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Josep Vicent: "Alicante es ahora un foco de intensa actividad sinfónica"
ADDA Simfònica Alicante es hoy en día un proyecto con un asentamiento innegable, implantado no solo en la Comunidad Valenciana sino con una indudable proyección internacional. En la antesala de su próxima temporada y en ocasión de su visita este mes de agosto a sendos festivales en Francia y Eslovenia, conversamos con Josep Vicent, el director musical del proyecto desde su puesta en marcha.
La formación se encamina ya a cumplir, próximamente, su primera década en activo. Sería bueno recapitular cómo y cuándo surge esta orquesta, un proyecto que está indisolublemente ligado a la planificación misma del auditorio de Alicante. ¿Qué relación hubo, exactamente, entre la puesta en marcha del auditorio y el arranque de la orquesta?
Cuando acepté incorporarme como director musical del Auditorio de Alicante yo tuve muy claro que el proyecto tenía sentido por el contenido, más allá del continente. Es decir, la infraestructura podía ser y es magnífica, pero lo que tenía sentido era poner en marcha una orquesta que acompañase el desarrollo de la programación del auditorio. Esto indudablemente no se podía hacer de un día para otro, hacía falta una estrategia y eso pasaba por establecer unas buenas alianzas con la sociedad civil alicantina. Una vez que el proyecto estuvo sobre la mesa y los apoyos estuvieron claros, hicimos unas audiciones y todo empezó a rodar.
El tiempo ha pasado muy rápido y el proyecto se ha consolidado a una velocidad de vértigo. Alicante es ahora un foco de intensa actividad sinfónica. Hay una gran entrega por parte de la plantilla, yo echo la mirada atrás y me parece como si hubiéramos empezado ayer. Ni siquiera la pandemia nos detuvo, hicimos un gran esfuerzo en ese tiempo doblando la programación. Y en estos años hemos hecho ya giras internacionales muy importantes: Alemania, Francia, Eslovenia, Japón…
¿En qué medida es complejo poner en pie una orquesta desde cero? Sobre todo pensando en la idea de una orquesta pública, como esta, a la que se le presupone una estructura de trabajo estable más compleja y extensa.
No fue fácil, desde luego que no, pero creo que fue clave el hecho de mirar con una sola mirada la programación, el edificio y la orquesta. Esa mirada común nos permitió relativizar las cosas y que todo avanzase a la vez. Aquí nunca ha habido una competición entre la programación de la orquesta y la programación del auditorio con las formaciones invitadas. Todo ha ido de la mano desde el principio y eso de hecho ha forzado que nuestra orquesta aspirase a tocar cada vez mejor.
Dicho esto, creo que fue un pequeño milagro que todo saliese bien, en un tiempo tan rápido, considerando además las complejidades normativas y administrativas que implica poner en pie una estructura como esta. A nivel personal creo que me cogió en un momento bueno, con mucha energía, con muchas ganas de empezar un proyecto así. Y ciertamente me siento honrado y muy orgulloso del camino que hemos recorrido, es un honor estar aquí después de todos estos años.
¿Cuáles son los números de la orquesta, a día de hoy, en términos de plantilla?
Si nos referimos a gente con contratos indefinidos, tenemos alrededor de 60 músicos. Pero a eso se suman unos 20 músicos más que son estables en el sentido de que tocan con nosotros con continuidad. Al final hablamos de una plantilla regular de unas 80 personas y esto nos da mucha estabilidad, nos permite mantener una dinámica de trabajo muy consistente. La plantilla está muy comprometida con el proyecto y con la búsqueda de la excelencia.
La política local y autonómica, ¿en qué manera ha facilitado o entorpecido el desarrollo del proyecto?
Nosotros, hablo tanto a nivel particular como a nivel institucional, hemos trabajado siempre con la mejor predisposición y con la máxima voluntad de entendimiento. Llevamos ya cuatro legislaturas con este proyecto en marcha y nunca ha habido ninguna incomprensión. Por supuesto es un proceso de complicada gestión y esfuerzo creativo y habrá habido altibajos aquí y allá, pero hemos tenido mucha suerte con los interlocutores políticos que hemos ido teniendo en este tiempo. Todo el mundo a remado a favor. El actual presidente y especialmente nuestro diputado de Cultura, Juan de Dios Navarro, es un ejemplo de un talante estupendo, con quien da gusto trabajar.
Además tenemos la suerte de que Alicante es una sociedad muy global e históricamente amante de la música. Aquí viven miles de europeos, funcionarios de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea, lo que se traduce en un público aún mas diverso si cabe para nuestros conciertos. En conexión con esto, en el patronato del ADDA hay gente con un perfil fantástico, como Manolo Desantes, Lluís Pastor o Carlos Pérez que sitúan la conversación en otro plano. Estamos realmente agradecidos al respaldo público que hemos sentido en todo momento, a lo largo de estos años.
¿Cuál es el horizonte de crecimiento y desarrollo de la orquesta, pensando además en el décimo aniversario de la formación?
Yo soy muy consciente del nivel de trabajo y de la ilusión con la que hacemos aquí las cosas. Nuestro horizonte no es otro que ese, el de seguir consolidando la excelencia que vamos persiguiendo concierto a concierto. A mí me gustaría llegar al décimo aniversario sin alborotos, simplemente ofreciendo eso que somos, tanto con nuestra actividad en Alicante como con nuestras giras y con nuestra discografía. Me gustaría por supuesto poder ampliar la plantilla y esto es algo en lo que estamos trabajando.
