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Cosme Marina 

Cosme Marina, director del Festival de Teatro Lírico de Oviedo: "El complejo de lo español persiste en la música"

Días antes de arrancar el XXV Festival de Teatro Lírico Español, entrevistamos a su director, Cosme Marina, para hablar con él sobre los orígenes del festival, su situación actual dentro de la programación musical ovetense y por supuesto, sobre las obras que se han programado para esta temporada. 

¿Podríamos decir que Oviedo cuenta con la segunda temporada de zarzuela más importante del mundo? Creo que no existe temporada estable en otro lugar además del teatro de la zarzuela en Madrid…

A día de hoy, existen dos temporadas de zarzuela públicas en España: la del Teatro de la Zarzuela de Madrid, a la que está obligada por estatutos, y la del Teatro Campoamor de Oviedo. No obstante, debemos tener en cuenta que aún se realizan otras iniciativas puntuales o de carácter privado que viene a complementar a estas dos temporadas públicas y plenamente consolidadas en el tiempo.

¿A qué se debe la escasez de temporadas públicas que respalden el género?

El problema no es sólo de la zarzuela, sino de la música española en general. Existe un absurdo complejo, que viene de muy atrás, y consigue arrinconar cualquier composición de origen nacional. Ha pasado con el sinfónico, con la zarzuela, y con muchos otros géneros. En este contexto, es triste ver como un patrimonio musical tan valioso y de tanta entidad va quedando atrás ante la desidia de los poderes públicos. De la misma forma que las instituciones están obligadas a restaurar el patrimonio monumental de nuestro país, también deben velar por los intereses del patrimonio inmaterial, la música en este caso, asegurando su pervivencia y evolución.

La zarzuela no sólo carece de apoyos institucionales, sino que además está obligada a ver como la práctica totalidad de los recursos estatales se destinan a temporadas de ópera u otros eventos. Quizás desde el sector público alguien opine que con mantener un teatro en Madrid es suficiente, pero lo cierto es que no existe un convencimiento, una creencia real de que la zarzuela es un género musical a la altura de cualquier otro. Por supuesto, no existen bases objetivas que sostengan esa supuesta inferioridad, ni en cuanto a calidad, ni en cuanto a calidad del repertorio. Sólo un complejo de lo español, continuado y tristemente vigente a día de hoy. La musicología ha ayudado en gran medida a mejorar esta situación, trabajando en la recuperación y puesta en valor de la música española, recuperando obras que de otro modo se habrían olvidado irremediablemente.

¿Ésta falta de convencimiento se produce únicamente a nivel estatal?

Claro que no. A nivel estatal, regional, municipal… Mantener el género ha de ser un compromiso de todos y, de no producirse un cambio de mentalidad global, la zarzuela corre el riesgo de acabar reducida a un montón de partituras acumuladas en una estantería.

¿Por dónde pasa, en su opinión, la revitalización del género?

Sin duda es necesario programar más zarzuela y programarla mejor. La zarzuela ha pagado una época en la que se hizo muy mal, lo que generó rechazo en algunos sectores del público. Por suerte, desde hace ya mucho tiempo esto no es así; la zarzuela se programa hoy en día con la calidad que merece. En este contexto existe un gran debate: el de la renovación del género. No hablo sólo de nuevas escenografías, sino también de un trabajo de índole musicológica, recuperando partituras que se encontraban en muy mal estado y, sobre todo, hablo sobre la creación de obras nuevas. La zarzuela y la lírica española en general no pueden verse como algo cerrado, hay que seguir apostando por la nueva producción de títulos. La zarzuela ha sido siempre un género pegado a la actualidad y creo que tenemos una actualidad lo suficientemente rica como para que se siga haciendo lírica en torno a ella. 

Claro, pero ahora la sociedad se ve reflejada en otros géneros. Ahora existe internet, las redes sociales… ¿Es posible que la lírica vuelva a reflejar la sociedad como lo hacía antaño?

Sí, por supuesto. Por ponerte un ejemplo, ahora ha llegado al Teatro Real Dead man walking y sin duda los estrenos están fluyendo a través de los circuitos. Esto quiere decir que las cosas se están haciendo bien. Por supuesto, los estrenos de ópera ahora no tendrán el impacto que tuvieron en el siglo XIX, pero indudablemente sí tendrán un efecto. 

