muy diversos, desde Il Divo a Ara Malikian pasando por Juanes, Chucho Valdés o Ruth Lorenzo, entre otros muchos. Desde esa experiencia, ¿cómo se aborda un disco con repertorio sinfónico, más en las coordenadas de lo que convencionalmente llamamos música clásica?

Lo que realmente caracteriza a un productor es su concepto musical y su comprensión del lenguaje artístico de cada proyecto. El proceso de producción, en esencia, es muy similar independientemente del artista o del género: se trata de construir la mejor versión posible de una idea musical. Lo que cambia es la manera de entender el lenguaje con el que estás trabajando. No se aborda igual un disco de música sinfónica que un álbum de pop o de jazz, porque cada género tiene sus propios códigos estéticos, sonoros e interpretativos. Ahí es donde la experiencia del productor marcan la diferencia. 

En mi caso siempre he entendido la música de una manera polifacética. Acabo de terminar por ejemplo un disco de flamenco con María Toledo, una grandísima cantaora. Estoy también inmerso en otro disco de flamenco fusión con big band y latin jazz, con Diego Guerrero y Muerdo. Y de repente hago un disco de rock con Ruth Lorenzo, que nos fuimos a grabar al estudio de Peter Gabriel, grabando durante una semana en cinta analógica con músicos en directo. Esa versatilidad musical me parece fundamental. Me gusta ser polifacético y poder saltar de un género a otro.

Con respecto a la música de Víctor Morales, ¿cómo podemos caracterizar su sonoridad? ¿De qué fuentes bebe y cuál es su estética? 

Victor realmente ha desarrollado un estilo muy suyo, con referencias a muchos autores y estilos. Hay por ejemplo piezas en las que hay elementos claramente jazzísticos, y también hay referencias muy claras a autores como Wagner o Mahler, con esa idea tan visual de su música que vemos por ejemplo en El Entierro del Señor de Orgaz. Víctor unifica todo eso de una manera muy personal y muy expresiva. 

Me parece muy importante que tengamos un compositor de esta magnitud ahora mismo. En la música contemporánea hay una tendencia muy grande a la exploración y esto a veces deja fuera a muchos oyentes que buscan referencias en autores del pasado. En este caso tenemos música sinfónica y tonal de un compositor vivo, algo cada vez más infrecuente.