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El aislamiento del crítico de música clásica (I): El presente y futuro digital

No son pocas las situaciones que llevan al crítico a la reflexión. O así debería ser. Escuchar y reflexionar. Lo segundo siempre en mayor cantidad que lo primero, y teniendo claro que lo primero ha de ser mucho. Reflexionar ya no sólo sobre la música o el hecho musical, sino sobre la razón de ser y el cometido de quien escribe acerca de música clásica. Prácticamente al mismo tiempo, quien firma estas líneas asistía a dos hechos que han terminado por motivar esta serie de artículos sobre el aislamiento, la desconexión del crítico con la actualidad y la realidad que le rodea.

Semanas atrás compartía velada con colegas de profesión, responsables de varios medios especializados, poniéndose sobre la mesa la cuestión de los jóvenes y la crítica musical. Mis compañeros, la mayoría, se echaban las manos a la cabeza porque no parece haber ya novicios y novicias que estén verdaderamente enamorados de, vuelvo a ello, la música, el hecho musical y la crítica de música clásica, como profesión y como referente. Por supuesto, como mal generalizado, había quien apuntaba que la culpa era enteramente de las nuevas generaciones. En un momento dado, quise introducir una serie de preguntas: ¿Puede ser que algo se haya hecho mal desde generaciones anteriores, para que los jóvenes no encuentren reflejo, verdad o necesidad en la crítica musical? ¿Puede ser que se haya generado un apagón, una desconexión con quienes vienen detrás, por las formas que se han tenido de hacer las cosas durante años? ¿Puede ser que los nuevos medios y formas hayan sobrepasado a los críticos apoltronados con años de oficio a sus espaldas? Preguntas completamente abiertas, puramente reflexivas, que no fueron contestadas, prefiriendo seguir apuntando hacia los demás como culpables. ¿No es una demoledora contradicción que el crítico no sea capaz de realizar autocrítica? Y estoy hablando de una ruptura con los jóvenes todo el tiempo, pero me atrevería a decir que, en realidad, es algo generalizado.

La segunda causa de estas líneas gira en torno al canal de comunicación, presente y futuro, con el que trabajan los críticos de clásica. A quienes sigan la actualidad política, sabrán que hay cierta polémica en Madrid puesto que Manuela Carmena, actual alcaldesa de la capital, no puede debatir sobre la ciudad en medios de comunicación públicos al ser su partido político de nueva creación. Son cosas de la ley, pero ¿tiene sentido un debate sobre Madrid sin la participación de la alcaldesa? Ahora, imaginen ustedes que asisten a una conferencia o a un debate sobre los retos de los barcos de vapor, en la que sólo participan experimentados -o no- marineros de goletas y caravelas. O de cocina con microondas, impartida por tahoneros. ¿Les resultará interesante la experiencia? Puede. ¿Práctica, real, reflexiva, completa? Absolutamente no. Es esa misma sensación de frustración la que, una vez más, se apodera del mundo universitario, donde algunas de sus facultades no parecen conseguir (o querer) explotar esa absurda burbuja que les aisla de, al menos, parte del mundo profesional y de la realidad de la que deberían ir de la mano. Una negación totalmente destructiva con su propia razón de ser.