La zarzuela tiene que engancharse a esto. Por una parte, debe hacerse una revisión integral del repertorio, pues aún queda mucha zarzuela de calidad que no ha pisado los escenarios y, por otra, se debe apostar fuertemente por la creación de nuevos títulos. Es la única forma de enganchar a la gente joven al teatro. Según nuestra experiencia en Oviedo estos últimos años, las apuestas más arriesgadas, como Maharajá o Cómo está Madriz!, son las que consiguieron bajar la edad media del espectador en treinta años. Sin duda hay que apostar por la revitalización del género, integrando al espectador habitual, pero buscando siempre la incorporación de nuevo público.

¿Seguirá siendo posible la zarzuela dentro de cincuenta años?

¡Claro, y de cien! Debemos seguir luchando para que exista más y mejor zarzuela, y esta lucha debe producirse en varios frentes. El mayor reto de la zarzuela ahora consiste en superar la encrucijada del cambio de público. Diez o quince años atrás, la ópera ya supo escoger el camino correcto en nuestro país y, en estos momentos, la patata caliente nos corresponde a nosotros. 

¿Existen programas, en el Festival de Zarzuela oventese, para acercar la zarzuela a los escolares tal y como se realiza en la Temporada de Ópera?

Desafortunadamente no, y esto se debe a una carencia organizativa. El Festival de Zarzuela está incluido dentro de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo, dónde se cuenta con muy poco personal. Para llevar a cabo este proyecto, sería necesario incorporar nuevos profesionales. Yo mismo lo he solicitado hace unos años y aún no ha sido posible, aunque es una asignatura pendiente que espero se llegue a aprobar en las próximas temporadas.

Desde la temporada pasada el número de funciones se ha reducido a dos ¿Qué ha supuesto tomar esta decisión?

Evidentemente, nosotros trabajamos sobre un presupuesto total, a partir del cual se elabora el programa. Dado que éste se ha reducido, hemos tenido que adecuar nuestra oferta a las nuevas posibilidades económicas. En su momento se planteó reducir el número total de títulos, aunque finalmente se optó por quitar una de las funciones para evitar quedarse tan cortos. Creo que menos de cuatro títulos no pueden constituir un festival. Por otro lado, espero francamente que esta situación sea reversible, y en el futuro pueda trabajarse para recuperar las funciones perdidas. La temporada pasada se ha evidenciado que dos funciones se quedan muy cortas para los títulos más populares, como fueron Doña Francisquita o Maharajá

¿Podemos decir que la zarzuela gusta en Oviedo?

Por supuesto, en el Teatro Campoamor han convivido siempre la zarzuela y la ópera, con histórica superioridad de la primera. Esto es razonable, dado que la mayoría de compañías que visitaron la ciudad a lo largo del pasado siglo eran españolas y acostumbraban a traer un repertorio de zarzuela. Evidentemente esto era así porque existía una demanda por parte del público, demanda que sigue existiendo a día de hoy. Actualmente, las funciones del Festival de Zarzuela se encuentran siempre por encima del 90% de ocupación.  Esto es una cifra considerable si consideramos que el Campoamor es un teatro grande, con unas 1440 localidades. De todos los espectáculos programados por la Fundación Municipal de Cultura, consigue siempre unos ratios de venta y ocupación envidiables.

Al hilo de esto, se demuestra que el público ovetense tiene gran interés por el género. Y no sólo en los títulos más populares, sino también en otros menos conocidos por el gran público.

¿Cómo nace entonces el Festival de Teatro Lírico Español que existe actualmente?

En 1992, con ocasión del centenario del Teatro Campoamor, se representaron dos zarzuelas con enorme éxito de púbico, debido en parte a unos años entre finales de los 80 y principios de los 90 donde se programó muy poca zarzuela en el teatro. El éxito arrollador de estas funciones impulsa que, para el año 93, se cree todo un festival únicamente dedicado al género. Sería dicho festival el que también empujaría a la creación de una orquesta -que actualmente es la Oviedo Filarmonía- y a la vinculación del Coro de la Capilla Polifónica con la programación de zarzuela en Oviedo. 

¿Es positivo que el Estado financie los actos culturales como la ópera o la zarzuela? ¿Deberían autofinanciarse en mayor medida?

