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Bejun Mehta 03

Otro Puro ciel

Madrid. 09/12/2015, 20:00 horas. Teatro Real, ciclo Las voces del Real. Obras de Mozart, Johann Christian Bach, Gluck y Hasse. Bejun Mehta (contratenor). Akademie Für Alte Musik Berlin, Elfa Rún Kristinsdóttir (concertino y directora).

Para todo aquel público madrileño (y la categoría no es geográfica, pues ya se sabe que todo aquel que pase por Madrid, aunque sea circunstancialmente pasa a ser considerado tal automáticamente) que hubiera tenido ocasión de asistir al Orfeo ed Euridice de Gluck del Auditorio Nacional en febrero de 2014, la oportunidad de volver a escuchar al contratenor Bejun Mehta no podía dejarse escapar, en consideración al buen recuerdo que entonces dejó el cantante. Como entonces, el repertorio ofrecido en esta ocasión correspondió a lo que podemos encuadrar dentro del Clasicismo musical, un variado recorrido que bebe directamente del disco del cantante grabado para Harmonia Mundi (todas las arias ofrecidas aparecen también en la grabación), de tal manera que tanto el disco como el recital comparten título: Che puro ciel; nombre de un aria del Orfeo de Gluck la cual sin embargo no se ofreció en esta ocasión.

No cabe duda que Bejun Mehta es uno de los representantes más destacados de su cuerda, a la altura de otros grandes nombre con los que comparte el ciclo de Las voces del Real. No obstante, ya que de voces va la cosa, es la suya una que tiene indudables puntos positivos pero también otros negativos; de unos y otros nos dejó constancia. Hablando de los primeros, un volumen más que interesante que le permite manejarse a la perfección en auditorios grandes como el del Teatro Real, y con orquestas más nutridas que son propias del repertorio que nos ofreció, frente a las más reducidas del Barroco estricto, lo que sin duda otorga mayor brillantez e impacto a sus actuaciones. Por otro lado, aunque el timbre no es particularmente agraciado, el color resulta más “varonil” que el de otros contratenores y por tanto traduce mejor los personajes masculinos heroicos propios de la Opera Seria, al tiempo que se observa un esfuerzo por mantener la homogeneidad entre registros, tratando de evitar –no siempre lo consigue- cambios bruscos de color, de una forma que quizás solo encuentra paralelo en el catalán Xavier Sabata, esfuerzo que le engrandece como artista. En los aspectos negativos, el rango vocal es bastante corto, con carencias particularmente notorias en la zona aguda (¡qué diferencia cuando debe ascender al agudo de manera súbita a cuando puede hacerlo de forma progresiva o tiene tiempo a “preparar” la nota!), donde muchas veces produce sonidos febles o atacados preventivamente, o temerosamente más bien, en piano. Tampoco resulta nada canónica su forma de ejecutar los trinos, basada en el movimiento de la barbilla (“a la Vivica Genaux”, para entendernos) aunque el efecto conseguido es aceptable.

Si vamos a lo concreto, hay que decir que la impresión general del recital es contradictoria, si comparamos sendas mitades del mismo. La sensación con la que yo particularmente me fuí al descanso fue la de aburrimiento en lo que respecta a su labor, donde pareció que el esfuerzo por mantener una línea de canto correcta tuvo como consecuencia una despreocupación por desarrollar un fraseo intencionado, cantando muchas veces con corrección pero de forma totalmente desconectada del texto; así, no tiene mucho sentido incluir un recitativo acompañado tan largo y complejo como el Perchè tacer degg´io del Ascanio in Alba mozartiano para resultar tan poco expresivo... bien es verdad que mucho mejor estuvo el otro accompagnato, el que antecede al aria Già dagli occhi il velo de Mitridate (el mismo Vadasi! inicial, o la frase Empio a tal segno, no, ch'io non son), aunque no tuvo correlato en el aria, para cuya ejecución el primer adjetivo que se me ocurre es sosa, lo cual es un crimen en Mozart. Sin embargo la segunda parte fue apreciablemente mejor, y ya sea por una mayor confianza del cantante, que las arias eran más adecuadas o cualquier otra razón, se llegaron a alcanzar momentos de gran impacto. Con el prólogo del Pensa a serbarmi, o cara del Ezio de Gluck, aria sin demasiada trascendencia, bien cantada; con Se il fulmine sospendi de la misma ópera el cantante dio rienda suelta a su lado más espectacular, mostrando el carácter heroico que puede desarrollar, así como su capacidad para ejecutar las complejas frases de coloratura con saltos. En la misma linea, Vò solcando un mar crudele del Artaserse de Johann Christian Bach, tal vez la mejor pieza de todo el recital con permiso de la anterior, electrizante, a destacar por sus saltos al grave efectistas pero sin recurrir a lo fácil, que habría sido echar mano de la voz natural, como hacen la mayoría. Dos arias que nos dan la medida de las posibilidades del cantante y fueron justamente ovacionadas.

Donde creo que no hay lugar para la discusión es en lo que respecta a la Akademie Für Alte Musik Berlin, que obviamente no vamos a descubrir a estas alturas, pero que nos dió una muestra memorable de su calidad. Con 27 instrumentistas pudo desarrollar las partes orquestales con adecuado caudal sonoro sin perder nada de flexibilidad y capacidad de matización dinámica. A destacar particularmente la sección de viento al completo, tanto por el impecable equilibrio de sonido logrado con la cuerda a pesar de su nutrida nómina (trompas, flautas, oboes, fagots y trompetas doblados) como por sus numerosas intervenciones individuales, como fueron, por destacar algunas, las del fagot (doblado por las flautas en algunos momentos) en el segundo movimiento de la Sinfonía en Re mayor op 18/4 de J. Ch. Bach o las de trompa, flautas y oboes en el aria Se il fulmine sospendi. Una interpretación de un clasicismo inclinado hacia lo enérgico, sin llegar a caer en el “barroquismo”, más enfatico en el Interludio nº2 de Thamos, puro Sturm und Drang. Muy atentos a la hora de acompañar al cantante y amoldarse a sus necesidades, sin embargo gracias al volumen de la voz de éste no tuvieron necesidad de contenerse en los momentos más intensos de las arias, que coincidieron sobre todo con Vò solcando un mar crudele. Presentes también en la grabación de Harmonia Mundi, si bien entonces con dirección de René Jacobs, en esta ocasión ejerció estas funciones la concertino Elfa Rún Kristinsdóttir y aún el mismo cantante por momentos con sus gestos. Al final, exito incontestable con un público entregado que aplaudió y braveó largamente. Una única propina, que todo hay que decirlo se antoja escasa correspondencia a la respuesta entusiasta del respetable, Dei di Roma de Il Trionfo de Clelia de Hasse.

 

 

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