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Gancedo LIFE 2016 

La New Generation triunfa en el LIFE Victoria

Barcelona. 20/12/16. Pabellón de Sant Rafael - Sant Pau Recinto Modernista. LIFE Victoria 2016. Schoenberg: Vier Lieder, op. 2; Schumann: Liederkreis, op. 39. Mercedes Gancedo, soprano, Carmen Santamaría, piano. Schumann: Dichterliebe; Lieder de Schubert. Joan Martín-Royo, barítono. Pierre Réach, piano.

Barcelona. 21/12/16. Pabellón de Sant Rafael - Sant Pau Recinto Modernista. LIFE Victoria 2016. Montsalvatge: Cinco canciones negras; Heggie: Paper Wings; canciones de Moreno. Rocío Támez, mezzosoprano, Francisco Poyato, piano. Canciones de Fauré, Schubert, Schumann, Wolf, Chaikovsky, Guastavino y Ginastera. Mercedes Gancedo, soprano. Beatriz González Miralles, piano.

Hace unas semanas les hablaba de la atípica abundancia de recitales de lied en Barcelona durante los meses de noviembre y diciembre. Pues bien, todo pasa, y los dos últimos conciertos del LIFE Victoria han cerrado esta semana este periodo de vacas gordas. El Pabellón Sant Rafael, adornado con un acogedor árbol de Navidad, nos recibía el martes 20 para el recital de Joan Martín-Royo y Pierre Réach, un concierto a beneficio de la ONG Le Refuge de Kol que impulsa el barítono, y el miércoles 21 para el recital en homenaje al compositor mexicano Salvador Moreno, en el centenario de su nacimiento. Este concierto debería haber tenido como protagonistas a dos cantantes mexicanas, la soprano María Katzarava y la mezzosoprano Rocío Támez, acompañadas por Francisco Poyato; sin embargo los virus, siempre tan inoportunos, nos dejaron sin la presencia de la soprano. La sustituyó Mercedes Gancedo, que el día antes había sido la telonera de Martín-Royo y terminó siendo la triunfadora en este final del festival; el martes la acompañó Carmen Santamaría y el miércoles Beatriz González. Como ven, muchos nombres y muchas cosas que contar.

Joan Martín-Royo es un buen cantante de lied, pero los buenos cantante también tienen días menos buenos; en estos casos es muy importante que el pianista sea su red de seguridad pero, ¡ay!, ¿y si el pianista no tiene tampoco un buen día? Si a esto le añadimos un programa tan conocido como exigente, la sensación final es de oportunidad perdida. La primera parte del recital era el Dichterliebe de Schumann, un ciclo extraordinario para los oyentes y lleno de trampas para los intérpretes, empezando (en ambos casos) por el primer lied, ese Im wunderschönen Monat Mai que no acaba de definir una tonalidad y nos mantiene en suspenso. El Dichterliebe de Martín Royo (quien, por cierto, optó por la escritura alternativa en Wenn ich in deine Auge seh Ich grolle nicht; no es muy habitual y es interesante) y Réach no terminó de despegar a pesar de los buenos momentos, que también los hubo; demasiados desencuentros entre ambos, demasiadas indefiniciones en el carácter de la interpretación. No cambiaron mucho las cosas en la segunda parte, dedicada a lieder de Schubert con la noche como tema (¿no es arriesgado sacar de contexto Gute Nacht y, sobre todo, Des Baches Wiegenlied?); Joan Martin Royo se entregó, pero su voz dio muestras de cansancio y su compañero no le dio demasiado tregua, tapándolo en varias ocasiones.

El exceso de volumen del piano de Pierre Réach llamó la atención por comparación con lo mesurado de Carmen Santamaría. Sant Pau es una joya arquitectónica, pero fue concebido como hospital, no como auditorio. En el Pabellón Sant Rafael el público se distribuye en semicírculo en torno al piano, por lo que todo el mundo está muy cerca de los artistas; sólo hay cuatro o cinco hileras de sillas. Esta disposición tiene sus ventajas para el público, pero para los pianistas es un reto. Es comprensible, por tanto, que los pianistas de la New Generation, músicos de veintitantos años, tengan problemas con la acústica de la sala. Pero Carmen Santamaría no los tuvo; no sólo no los tuvo sino que su sonido fue muy bonito, tocando con sensibilidad y bien atenta a su cantante, la soprano Mercedes Gancedo. Interpretaron una obra de juventud de Schoenberg, los Vier Lieder, op. 2, y una selección de otra obra clave del repertorio, el Liederkreis, op. 39 de Schumann, unas pocas canciones que nos permitieron admirar la cálida voz y la naturalidad de esta joven cantante de sólo veintiséis años. No puedo hablar de sorpresa porque la había escuchado antes, la última vez hace sólo unas semanas en el concierto final de las masterclasses del LIFE Victoria, pero sí de confirmación de una muy buena sensación inicial. Poco podíamos imaginar después de su miniconcierto que al día siguiente volveríamos a escucharla!

Como decía al principio, Maria Katzarava tuvo que suspender su actuación y el recital de clausura del festival se convirtió en dos recitales más breves; el primero presentaba a Rocío Támez, acompañada de Francisco Poyato. Con la primera obra que interpretaron, las Cinco canciones negras de Montsalvatge, Támez exhibió ya su mejor baza, la expresividad; una expresividad tan pegadiza que Poyato, que también lo es mucho, se dejó llevar en algún momento por el entusiasmo (dicho sea sólo como anécdota); la interpretación de Canto negro, por ejemplo, fue excelente. Esta expresividad de cantante y pianista encajaba perfectamente con el siguiente ciclo, Paper Wings, compuesto por Jake Heggie con textos de la mezzosoprano Frederica von Stade dedicados a su hija; cuatro historias de criaturas, tiernas y divertidas. La actuación de Támez y Poyato terminó con tres canciones del homenajeado de la velada, Salvador Moreno.

Y volvió Mercedes Gancedo al escenario. Si el día antes había dejado el público sorprendido e interesado, esta vez triunfó. La primera parte de su programa giró en torno a los secretos, empezando por Le secret de Fauré y terminando por Nur wer die Sehnsucht kennt en la versión rusa de Tchaikovsky, pasando por Schubert, Schumann y Wolf. Canciones todas ellas contemplativas que Mercedes Gancedo defendió muy bien, con una madurez no muy habitual a su edad. Beatriz González Miralles, por su parte, estuvo tan acertada en el acompañamiento como lo había estado Carmen Santamaria el día antes. Pero cuando realmente el dúo consiguió, como me apuntaba alguien al acabar, aquel silencio que sólo se oye cuando el público está absorto, fue con las canciones de los compositores argentinos (como la cantante) Guastavino y Ginastera. Impresionantes las dos, Mercedes y Beatriz, en su interpretación de Triste. Habrá que estar atentos a las carreras de estas tres jóvenes intérpretes (añado, claro, a Carmen). Un buen final para la cuarta edición del LIFE Victoria.

 

 

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