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RUTH INIESTA: "LOS CANTANTES DE ÓPERA NO SOMOS ESTRELLAS DE CINE AUNQUE ALGUNOS SE EMPEÑEN"

La soprano zaragozana Ruth Iniesta se encuentra en un imparable ascenso en la carrera de la lírica. Un momento dulce que se ve coronado con el Premio Campoamor a cantante revelación. Hablamos con ella para saber cómo ha recibido este prestigioso galardón y cuales son sus próximos proyectos.

¿Cómo recibió este Premio Campoamor a cantante revelación?

Yo estaba en Bogotá, cantando La del manojo de rosas, con unas cuantas horas menos de diferencia, por lo que cuando se anunció yo estaba durmiendo y al despertarme me encontré con muchísimos mensajes preciosos felicitándome. Siendo sinceros, yo no consideraba que vocalmente hubiese hecho algo realmente reseñable como para merecerme el premio, así que no lo esperaba. Había cantado La ópera de cuatro notas, en los Teatros del Canal, que no es cantar una Liù… Y luego Luna de miel en El Cairo en el Teatro de la Zarzuela.

La ópera no es sólo voz…

Yo siempre defiendo eso, y en general, para mucha gente, la ópera no es sólo voz, pero yo pensaba que para la gente que decide estos premios sí. Quedó demostrado que valoran el conjunto del artista y me han hecho un "regalazo". Mi maestro Juan Lomba me dicen que ahora donde de verdad me van a estar esperando es en la ópera, porque este premio no lo recibo por ópera como tal en realidad; así que en la ópera estaremos, demostrando todo lo que tengo que ofrecer.

Estos premios se entregan por la crítica… ¿son fiables?

(Risas). Sinceramente, estoy cansada de la gente que dice “Yo no leo las críticas”.

Todos las leen.

¡Claro! ¡Yo siempre las leo! Hay que leerlas con cabeza, eso sí. Sabiendo de dónde vienen, quién las escribe y por qué las escribe.

¿Hasta que punto una crítica puede hacer dudar a un cantante sobre sí mismo?

Mucho. El efecto de una crítica buena dura dos días, el de una mala puede hacerlo toda la vida. Que te señalen no es algo que se lleve bien. Lo que hay que tener es un círculo personal de confianza, en el que puedas apoyarte y puedan darte una opinión objetiva y sincera.

Muy sincera la veo a usted, ¿hasta cuándo puede mantenerse esta sinceridad en una carrera de ópera?

¡No lo sé! (Risas). Igual es un error que estoy cometiendo o quizá volvemos a tener esta conversación dentro de cinco años y le contesto de otra manera. Que nadie espere que diga lo que se supone debo decir en cada momento porque no sé hacerlo.

¿Y qué le pide el cuerpo ahora, tras recibir el Campoamor?

Siento la necesidad de salir fuera a cantar, por toda Europa. Por ejemplo Adina en L'Elisir, que tengo rodadísimo, o Amina, que es un papel que adoro y tengo ahora muy interiorizado. Incluso me ofrecieron hace poco cantarlo en el segundo reparto de La Sonnambula en ABAO de Bilbao, pero no me encajaba en la agenda ya que tenía que estar presente para el ensayo musical con el Maestro y me coincidía con las últimas funciones de las Tonadillas en la Fundación Juan March, lo cual me ha dado muchísima pena. La ópera dramáticamente no tiene demasiada enjundia como pueden tener al menos L’Elisir d’amore o Don Pasquale, pero vocalmente es un caramelo, maravillosa.

¿Qué pasos, qué papeles le dice su instinto que debería cantar a continuación si sólo dependiese de usted?

Por elegir papeles… ¡Hay tantos que quisiera hacer! Una evolución que me parece muy inteligente es la que ha realizado Diana Damrau, y es verdad que tenemos mucho repertorio en común, ¡por lo que firmaba por hacer una carrera parecida! Ella empezó con la Reina de la noche en Die Zauberflöte, personaje que actualmente estoy trabajando y preparando. He preparado Pamina, pero mi voz ahora mismo está para cantar la Reina.

¿Cómo es su voz?

Le iba a contestar lírico-ligera estándar, pero mi maestro Juan Lomba siempre me dice que tengo la ventaja de tener una gran extensión combinada con mucho cuerpo, gracias también a que el centro lo trabajé mucho en el musical, cogiendo más espacio, mientras he ido ganando extensión. Así lo que me gusta de mi Reina es que es una reina como le digo con cuerpo en toda su partitura, no sólo los fa agudos. Pero igualmente podría cantar una Manon de Massenet…

¿Se ve como para cantar Manon ahora mismo?

