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Una noche de magia, amistad y genio

Tannay (Suiza). 22/08/2025. 16e Variaciones Musicales de Tannay. Obras de Schumann, Debussy y Franck. Martha Argerich, piano. Tedi Papavrami, violino. 

Anidado en el joyel verde del parque del Castillo de Tannay (a orillas del Lago Lemán, a una decena de km de Ginebra), Les Variations Musicales de Tannay suele ser descrito como el "pequeño Glyndebourne suizo". Desde su creación en 2010 por Serge Schmidt, este evento ha sabido conquistar el corazón de los melómanos al aunar la excelencia artística con un ambiente acogedor y cálido, lejos del fasto a veces rígido de las salas de conciertos tradicionales. Los conciertos se celebran bajo una gran carpa instalada en el parque, a los pies del castillo, con capacidad para unas 500 personas, lo que ofrece una cercanía poco común con los más grandes artistas internacionales y con los talentos del mañana. El marco es simplemente idílico: a dos pasos del Lago Lemán, cuyas aguas centelleantes se ofrecen a la vista desde los jardines del castillo, donde se instalan numerosas mesas para que el público pueda saborear una copa o una comida con toda tranquilidad antes o después del concierto, o simplemente durante el entreacto…

Esta 16ª edición marca un giro importante en la historia del festival, ya que Serge Schmidt, su fundador, ha pasado el testigo (en lo que a la dimensión artística se refiere) al célebre violinista albanés Tedi Papavrami, un virtuoso de trayectoria atípica y respetado en todo el mundo por su integridad artística y su independencia, mientras que la Presidencia del festival ha sido confiada a Claus Hässig, antiguo secretario general del Grand-Théâtre de Ginebra, quien aporta su amplia experiencia del mundo lírico y cultural. Esta transición insufla un viento de renovación emocionante sobre el evento, prometiendo una futura programación tan audaz como exigente.

Y en este viernes 22 de agosto de 2025, noche inaugural del evento del Lago Lemán (que continúa hasta el 31 de agosto), la efervescencia era palpable en el Parque del Castillo de Tannay, ya que la pianista argentina Martha Argerich (¡84 años!), una auténtica leyenda viviente del piano mundial (que recientemente canceló todos sus demás compromisos por razones de salud…), quiso honrar con su presencia el festival de su amigo de larga data, Tedi Papavrami. Este acto, fruto de una profunda amistad nacida hace mucho tiempo en Ginebra, fue también un inmenso regalo ofrecido por la “Leona” a su fiel público… porque no solo estaba físicamente presente, sino más determinada e inspiradora que nunca…

El programa fue una obra maestra del romanticismo y el impresionismo, comenzando con una interpretación de la Sonata para violín y piano n.º 1 en la menor, Op. 105 de Robert Schumann. Desde el primer momento, quedó claro el tono: el dúo sumergió al público en el corazón atormentado y apasionado de Schumann. La química entre los dos artistas era palpable; Papavrami, con un sonido a la vez potente y delicado, respondía con una sensibilidad poco común a las frases pianísticas, profundas y complejas, de Argerich. En la Sonata para violín y piano de Claude Debussy que siguió, justo después del ardor schumanniano, los dos compadres transportaron a la audiencia al universo vaporoso y sugerente del maestro impresionista. Aquí, la magia operaba en los silencios, los matices infinitos y los colores cambiantes. La interpretación fue de una sutileza y una inteligencia musical asombrosas.

Tras estas dos primeras obras magistrales –y un largo y bienvenido entreacto que permitió a la estrella octogenaria descansar, y al público (¡500 personas apretujadas!…), disfrutar del marco encantador para reponer fuerzas y comentar una primera mitad ya histórica, con la mirada perdida en los reflejos del Lago Lemán–, los artistas regresaron para la parte final, que puso de relieve la monumental Sonata en la mayor de César Franck. Obra cíclica y ardiente, fue interpretada por el dúo con una intensidad y un fervor casi religioso que electrizó a la audiencia. De hecho, el diálogo entre el piano y el violín fue una conversación de almas, construyendo una tensión emocional hasta alcanzar su apoteosis.

Tras dos bises ofrecidos a un público en éxtasis (entre ellos, la muy bella pieza «Nana», extraída de las 7 Canciones populares españolas de Manuel de Falla), Tedi Papavrami tomó a su vez la palabra. Con gran emoción, agradeció calurosamente a su cómplice Martha Argerich por su presencia y su genio, haciendo hincapié muy especialmente en su legendaria modestia. Luego, en un bonito gesto, presentó al público a Arielle Beck, una joven pianista prodigio de sólo 16 años pero que ya tiene la estatura de una gran artista, que estaba sentada entre el público y que se iba a presentar al día siguiente en ese mismo escenario (en un recital muy esperado con obras de Bach, Schubert, Schumann y Mendelssohn). 

Más que un simple concierto, este concierto de apertura de la 16ª edición de las Variaciones musicales de Tannay fue una celebración: la de la inquebrantable amistad entre dos monstruos sagrados de la música, la de una transmisión exitosa al frente de un festival audaz, y la de la música de cámara en su estado más puro, intenso y generoso. Bajo la carpa del castillo, frente al lago, fue un poco del alma de la música la que se compartió, prometiendo diez días de festividades excepcionales.