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Un viaje asombroso de Beethoven a Berlioz

El concierto del 2 de septiembre de 2025 – en el sublime Ateneo Rumano, una de las salas de conciertos más bellas del mundo – nos sumerge de lleno en la excelencia del 27º Festival Enescu de Bucarest, que tiene lugar cada dos años y que está dirigido ahora por el director rumano Cristian Măcelaru (siendo esta, sin embargo, su primera programación). Ya presente la víspera en el escenario de la mítica sala (con un programa diferente), la orquesta Les Siècles estaba de vuelta, pero esta vez bajo la batuta de la joven y talentosa directora bávara Ustina Dubitsky, antigua asistente de François-Xavier Roth en Colonia. Dirigió un programa contrastado y exaltante -¡el robusto Concierto para violín de Beethoven y la Sinfonía Fantástica de Berlioz!- con una autoridad y una sensibilidad poco comunes. La particularidad de Les Siècles – tocar con instrumentos de época – ofreció una doble experiencia auditiva. Para el Concierto de Beethoven, la orquesta adoptó instrumentos clásicos, mientras que para la Sinfonía berlioziana cobraron vida instrumentos franceses de principios del siglo XIX, creando una paleta de colores única para cada universo.

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Desde los primeros acordes de la orquesta en la obra maestra de Beethoven, la textura clara, las maderas delicadas y las cuerdas carentes de vibrato establecieron una tensión dramática típicamente beethoveniana, pero con una transparencia y una intimidad sobrecogedoras. Luego entró Isabelle Faust con su Stradivarius «Bella durmiente» de 1704 – que cantó inmediatamente con una pureza de sonido y una afinación absolutas. Su interpretación fue un modelo de equilibrio e inteligencia musical. Navegó entre una virtuosidad deslumbrante, especialmente en las cadencias y los pasajes de bravura, y una notable introspección poética. El diálogo con las secciones de la orquesta, particularmente con las maderas, fue de una complicidad evidente, como una conversación entre amigos. Ustina Dubitsky se mostró como una partner ideal, apoyando a la solista con una escucha constante, velando por un balance perfecto y manteniendo una energía rítmica que insufló una vitalidad juvenil a la partitura. El público, conquistado, la aclamó largamente. Cómo bis, Isabelle Faust ofreció un momento de gracia absoluta interpretando un extracto de una tierna y delicada Partita de Bach.

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Tras el intermedio, llegó el turno para la desmesura berlioziana. El cambio de instrumentos fue inmediatamente perceptible: los metales con sonoridades más ásperas y brillantes, los timbales con parches de piel, las maderas de carácter más individual sumergieron a la sala en el siglo romántico. Ustina Dubitsky reveló toda la extensión de su talento en esta obra monumental. Dirigiendo sin partitura, esculpió la Sinfonía Fantástica con una visión a la vez arquitectónica y frenética. Los «Sueños - Pasiones» brotaron con un lirismo intenso, seguidos por un «Un baile» de elegancia giratoria, donde los arpas y los pizzicati de las cuerdas crearon una atmósfera embriagadora. Golpe de genio escénico y sonoro en este segundo movimiento: para amplificar el efecto onírico y espacial, las cuatro arpistas habían sido instaladas en el borde del escenario, a espaldas de la directora.

Su interpretación, destacada visual y acústicamente, produjo un efecto impactante, como una invitación a entrar en el vals del sueño. En la misma lógica, el cornetín de pistones solista (que reemplazaba al corno inglés en esta versión) se levantó para tocar su diálogo con las cuatro arpas, proyectando un sonido de una presencia y una melancolía fascinantes. La «Marcha al suplicio» irrumpió luego con una violencia rítmica implacable, antes de que el «Sueño de una noche de aquelarre» sumergiera al oyente en un caos diabólico y magistralmente controlado. Las campanas graves, los grotescos de los vientos y la furia general de la orquesta fueron conducidos por Dubitsky con una precisión y una energía arrolladoras, sin sacrificar nunca la claridad de las distintas voces.

¡Una velada mágica que demostró una vez más la vitalidad y la excelencia de la Orquesta Les Siècles, y que reveló al público del Festival Enescu a una directora, Ustina Dubitsky, de cuya brillante carrera ahora estamos impacientes por seguir!…