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Roa

Miguel Roa, caballero sin espada

Ayer, 4 de febrero de 2016 nos dejó a los 71 años uno de los músicos que más ha hecho por la zarzuela y por las jóvenes generaciones de directores en nuestro país. Estamos hablando del Maestro Miguel Roa (Madrid 1944). Es normal que en los obituarios se haga una semblanza biográfica del personaje, pero considero que de su trayectoria y de sus logros se ha hablado y se seguirá hablando por mucho tiempo: sus tempranos inicios en la dirección (debutó con 20 años), sus años en Italia, su labor de más de un cuarto de siglo como director musical en el Teatro de la Zarzuela, sus conciertos por todo el mundo con artistas de la talla de Plácido Domingo llevando la música de nuestro teatro lírico a lo más alto, sus revisiones impecables de las grandes obras de nuestro acervo musical, etc. etc. Creo que voy a hablar un poco de la persona, de la persona a la que traté y que, por supuesto, es imposible disociarla del músico.

Le conocí en Madrid en 1988, cuando la temporada de ópera en Madrid se celebraba en el Teatro de la Zarzuela. En 1990 fui contratado por este Teatro como maestro repetidor y mi jefe directo era el Maestro Roa. Más que un jefe era un compañero, más que un compañero se convirtió en un mentor, pues él personalmente propició mi debut como director de orquesta ese mismo año y mi debut en el Coliseo de la calle Jovellanos en 1993. Para él era algo normal apoyar a los directores más jóvenes. Hubo otros antes que yo y ha habido varios después. Se interesaba por los músicos de las generaciones posteriores a la suya con una generosidad fuera de lo común. Compartí muchos momentos con el Maestro; recuerdo con especial cariño las giras a México, dónde yo iba en calidad de asistente suyo y a Washington, donde alternábamos las funciones en el podio a petición suya. Una vez más ¡qué generosidad!

Miguel Roa era muy ameno también fuera del trabajo, porque su sentido del humor era inagotable. Podíamos entablar duelos de chistes durante horas. Le gustaba parecer trivial, pero no lo era en absoluto. Recuerdo conversaciones largas sobre todos los temas imaginables, y sabía de todo. Poseía una cultura vastísima que le gustaba disimular. Nunca quiso parecer el más listo de la clase, pero cuando tomaba confianza, las conversaciones podían convertirse en verdaderas clases magistrales. Se emocionaba al hablar de su mentor, el Maestro Igor Markevitch, y de como a su lado, siendo casi un adolescente todavía, había conocido personalmente a Picasso y Stravinsky entre otros genios del siglo XX. A mi pregunta: ¿Y qué decías cuando estabas delante de esta gente?, él contestó lacónica y francamente: “Callar, escuchar y aprender de ellos”.

Del Maestro Miguel Roa se aprendía mucho escuchándole y viéndole trabajar. En su despacho siempre estaba con una partitura en el atril y papel pautado sobre la mesa revisando y corrigiendo zarzuelas para su posterior edición o porque las tenía que dirigir. Cuidaba con esmero cada detalle. Sus manuscritos eran impecables; su ojo para encontrar errores e incluso mejorar detalles de la obra en cuestión era proverbial.

Defendía a capa y espada a nuestros autores, pero era consciente de que muchos no habían tenido la preparación que tuvieron compositores de otros lares en cuanto a técnica se refiere (España ha sido un país en el que sus gobernantes no han prestado atención a la cultura en general, más bien le han dado la espalda en muchas ocasiones, y eso se ha notado en este tipo de cosas; recuerden si no en años recientes la LOGSE) y en estos casos siempre hablaba de “peinar” la partitura. Eran pequeños detalles, pinceladas si se nos permite usar el término pictórico, que de forma discreta mejoraban la orquestación original.

Cuando pasen los años, seguramente la perspectiva general nos hará ver a Miguel Roa no sólo como el gran director comprometido con la zarzuela que fue, sino como alguien que hizo mucho por ella, por preservarla y elevarla al nivel donde merece estar por derecho propio. Un brindis por el primer director que llevo una zarzuela de género grande (no género chico como erróneamente se ha dicho en otros medios) al Teatro de la Scala de Milán, concretamente Luisa Fernanda.

Gracias Miguel por todo lo que nos diste.

* Miquel Ortega es compositor, director de orquesta y pianista

 

 

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