Una revelación
La prodigio del piano Arielle Beck ilumina Tannay: ¡toda una revelación musical a los 16 años!
Tannay (Suiza). 23/08/2025. 16e Varaciones musicales de Tannay. Obras de Bach, Schubert, Schumann y Mendelssohn. Arielle Beck, piano.
¡Después el duo Martha Argerich / Tedi Papavrami al día anterior, la magia de las Variaciones Musicales de Tannay continúan de operar! En efecto, tras el (ya) mítico concierto de Martha Argerich y Tedi Papavrami la víspera, fue otra artista, muy joven pero ya inmensa, la que hechizó al público bajo la carpa del parque del castillo. Arielle Beck, con apenas 16 años, ofreció un recital de una madurez, una virtuosidad y una profundidad musical sencillamente asombrosas.
Con una inteligencia de programación remarquable, la joven pianista eligió un viaje a través de cuatro siglos de música, aunando el rigor barroco, el romanticismo atormentado y las variaciones geniales (¡que tocó sin partitura!). Desde el primer momento, la Suite inglesa no. 2 de J. S. Bach se elevó con una claridad y una precisión rítmica impecables. Arielle Beck trascendió la partitura más allá del ejercicio de estilo: cada danza (Allemanda, Courante, Zarabanda, Bourrées, Giga) cobró vida con un sentido innato de la narración y un toque delicado pero firme. Los ornamentos eran naturales, el fraseo elegante —una interpretación que aúna el respeto por la tradición y un soplo contemporáneo. Después, nos sumergimos en el universo sombrío y conmovedor de Franz Schubert con la Sonata D784. Desde las primeras medidas en octavas desnudas, Arielle creó una tensión dramática palpable, que ponía de relieve la profundidad trágica y la textura austera de la obra. El Allegro giusto fue a la vez implacable y sutil, el Andante en fa mayor de una sensibilidad que quitaba el aliento, y el final Allegro vivace, desatado pero controlado con una maestría pasmosa para su edad.

Luego fue el turno de cautivar al auditorio con la Sonata op. 11 de Robert Schumann. Obra de juventud del compositor, fue interpretada con una energía juvenil pero también con una comprensión madura de su compleja estructura y sus dualidades emocionales. Arielle tocó con una pasión contenida, un lirismo intenso y una variedad de colores que revelaron toda la riqueza de esta partitura exigente. Para cerrar, las Variaciones serias de Félix Mendelssohn fueron un verdadero fuego artificial técnico y expresivo. Las 17 variaciones desfilaron con una agilidad, una potencia y unos matices poco comunes: del drama a la ternura, de la fuga rigurosa a los pasajes aéreos, cada variación fue caracterizada con una inventiva y una coherencia notables. La conclusión estuvo a la altura de la interpretación: una tormenta de aplausos y una ovación inmediata y unánime de pie, coronada con dos bises, en los que la joven virtuosa supo oponer el brillo virtuosístico y la energía diabólica de la Introducción y rondó caprichoso de Félix Mendelssohn a la intimidad poética y el flujo hipnótico de la Barcarola de Frédéric Chopin, demostrando así su dominio de los dos extremos del espectro expresivo.
El público, conquistado y emocionado, aplaudió el nacimiento de una gran artista, ya preparada para integrar el círculo muy cerrado de los pianistas excepcionales. Pues con solo 16 años, Arielle Beck posee no solo una técnica impecable —precisión en los pasajes, velocidad, potencia controlada— sino, sobre todo, una madurez artística y una capacidad para comunicar la esencia de las obras que fuerza la admiración. Su nombre ya circula como el de una potencial heredera de los más grandes, quizá una futura Martha Argerich que, precisamente, había venido a dejar su huella en ese mismo festival la víspera, y cuya aura parece haber protegido con un halo benévolo a su joven colega, casi 70 años menor. Cabe decir también que en 2018, su precocidad fue coronada con un Primer Gran Premio en el Concurso Internacional Joven Chopin… ¡presidido entonces por Martha Argerich!…
En fin, guarden su nombre en la memoria, muy pronto oirán hablar de ella en todos los grandes escenarios internacionales.