© Javier del Real | Teatro Real

Ivor Bolton celebra a Britten

Madrid, 10/03/2026. Teatro Real. Britten. El sueño de una noche de verano. Iestyn Davies (Oberon), Liv Redpath (Tytania), Sam Furness (Lysander). Jacques Imbrailo (Demetrius), Simone McIntosh (Hermia), Jacquelyn Wagner (Helena), Clive Bayley (Botton), Daniel Abelson (Puck). Pequeños Cantores de la ORCAM, Coro y chiquicoro Algadir-Daniel Martin. Orquesta del Teatro Real. Dirección de escena: Deborah Warner. Dirección musical: Ivor Bolton.

La vuelta al foso del Teatro Real del que fuera su director titular hasta la temporada pasada, el británico Ivor Bolton, no ha podido ser más brillante. Ni más exquisita ha podido resultar la respuesta a su intensa y sugerente batuta que la que ha dado la Orquesta Titular del Teatro Real. Juntos formaron la espina dorsal del estreno de la nueva producción de El sueño de una noche de verano de Benjamin Britten que se estrenó el pasado martes. Este entendimiento entre director y orquesta consiguió momentos verdaderamente mágicos en una partitura que es especial en la trayectoria del compositor inglés. Todas las secciones estuvieron a un altísimo nivel y el público lo reconoció al recibir Bolton y la orquesta los aplausos más cerrados en los saludos finales. 

Quizá sea la de El sueño la música más claramente innovadora y rica en matices de la producción de Britten. La mezcla entre diversos estilos, del más clásico al casi atonal pasando por melodías que nos recuerdan al Shostakovich más cómico, hacen de esta ópera, que es una adaptación casi literal de la homónima comedia de Shakespeare, una fiesta de la belleza musical. Britten narra mucho mejor la historia compleja de la comedia a través de su partitura que con su libreto, casi un volcado textual del shakesperiano pero tan estilizado desde el punto de vista narrativo que resulta extraño y enmarañado para el que no conozca la obra original.

Ayudó mucho también al éxito de la función que el Teatro Real volviera a confiar a Deborah Warner la dirección escénica de una obra de Britten. Su reconocida y brillante trayectoria como directora teatral de obras de Shakespeare fue un plus añadido, además de sus anteriores producciones de este compositor en el Teatro Real (Billy Budd y Peter Grimes). Warner optó por presentarnos un Sueño creado con muy pocos elementos escénicos (aunque muy bien empleados) y se basó sobre todo en una genial dirección actoral, tanto de los personajes principales como del amplio grupo de bailarines y extras que formaron el mundo de las hadas. Cómo movió a todos los elementos de esta obra coral fue una lección de teatro bien concebido y muy trabajado. Todos los participantes le correspondieron con su esfuerzo actoral, moviéndose con soltura por el escenario y seguramente (solo lo pude intuir desde la localidad que ocupaba) mostrando con sus gestos la mezcla de tragedia clásica y de comicidad isabelina de la obra. Un gran trabajo de un excelente equipo donde destacaría la dirección de movimiento de Kim Brandstrup.

 

A nivel vocal vuelvo a destacar el carácter coral de esta ópera, donde hay varios papeles que son destacados. El Oberon del contratenor Iestyn Davies fue elegante y correcto pero le faltó más carisma que sí tuvo la Tytania de Liv Redpath para la que creó Britten las melodías más románticas, de belleza clásica, pero también las más arriesgadas coloraturas de la partitura.

Estupendos los cuatro amantes que dirimen sus dilemas amorosos entre pasión y magia y que, en cierto modo, pueden recordar a los cuatro protagonistas de Così fan tutte de Mozart. Tanto el tenor Sam Furness como Lysander, el barítono Jacques Imbrailo como Demetrius, la mezzo Simone McIntosh (de hermoso timbre) en el papel de Henia como la Helena de Jacquelyn Wagner cumplieron perfectamente con sus roles y con esa música tan atractiva, arrebatada a veces, y sensual que creó Britten para ellos.

Maravillosos los campesinos (aquí obreros típicos ingleses, gracias al ocurrente y acertado trabajo del encargado de vestuario Luis Filipe Carvalho) que representan una comedia delante de los nobles atenienses y que consiguen crear en la obra ese aire de mezcla de comedia y drama que nos remite a la Ariadna en Naxos de Richard Strauss. En este grupo destacó el espectacular Botton, en lo escénico y en lo vocal, de Clive Bayley, para mi el cantante más completo de la noche.

Y no nos olvidemos de la estupenda intervención del grupo Pequeños Cantores de la ORCAM quienes ofrecieron una destacada interpretación del coro de hadas. Destacar también la labor de Daniel Abelson como Puck, personaje que no canta, solo actúa y su alter ego acróbata Juan Leiba (la directora escénica introdujo esta pincelada mágica y circense en su propuesta).

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Una noche, como la recreada por Shakespeare y Britten, llena de amor, en este caso a la ópera (esa que dudan algunos petimetres que tenga futuro), gracias a un genial director musical, a una orquesta entregada y a una directora de escena de indudable talento. Bravo a todos. 

Fotos: © Javier del Real | Teatro Real