El Departamento de Musicología de la Universidad Complutense de Madrid ha organizado, hoy 9 de mayo, las I Jornadas internacionales Crítica y periodismo en la era digital. Dejando a un lado lo accesorio del término “internacional”, entre los participantes no se ha convocado a ni un solo medio digital de nuevo o viejo cuño. De hecho, responsables de algunos medios convocados se sorprendían en redes sociales de la participación de sus colaboradores, a título personal, pero bajo el nombre de la publicación, sin haber tenido noticia de la organización de estas jornadas. La cuestión, una de ellas, es que no parece tener sentido alguno el sentar a respetados profesionales que no tienen contacto diario – diría que ninguno – con lo digital para hablar de lo digital. Ni siquiera de lo “digital” como sinónimo rebuscado de “actualidad”. ¿De qué retos puede hablar quien no se enfrenta a ellos? ¿Por qué no un asiento para alguna radio digital, como Clásica FM, al lado de Radio Clásica? ¿Por qué no un espacio para Mundoclasico, que al fin y al cabo lleva 20 años publicando en digital? Y sin falsa modestia, ¿por qué no un micrófono para Platea Magazine, la revista impresa y digital de clásica con más lecturas diarias (analizadas por medidores externos), mayor interacción en redes sociales (un 500% más que su inmediato seguidor) y que, no lo digo yo, sino alguno de sus redactores: ha forzado a su competencia a intentar actualizarse en sus webs, sus diseños y maquetaciones, su contenido y su social media? Platea aparte y en cualquier caso, ¿qué validez tiene este debate que se ofrece de forma fragmentada y falsaria a quienes asisten a él? ¿No sería muchísimo más enriquecedor y directamente realista para el público, contar además con los medios que sí hacen por transformar la comunicación de la clásica en nuestro país? La desconexión de la realidad, de los jóvenes y los nuevos musicólogos que asisten (o no) a clase de crítica musical comienza por aquí, haciéndonos nostros mismos trampas al solitario, persiguiéndonos la cola en círculos como perros que no saben ver más allá de sí mismos.

Me pregunto qué lleva a la Complutense y su Departamento de Musicología a cerrar ventanas y paisajes a los jóvenes estudiantes de musicología con debates impostados. Insisto, me duele tanto que hayamos creado una desconexión total entre estos jóvenes talentos y la crítica musical como profesión, como referente… Culpa de ello la tienen, primero de todo, los críticos de generaciones anteriores, pero también jornadas como estas, cuyos responsables parecen querer abocar a la musicología al maravilloso, pero limitadísimo universo de la investigación académica. La crítica musical también abraza y debe abrazar la investigación, la denuncia (¡primero de todo!), la información y por supuesto el análisis. Todo ello es parte de la crítica más allá del artículo de turno comentando la función de turno, pero ¿qué podemos esperar si ya desde la base de la formación planteamos mal la reflexión, que ha de ser la base de todo crítico?

La primera mesa redonda de estas jornadas ha sido titulada: “Retos para la crítica de la música clásica: la era de internet y su convivencia con los medios tradicionales”. Cada día dedico al menos diez minutos a ver qué está haciendo mi competencia. Para saber cómo mejorar yo, puesto que, con 32 años, al fin y al cabo he crecido bajo su influencia, pero ¿Quieren saber cómo se han enfrentado a esos retos las revistas impresas que han sido convocadas? Yo se lo resumo, aunque estaría bien que la moderadora Ruth Piquer (quien por cierto no ha tenido ocasión de contestar a nuestros mensajes) trasladase a la mesa, a modo de preguntas abiertas, las siguientes cuestiones: A los responsables de esta revista se les ha intentado pagar en varias ocasiones, incluso poner un sueldo, a cambio de cerrar Platea Magazine. A redactores de esos medios, sus responsables les han prohibido escribir para Platea bajo amenaza de cerrarles las puertas de su publicación. O se ha rogado a entidades y agencias que, con excusas de lo más variado, no inviertan dinero en la misma. Todo ello, por cierto, al mismo tiempo que esos mismos responsables te dicen “lo estáis haciendo muy bien”, olvidándose de que todos hablamos con todos. Este es el maravilloso ambiente cainita que vive la crítica clásica en nuestro país. ¡Cómo no van a querer no saber nada los jóvenes de medios así!