Si le soy sincera, ahora mismo no, por la resistencia física que me exigiría. Creo que es demasiado pronto y no quiero forzar mi cuerpo. Todo ha de venir como una evolución lógica y natural, así que llegará, tarde o temprano pero llegará. Sería como cantar una Traviata… No tengo necesidad de meterme a cantar su tercer acto, no sería lógico.

¿Hay personajes que uno ha de dejar pasar sí o sí para hacer una carrera por más que a uno le gusten?

Sí. Cada día me doy más cuenta de que también depende mucho de los factores en los que lo vayas a estrenar. También ocurre que muchos programadores se confunden con mi voz; no por tener más centro significa que cante más grave y menos si he de enfrentarme a una gran orquesta o a un director de orquesta que trabaje sobre el forte. Si canto en esas condiciones seguramente lo haga un día y no más.

¿Y ese punto soubrette que le achacan en ocasiones a su voz?

Pues mire, ¿eso es bueno o es malo? Porque lo leí en una crítica de una Norina en Don Pasquale como algo negativo, cuando yo considero que no es así, que puede resultar hasta positivo. Además en aquella ocasión hice, le seré sincera, demasiadas concesiones en escena por las que ahora no pasaría. La cavatina sonaba en una radio, pregrabada, mientras yo corría de un lado vistiéndome en escena, lo que es completamente contraproducente… y al efectuar el trino tenía que salir de escena por una caja, salir a la calle y volver por la otra caja… ¡Y sorprendentemente salía cada nota y cada agudo!

Es usted muy joven, desde su punto de vista, ¿realmente hay tiranía de los directores de escena… o simplemente hay buenos directores y malos directores?

Hay un poco de todo. Los hay que directamente no admiten opinión del cantante porque consideran que no tienen nada que aportar como actor; también los hay que aún nos ven sólo preocupados por nuestra voz y que no nos importa nada más, cuando en las nuevas generaciones no es así y en cualquier caso, el cantante se sube al escenario a cantar, porque a eso vamos. Al flautista de la orquesta nadie le pide tocar corriendo o vestido de faralaes sino que toque bien la flauta. Yo soy partidaria de trabajar actoralmente cada escena lo máximo posible, dado que considero que el director, partiendo de la base de que sea bueno en su trabajo y que tenga respeto por lo que hace, es quien tiene la idea y el concepto en la cabeza. Hay que dejarse guiar siempre por él… pero hasta un punto.

¿No confundimos el teatro, la ópera, con el cine?

Sí. Y no debería ser así. Son cosas diferentes. La magia del teatro y la magia de la ópera no es la magia del cine. Allí hay mil trucos. Hay ideas que pueden resultar muy buenas como espectador pero no para el artista. Los cantantes de ópera no somos actores de cine por más que algunos se empeñen hoy en día. A lo primero que vamos a un teatro es a cantar, no nos olvidemos. Recuerdo ahora los Puritani de Netrebko hace años en el Metropolitan, cantando su aria con la cabeza prácticamente metida en el foso de la orquesta, ¿cómo puede ser capaz de cantar las coloraturas así?

Es que, discúlpeme, no es capaz.

Yo entiendo que la escena gana en el momento en que eres capaz de hacer cosas así moviéndote por la escena, haciendo cosas, con un mayor movimiento. La cuestión es, supongo, conocer tus límites y hacerlos respetar.

¿Será que estamos perdiendo el concepto de ópera en torno al canto?

Totalmente. Este mundo de la ópera ha cambiado muchísimo en los últimos años y los cantantes ya no parecemos tener ningún poder de decisión en la mayoría de las ocasiones. ¿Por qué siempre nos centramos en la escena y si pedimos cantar las cosas de otra forma, más cómoda, para facilitar el canto, nos dicen que somos unos vagos, cómodos o divos?

Volviendo a su carrera, me hablaba antes de salir a Europa a cantar. Este verano, tengo entendido, visitará Italia…

Sí, cantaré La Donna del Lago junto a Juan Diego Flórez en el Festival Rossini de Pésaro. También participaré en un recital y después cantaré Les Pêcheurs de Perles, de Bizet en Galicia junto a Pancho Corujo y Paul Daniel. Ya le digo, mi intención ahora es ampliar circuito.

Y mientras tanto volverá al Teatro de la Zarzuela con Chateau Margaux y La viejecita. ¿Hasta cuándo la zarzuela?

¡Toda la vida!

Ahora en serio…

Mire, yo siempre seguiré cantando zarzuela. Ampliaré circuito, roles, teatros, pero siempre volveré a la zarzuela. Hay un prejuicio muy extendido sobre que quién canta zarzuela no sabe cantar ópera. Evidentemente no es cierto y mientras canto Massenet, Donizetti o Bellini, cantaré zarzuela.

¿Se perderá Ruth en Ruth Iniesta en la vorágine de la lírica?

No quisiera. Si dentro de un tiempo llega ese momento tendré que parar y reflexionar qué he hecho mal.

 

 

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