Por supuesto, si hablamos en términos exclusivamente económicos, la cultura nunca ha sido rentable. De no ser por el apoyo papal, Miguel Ángel nunca habría construido la Capilla Sixtina. No obstante, debemos tomar conciencia de que el dinero destinado a cultura no es un gasto, sino una inversión. Además, está recogido en la Constitución Española y en la Carta de los Derechos Humanos la obligación de los poderes públicos de acercar la cultura a la población. Desde luego, existen muchas formas de conseguir esto, pero obligar a estos espectáculos a autofinanciarse y forzar a que las entradas cuesten más de trescientos euros, lleva a la creación de guetos e imposibilita el acceso a la mayoría del público. 

Por otro lado, si particularizamos en Oviedo, la zarzuela es un gran motor de empleo que, con cada título, da trabajos a más de doscientas personas. Hablamos por tanto de doscientos empleos de alto valor añadido, tales como técnicos, músicos, coristas, intérpretes, maquilladores, electricistas… El teatro es, en suma, una industria cultural de primer término. Para una población como Oviedo, disponer de un teatro que da trabajo de forma continuada a cerca de doscientas personas es un hecho muy relevante. 

Centrándonos ya en los títulos programados esta temporada, toca hablar de El cantor de México, La verbena de la Paloma, La malquerida y La tabernera del puerto. ¿Podría decirnos como surge la decisión de elegir estos títulos?

Mire, nosotros tenemos un convenio con el Teatro de la Zarzuela desde hace muchos años. Así, nosotros trabajamos con ellos para ver que funciones tiene mejor encaje en Oviedo, tanto por medios técnicos como por el perfil de la temporada. Como sabe, este año nuestro Festival cumple 25 años, y hemos querido mostrar la riqueza que posee la lírica española sirviéndonos de estilos muy diferentes. Desde el género chico a la zarzuela grande, pasando por la ópera. Así, por primera en nuestras temporadas hemos programado una opereta francesa El cantor de México, buscando hacer un guiño a un “género hermano” pero que, además, en el caso concreto de esta obra, tiene muchos vínculos españoles. Sin duda, nos parecía una buena forma de celebrar en tono festivo los 25 años del Festival.

Por otro lado, con La malquerida buscábamos programar un título muy poco conocido por cada temporada, algo habitual en nuestro Festival, y éste se adaptaba perfectamente a nuestras intenciones. Es una zarzuela que nunca se ha programado en Oviedo y una creación de Penella muy poco conocida en el contexto español.

Sobre los dos títulos restantes: La tabernera del Puerto y La verbena de la paloma, la primera la hacemos en colaboración con Madrid, mientras que la segunda se tratará de una producción propia. Una producción propia que viene un poco al hilo del Maharajá de la temporada pasada. Cuando trabajamos con Maxi Rodríguez el año pasado, nos dimos cuenta de que es un director de escena muy interesante que realmente puede aportar mucho al género en cuanto a revolución. Por ello, la idea era darle a él la dirección de escena de una obra de repertorio como la verbena de la paloma, para que trabaje con ella revisándola y dinamizándola. Creo que ésta en concreto es una obra que se presta muy bien a ello. Además, con independencia del resultado, creo que el intento merecerá mucho la pena. En ningún caso debe permitirse que el miedo a realizar algo nuevo acabe desembocando en una manera de hacer las cosas totalmente monótona y preestablecida.  Semejantes trabas únicamente obstaculizan el discurso escénico. 

En el primero de los títulos: El cantor de México, podremos ver a Rossy de Palma. Hace un par de temporadas, en Cómo está Madriz! se subía al escenario Paco León. ¿Supone una vuelta a los inicios del género incluir a actores populares en papeles de zarzuela?

Eso es, siempre recordaré de niño a Alfonso del Real interpretando en innumerables ocasiones a Don Hilarión, y haciéndolo maravillosamente bien. Una de las cosas que más me gusta de la zarzuela es que es un género muy híbrido y transversal, capaz de agrupar innumerables conceptos. En una zarzuela se necesitan cantantes, pero también actores, bailarines… Profesiones artísticas muy diferentes que se unen para sacar adelante ese espectáculo. Captar actores así para el mundo de la zarzuela es muy positivo, dado que la vuelve visible para mucha gente que nunca la ha escuchado o se ha interesado por ella. Cuando se realizaban aún los Premios Líricos en Oviedo, el papel de presentador solía recaer en figuras conocidas, como la propia Rossy,Boris Izaguirre, Bibiana Fernández… Fue entonces cuando nos dimos cuenta que esa hibridación era muy positiva para la lírica.

 

 

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