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Luz

Bilbao. 22/11/2025. ABAO Ópera Bilbao. Palacio Euskalduna. Francesco Cilea: Adriana Lecouvreur. Maria Agresta (soprano, Adriana), Silvia Tro (mezzosoprano, princesa de Bouillon), Jorge de León (tenor, Maurizio), Carlos Álvarez (barítono, Michonnet), Luis López (bajo, príncipe de Bouillon) y otros. Coro de Ópera de Bilbao. Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Dirección de escena: Mario Pontiggia. Dirección Musical: Marco Armiliato.

Adriana Lecouvreur fue estrenada en el Teatro Lírico de Milán en 1902 con la participación de Enrico Caruso y con sus 123 años es la obra más moderna que podremos disfrutar en este temporada bilbaína 2025/2026. La última vez que pudimos verla y escucharla en este mismo recinto fue en el invierno de 2014 con la participación de Ainhoa Arteta, Luciana d’Intino, Luca Salsi y otros; así pues, puede decirse que con este título hemos tenido la suerte de vivirla reproducido en apenas una década.

Lo cierto es que la función fue muy disfrutable aunque esta obra adolezca, en opinión de quien firma estas líneas, de un libreto imposible, complicado y de escasa credibilidad. Desde luego, Arturo Colautti no estuvo muy inspirado en sus líneas reproduciendo ese choque de trenes que es, por un lado una pelea por amor entre dos mujeres y, por otra, la lucha entre dos personas de dos clases sociales bien diferenciadas: a un lado, una comediante de fama pero “sin clase” y por otro, una princesa, por lo tanto, noble de alto rango. Dramáticamente hablando, la resolución del acto IV es de escasa inspiración y, en términos generales, el libro hipoteca –¡como tantas otras veces!- el vuelo de la ópera.

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Ya es sabido que, en tanto que siendo teatro cantado, la ópera se sostiene sobre dos pilares: las voces y la puesta en escena y en ambos casos podemos declarar que el nivel de satisfacción ha sido muy alto. Comenzaremos, siquiera brevemente, por la propuesta escénica de Mario Pontiggia, clásica y, sobre todo, luminosa. En estos tiempos en los que parece predominar –y no solo en la ópera- la oscuridad se agradecen tonos claros, límpidos y luz, mucha luz para vivir lo acontecido sin tener que recurrir a la imaginación. La escenografía de Antonella Conte nos coloca en tiempos mucho más modernos que los de la obra teatral, lo que se acompaña con el vestuario de Marco Nateri, vaporoso y colorido en el caso de ellas. Me gustó mucho el detalle teatral de la escena final, cuando Adriana muere en brazos de Michonnet y éste rechaza el acercamiento de un afectado Maurizio, reclamando para sí los últimos segundos de una moribunda tras años de trabajo desinteresado para con la actriz y el carácter sincero de su amor.

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Vocalmente el nivel fue muy alto y aunque puedan ponerse algunos peros, lo cierto es que la función caminó sobre la seguridad de voces más que suficientes. María Agresta no es dueña de una voz dramática pero nos ofreció una visión lírica de la actriz despechada. Tuvo detalles técnicos interesantes aunque pudiera exigirse cierta entidad vocal mayor al papel, sobre todo en el acto III, en el choque con la princesa de Bouillon. Agresta huyó de una Adriana verista y sus acentos fueron mucho más comedidos que los que la tradición marca como habituales.

Jorge de León se está convirtiendo en un habitual del Euskalduna (en los últimos cinco años, Jerusalem, Cavalleria rusticana, Pagliacci, Otello y esta Adriana Lecouvreur) y seguramente volverá, viendo el éxito obtenido. De León trabaja sin red, se zambulle en el drama sin mirar si hay agua y al público le gusta ese arrojo vocal, solo posible, por supuesto, porque le acompaña la voz aunque en una nota aguda asomó la ruptura. Sin embargo, su Maurizio es creíble, impetuoso y vocalmente dominante. En algunos momentos contrastaba en exceso con la voz de su compañera.

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Silvia Tro Santafé es una gran cantante; muchas veces he defendido que fuera de alharacas propias de otras cantantes es una señora que conoce muy bien su oficio y que nos ha ofrecido noches muy hermosas. Quizás esta princesa de Bouillon está al límite de lo que pueda aceptar porque, otra vez, la tradición nos lleva a voces de enjundia, de color oscuro, con poderío vocal que transmita ese clasismo y prepotencia propios de una señora acostumbrada a hacer siempre lo que le da la gana. Tro no sabe cantar mal y su princesa se sacó con orgullo y dignidad aunque un poco más de contundencia… Enorme Carlos Álvarez como un Michonnet humano, sensible. Le vi muy mejorado con respecto a la última vez que lo disfrute (Falstaff, en Valladolid, este mismo mayo)  y es que este barítono es una de las voces más hermosas que hemos podido disfrutar en los últimos treinta años. Me alegro mucho de volver a ver al Carlos de siempre.

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Enorme Jorge Rodríguez-Norton como el repelente abad de Chazeuil, sabiendo transmitir con sus inflexiones todo el desprecio que se desprende de este personaje y más rutinario Luis López como príncipe, sin terminar de sacar todo el jugo vocal a sus pocas frases. Muy compenetrados los cuatro actores de la Comédie Française, aprovechando sus momentos; estos fueron Olga Revuelta, Anna Gomá, Josu Cabrero y José Manuel Díaz. Martín Barcelona dijo las frases del mayordomo. El ballet del acto III cumplió el expediente y, finalmente, el Coro de la Ópera de Bilbao sonó compacto en su breve aparición del mismo acto. 

Con Marco Armiliato a la batuta la Bilbao Orkestra Sinfonikoa sonó segura y atenta. La orquesta se encuentra en un buen estado de forma, eso es innegable y supo responder adecuadamente ante el hecho de que Armiliato apostara más por una versión lírica de la obra, sabiendo adecuarse a las voces de ellas. Fueron especialmente intencionados y emocionantes los breves interludios orquestales del acto II en torno a la trama amorosa de las dos mujeres.

En resumen, una función notable de un título que últimamente se ve en bastantes teatros. Una versión digna de verse y de escucharse y que sube el listón de la temporada tras un primer título algo más rutinario.

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Fotos: © E. Moreno Esquibel