
Pedro Ignacio Calderón, cultor de la dirección
Extraña paradoja. El pasado lunes 13, el Día internacional del director de orquesta conmemoraba la desaparición de Carlos Kleiber, quien tuvo su primera formación en Argentina junto a su padre Erich y otros maestros. En la madrugada de ese lunes nos dejaba en Buenos Aires el maestro Pedro Ignacio Calderón, a sus 92 años y siete décadas de carrera.
Sabida la noticia en España, recordábamos con José Luis Basso los magníficos años musicales de Buenos Aires y La Plata, aquellos de la época estudiantil y de principios de carrera. Un jovencísimo José participó, como director del Coro Estable del Teatro Colón, de la función de gala del 9 de julio de 1989. Yo asistí a los ensayos de ese Gran Finale Secondo de Aida con artistas entrañables: Mabel Veleris (Aida); Nelibel Martínez (Amneris); Liborio Simonella (Radamès); Ricardo Yost (Amonasro); Giannantonio Verlatto (Ramfis) y Omar Brandán (Il Re). Junto a ellos, y bajo la dirección del maestro Calderón, el Coro y la Orquesta Estable del Teatro Colón.
Pedro Ignacio Calderón nace cuando Europa y América ya conocían los triunfos de los máximos exponentes de la dirección orquestal argentina del momento, los maestros Héctor Panizza (1875 / 1967) y Ferruccio Calusio (1890 / 1983) ambos estrechísimos colaboradores del mítico Arturo Toscanini. A estos pioneros, le seguirán los tres hermanos Castro, los directores José María (1892 / 1964), Juan José (1895 / 1968) y Washington (1909 / 2004), y el director Juan Emilio Martini (1910 / 1996). De la misma década de Calderón serán los maestros Mauricio Kagel (1931 / 2008), Mario Benzecry (1936) y Mario Perusso (1936). Y en las dos décadas sucesivas, Buenos Aires verá nacer a los directores Miguel Ángel Veltri (1940 / 1997), Daniel Barenboim (1942) y Reinaldo Censabella (1950).
Descendiente de Casiano Calderón, destacada figura pública de la provincia de Entre Ríos, Pedro Ignacio Calderón nace el 31 de diciembre de 1933 en Paraná, capital de esa provincia. Gracias a su madre, allí estudiará piano y teoría desde los 7 años. Llega a Buenos Aires con 13 años para iniciar sus estudios secundarios y entra, contemporáneamente, al Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo. Con 15 años, el joven Calderón realiza un curso de dirección orquestal con el director y pedagogo berlinés Hermann Scherchen; según él, allí descubre su futura carrera. Por entonces, será alumno de piano de Vincenzo Scaramuzza (maestro de Martha Argerich y de Bruno Leonardo Gelber) y de Francesco Amicarelli. Completará su formación con los compositores Luis Gianneo, Roberto García Morillo y Alberto Ginastera. Siempre con 15 años, el joven Calderón dirige el concierto inaugural de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, donde también es contratado como pianista. A los 16 debuta en la ciudad de San Juan. Su debut en Buenos Aires data de 1954, en los históricos conciertos que la Orquesta Sinfónica de Radio Nacional presentaba en el Salón de Actos de la Facultad de Derecho de Buenos Aires. En 1955, el joven oposita para maestro interno de repertorio y entra al Teatro Colón. Calderón llegará al podio de ese teatro con 24 años, en 1957, dirigiendo a la Orquesta Sinfónica Nacional, formación que haría propia a partir de 1990.
En 1958 será director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de Tucumán. Tras renunciar al puesto obtenido en el Colón, Calderón gana la beca 1960 de dirección orquestal dispuesta por el Fondo Nacional de las Artes y viaja a Roma para perfeccionarse en la Accademia Nazionale di Santa Cecilia con el maestro Fernando Previtali, dirigiendo por entonces esa orquesta, así como la Orchestra della RAI de Milán. Su regreso a la Argentina lo lleva a la ciudad de La Plata; allí realiza un curso de dirección con el maestro greco-chileno Víctor Tevah Tellias y comienza a dirigir conciertos, óperas y ballets en la temporada de verano del Teatro Argentino, asignándosele reposiciones durante la temporada de abono.
En abril de 1963, Pedro Ignacio Calderón integra la terna que gana el 1º Premio en dirección orquestal del Concurso Internacional de Música Dimitri Mitropoulos que iniciaba ese año. Tras haber superado a 54 candidatos, el italiano Claudio Abbado -nacido también en 1933-, el checo Zdeněk Košler -cinco años mayor- y el argentino Pedro Ignacio Calderón reciben un contrato de una temporada como directores asistentes de Leonard Bernstein en la New York Philharmonic Orchestra. Finalizada esta temporada, y con un gran prestigio a cuestas, el maestro Calderón regresa a Buenos Aires. En 1965, y con 32 años, asume así la dirección de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, formación con sede en el Teatro Colón que Calderón dirigirá durante 25 años. Al año siguiente, crea y dirige el Ensemble Musical de Buenos Aires.
Pedro Ignacio Calderón será también director general del Teatro Colón en un período sumamente convulso del país (1976 / 1977) e incursiona en producciones de cine nacional como El Santo de la Espada (1970), La vuelta de Martín Fierro (1974), De cara al cielo (1979) y Buenos Aires, la tercera fundación (1980). Durante 22 temporadas consecutivas (de 1990 a 2015) será director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional y director emérito a partir de 2015. Con esa formación, el director entrerriano realizará diversas giras por las provincias argentinas, EE.UU. y Japón (1998).
Titular de la Orquesta Estable del Teatro Colón (1992 / 1993), director de conciertos y óperas en esa sala, Calderón dirige también en Sudamérica y en Europa, como los conciertos en Madrid con la Orquesta Sinfónica de RTVE y con la Orquesta Nacional de España. En Francia se presenta con la Orchestre Pasdeloup y con la Orchestre National d’Île-de-France, en Austria con la Tonkünstler-Orchester Niederösterreich, y en Rusia con la antigua Orquesta Filarmónica de Leningrado y la de la Radiotelevisión de Moscú.
En su vasto legado musical, donde asumirá las grandes obras de repertorio y estrenará muchas obras contemporáneas, Pedro Ignacio Calderón dejó hitos, entre ellos el estreno argentino de la Octava Sinfonía de Mahler (1977) o el histórico concierto con Astor Piazzolla, a quien conocía de joven, en el Teatro Colón (1983). El director argentino integró el directorio del Fondo Nacional de las Artes, la misma institución que lo becara en juventud, y recibió diversos reconocimientos a lo largo de su carrera, entre ellos, el Diploma al Mérito Fundación Konex en dirección de orquesta (1989) o el Premio Konex de Platino a la carrera (1999). En 2002, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires lo declara Ciudadano Ilustre de la ciudad a la que había llegado en 1946 desde su Paraná natal.