Mencionaba ahora las giras y la discografía, que creo que son dos elementos que han ido marcando poco a poco el desarrollo de la formación. Impresiona realmente ver la cantidad de discos que han grabado en los últimos años.
Sí, esto es algo que planteé desde el principio cuando la orquesta echó a andar. En mis primeras conversaciones con María José García, que fue mi mano derecha desde el principio, le planteé siempre que la orquesta tenía que tener una ambición global. Teníamos que nacer, desde el inicio, como una orquesta de máximo nivel. Y esto no está en contradicción con el hecho de que seamos una formación con actividad local, implantada en un territorio en concreto, con giras regulares en Madrid y Barcelona.
Somos una orquesta implantada en Alicante, una formación que le debe todo a Alicante pero concebida desde el primer día con una mentalidad global. Y para esa proyección internacional necesitábamos, por un lado, una discografía sólida que nos diera a conocer fuera, y después una actividad internacional que nos permitiera seguir creciendo. De ahí por ejemplo que volvamos este verano por tercer año consecutivo al Festival Berlioz. Su director, Bruno Mesina, está fascinado con nuestra orquesta. Y lo mismo ha pasado con Darko Brlek en Ljubljana. En Japón actuamos en el ciclo de grandes salas, no fue una gira menor ni mucho menos.
Hablemos de esa gira por Japón, un país al que no se va de cualquier manera. ¿Cómo fue la gestación de esa gira?
Esa gira fue el fruto de tres años de trabajo. Fue un proyecto conjunto entre nuestro equipo, Nippon Artists e Ibermúsica Artists. La gira se vio además afectada por una incidencia internacional que nos obligó a retrasar las fechas medio año más. Al final fueron un total de nueve conciertos en nueve grandes salas de Japón, todos ellos con sold out. Dos veces en Osaka, dos veces en el Suntory Hall de Tokio… fue una gira muy emocionante. Nada más terminar la gira Nippon Artists e Ibermúsica se pusieron a hablar y ya pactamos una nueva gira allí para 2028, en nueve grandes salas del país, con la perspectiva incluso de poderse ampliar con conciertos en otro país asiático.
¿Cómo fue el encuentro con el público de allí? ¿Cómo se presenta en Japón una orquesta de Alicante?
Fue fundamental llevar con nosotros a un pianista español con una gran trayectoria en Japón, como es el caso de Martín García García, tremendamente conocido y popular allí. Y también nos acompañó la guitarrista Kaori Muraji, que es en Japón una celebridad comparable a Madonna. Los primeros dos conciertos fueron un gran éxito y creo que se fue corriendo la voz de cara al resto de la gira; cada concierto confirmó la gran acogida que tuvimos entre el público nipón.
Volviendo a la trayectoria de la orquesta en estos años, con respecto al repertorio imagino que ha habido también una planificación, con la idea de dosificar las obras y los autores, para no quemar todos los cartuchos de golpe.
Sí, nuestras temporadas han ido creciendo de una manera expansiva aunque hay autores como Stravinski, Shostakóvich, Scriabin o Mahler que siempre han estado ahí. En buena medida también porque ese es mi repertorio, lógicamente; son las obras y autores con las que estoy más familiarizado. Por eso traemos siempre a maestros invitados especializados en repertorio barroco y música antigua, como Ton Koopman, para completar nuestra propuesta con figuras de primer nivel.
En línea con esto, ¿cuáles son los hilos temáticos que articulan la próxima temporada?
Yo programo como un puzzle. Dejo siempre que la programación tome forma por sí misma, me gusta que sea algo muy orgánico y después intento darle forma. En el caso de la próxima temporada, enseguida vi que la cuestión de la vida humana, la cuestión de la relación del ser humano con la vida, la muerte, la naturaleza, etc., estaba muy presente en todas las obras que habíamos planteado. Por eso decidí añadir a última hora las tres piezas de Dvorák para poder hablar de naturaleza, vida y amor. Pero hay pilares que articulan la temporada al margen de esto, por supuesto.
Hay tres proyectos de grandes dimensiones sonoras y con una dimensión escénica innegable. Abrimos temporada con El anillo sin palabras de Wagner, en el arreglo de Lorin Maazel, con una propuesta muy potente de iluminación y movimiento escénico. También abordaremos la Sinfonía fantástica de Berlioz, tocaremos Así habló Zaratustra de Strauss y ya para el cierre de temporada haremos Iván el terrible de Prokófiev, en una nueva colaboración con el Orfeón Donostiarra y con Pedro Piqueras como narrador, en una colaboración que nos ilusiona mucho.
Mencionaba ahora la dimensión escénica de algunos de estos conciertos y lo cierto es que tienen ya una larga experiencia generando proyectos escénicos propios que después han tenido un recorrido exitoso en otro escenarios.
Así es, la próxima temporada no tenemos una producción escénica pero hemos hecho muchas a lo largo de estos años, algunas de enorme éxito como la Carmen que pusimos en pie con Emilio Sagi y que nos han comprado después para montarla en Sevilla, Oviedo, Montevideo y Buenos Aires. De igual manera, el Romeo y Julieta que hemos estrenado esta temporada con Asun Noales, lo llevamos este verano a Francia y a Eslovenia, con una treintena de bailarines. También ha circulado mucho nuestra producción de El amor brujo.