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Oír un disco

04/11/2025. Auditorio de la Sociedad Filarmónica de Bilbao. Obras de A. Isasi, F. Liszt, G. Sgambati, I. von Bronsart, C. Ives, M. Castelnuovo-Tedesco y N. Boulanger. Vanessa Goikoetxea (soprano) y Rubén Fernández Agirre (pianista). 

Vivimos en una época en la que oír un CD físico y seguir el proceso de sacarlo de su estuche, colocarlo en el lector y disponerte a escucharlo en tranquilidad puede ser considerado casi un acto romántico, un pequeño acto íntimo de amor. Es esta también una época en la que comprar un CD físico puede ser considerado un acto heroico, de pura resistencia ante la aparente inevitabilidad de la invasión de lo digital. Y en esta misma época, grabar y publicar un CD –y más aún si las obras son casi una primicia- es, sencillamente una bendita locura.

Y pienso, y por ello lo escribo, que cualquier grabación discográfica, live o de estudio, tiene un valor enorme, similar a la de los libros, en tanto que supone el registro de un intérprete concreto abordando una obra concreta en un momento histórico concreto; y esa lectura queda registrada para que en el futuro quien tenga interés en ella pueda escucharla y tratar de entender el por qué de esa grabación en aquel momento. Por ello aun quedan locos que afrontan el largo proceso de financiación de un CD de un compositor relativamente desconocido con unas obras de las que no existe grabación anterior alguna. Es, en definitiva, un pequeño pero valioso testimonio de la pequeña parte de la creación artística de una persona que escribió una obra con la que trataba de trascender y cuyo objetivo queda, en parte, realizado con la perdurabilidad de la grabación.

En abril de 2023 asistí, impulsado por el deseo de conocer su obra, a un concierto monográfico dedicado a Andrés Isasi, realizado en el foyer del Teatro Arriaga y del que realicé pertinente reseña en este medio. Mi última frase en tal reseña era la siguiente: solo cabe desear que se cumplan los deseos de los implicados y que todo esto pueda finalizar tanto con la programación de estas canciones en otros conciertos como con la grabación de Lieder para su conservación para el futuro. Pues bien, en este día los mismos protagonistas de aquel día, el pianista Rubén Fernández Aguirre y la soprano Vanessa Goikoetxea, han abordado un programa muy interesante que ha supuesto, al mismo tiempo, la presentación de Frühling, el CD que la casa IBS Classical ha editado y en el que se recoge la obra Lieder, op. 16 del bilbaíno Andrés Isasi (1890-1940), colección de catorce canciones sobre poemas escritor por Heinrich Heine junto a otros lieder de compositores no germánicos que se acercaron –como el mismo Isasi- a la poesía del mismo y musicaron algunos de sus poemas. Estos son, y apréciese el valor de la lista, Franz Liszt, Anton Rubinstein, Ingeborg von Bronsart, Giovanni Sgambati, Eduard Grieg, Backer Gründahl, Eduard MacDowell, Charles Ives, Mario Castelnuovo-Tedesco o Nadia Boulanger. Todos ellos, en mayor o menor medida, coetáneos de Isasi, lo que nos ayuda a colocarlo dentro de la Historia de la Música.

El concierto realizado en la hermosa sala de la Sociedad Filarmónica de Bilbao contemplaba la interpretación de la mencionada obra de Isasi con el añadido de tres lieder precedentes y otros tres culminando el concierto, dejando fuera alguno de los publicados en el CD. 

El concierto solo puede considerarse un éxito. Y a ello coadyuvan tres circunstancias que hay que resaltar: la primera, el valor de la obra en sí misma. Andrés Isasi, bilbaíno de pro, bebió de la tradición alemana cuando estudió en Berlín entre 1909 y 1913 y en donde coincidió con Engelbert Humperdinck, que fue su maestro, por lo que Isasi “emparentaba” musicalmente hablando con Richard Wagner y la tradición teatral y liederística de Alemania. Conoció en profundidad la obra de Richard Strauss y así, escuchada su opus 16 publicada en 1913, nos encontramos con una música que enraíza con la tradición alemana de Schubert, Schumann, Brahms y Strauss. En esa línea la música de Isasi encuentra acomodo y los amantes de lo que podríamos llamar la “estética germana” se encuentran cómodos escuchando su música.

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Queda dicho que estas catorce canciones tienen todas ellas origen en la poesía de Heine, poeta poco convencional y que construye, dentro de la tradición romántica, poemas que son pequeñas obras de teatro: basta escuchar Ali Bei, donde se narra las desventuras del héroe árabe en la batalla o Sie Tanz (Ella danza), lied que resume el argumento de la Salome straussiana para encontrar al Heine más programático mientras que en Frühling (Primavera) o In deiner Nähe (Cerca de ti) tenemos al Heine más sentimental. Pero lo relevante, lo que queremos subrayar, es el valor de la misma música de Isasi: impetuosa por momentos, muy gráfica, impulsiva, reflejo de profundos sentimientos, mientras que en otros momentos se nos muestra recogida, emotiva y tierna pero en cualquier caso, interesante y digna de nuestra atención.

Los otros dos pilares del concierto fueron, evidentemente, los dos intérpretes que son, al mismo tiempo, quien han creído e impulsado este proyecto: el pianista Rubén Fernández Aguirre y la soprano Vanessa Goikoetxea, ambos vizcaínos. Él, volcado sobre el teclado, cuidando y cantando con la soprano, atento a todas las inflexiones de texto e intérprete. Ella, dueña de una voz que ha ganado anchura y volumen y que dice y expresa con gusto y naturalidad.

Aunque el concierto se centró en la obra de Isasi con sus catorce canciones pudimos descubrir lieder de otros compositores, quizás no tan habituales en estas lides. Impactaron especialmente Ich grolle nicht (No guardo rencor), se Charles Ives o Was will die einsäme Thräne (¿Qué quiere la lágrima solitaria?), de Nadia Boulanger, de efectista final así como un placer descubrir compositores –para quien escribe estas líneas, desconocidos- como Giovanni Sgambatti o el ejemplo de otra mujer, Ingeborg von Bronsart. Una pena que la entrada no fuera la de otras tardes pero lo cierto es que cuando volvimos al lluvioso Bilbao nos acompañaba un nuevo CD para la colección, un CD que casi entero pudimos vivir en el concierto y que nos permite conocer un poco mejor una pequeña parte del patrimonio musical vasco. Así las cosas, solo cabe ser agradecido.