Por supuesto, un punto de vista que sin duda será esgrimido en estas jornadas es que ahora cualquiera escribe. Sí, y cualquiera diseña, fotografía, pinta, maquilla, canta o baila. Es lo maravilloso -y lo aterrador, tal vez- de nuestro presente: la democratización del canal de comunicación. Pero no por ello cualquiera es crítico, diseñador, fotógrafa, pintor, maquilladora, cantante o bailarina; como bien demuestran algunos que llevan escribiendo muchos años en medios impresos. En comparación con anteriores generaciones, donde se recurría y recurre al simple peloteo en círculos, algo alejado completamente de sanas amistades, como puede observarse en cualquier auditorio de nuestro país, personalmente encuentro muchísimo más enriquecedor que hoy en día, quien sea muestre su punto de vista en un blog, canal de youtube, red social o web propia y que desde ahí pueda llamar la atención de los responsables de medios de comunicación. Lo otro agota sólo con verlo. La historia nos ha demostrado que el saber lo da el leer, el experimentar, practicar, estudiar, el ver y escuchar. Vivir. Todo lo demás es accesorio.

Sobre lo digital y aun siendo consciente de que estoy realizándole el trabajo a mi competencia, apuntar algunas cuestiones básicas sobre las que reflexionar. Sabemos que alrededor del 50% de las visitas que recibe un medio de comunicación en su web, hoy día, se realizan a través de las redes sociales. Es por tanto primordial cuidarlas. Esto es: como medios de comunicación, no es permisible el estar días, fines de semana, festivos y vacaciones sin realizar publicaciones. Del mismo modo que no es permisible que una revista de clásica, por ser de clásica, cierre durante el mes de agosto, como hacen prácticamente todas, porque la actualidad no descansa. Tampoco es lógico que una revista pase en 48h de tener 9.000 followers en Facebook a 17.000 y no tener prácticamente interacciones, porque eso sólo significa que sus seguidores no son reales ni mucho menos fieles o personas interesadas realmente en su revista. Siguiendo esa línea, es completamente risible que una web no se canse de mostrar sus cientos de miles de lecturas mensuales (aportadas por su propio servidor) cuando tiene una media de interacción que no llega ni a 1 por publicación. Son cuestiones como digo muy, muy básicas que no se han sabido ver desde el principio por parte de algunos medios, sin tener claro que no se pueden hacer, insisto, trampas al solitario. Las redes sociales nos abren una serie de canales de comunicación directos con nuestros lectores que apenas hemos empezado a saber utilizar. Desde Platea tenemos el control de Facebook y Twitter, por ejemplo, con la mayor tasa de interacción, publicaciones y lecturas, pero mucho nos queda por hacer con otras como Instagram o Youtube, imprescindibles sobre todo entre los más jóvenes.

Las precarias situaciones económicas que por lo general viven las revistas de clásica en nuestro país provocan además que, en esta inmediatez del mundo digital, se pierda en profundización de la información, puesto que no pueden permitirse contar con una redacción que de cabida y análisis a toda la actualidad. Esto es, por ejemplo en Platea se ofrece la mayor cantidad de programación e información al respecto, pero créanme que no con toda la hondura que sus responsables desearíamos. Del mismo modo, se da con todo ello la circunstancia de que en la mayoría de medios se supedita la información práctica y la crítica a otros géneros a la hora de hablar de lo digital. Esto es, por falta de tiempo y recursos se dejan de lado ventanas maravillosas como es la entrevista o los artículos de investigación y reportajes, que no se ofrecen en una cantidad estimable.

Con todo ello, como reflexión y resumen final, aunque la Complutense haya querido vestirlo así, lo digital lleva ya años que para algunos medios no supone ningún reto en tanto en cuanto lleva mucho tiempo significando nuestro presente y nuestro día a día. Comenzar unas jornadas en torno a ello (¡en 2019!) con quienes no se enfrentan a tal realiad, es una trampa, como tantas otras que la crítica clásica en nuestro país se hace en el mundo digital y, por supuesto, más allá, pero de eso hablaré en próximos artículos.

Foto: Disney.

 

 

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