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Cierto grado de frustración 

Oviedo. 14/12/2025, Teatro Campoamor. Giuseppe Verdi: Rigoletto. Ernesto Petti (Rigoletto), Alexandra Novakowski (Gilda), Celso Albelo (duque de Mantua), Roberto Scandiuzzi (Sparafucile), Sandra Ferrández (Maddalena), Gianfranco Montresor (Monterone), Francisco Cruz (Borsa), Gabriel Alonso (Marullo), Ángel Simón (conde de Ceprano) y otros. Coro Titular de la Ópera de Oviedo. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Susana Gómez, dirección de escena. Óliver Díaz, dirección musical.

¡Ay, cuando Rigoletto no emociona! Porque sí, nos sabemos la obra de memoria, la hemos visto y escuchado mil veces, todos tenemos nuestros cantantes favoritos y no nos cansamos de ella pero en Rigoletto han de encontrarse de forma equilibrada calidad musical y emoción y lo siento mucho pero un servidor ha salido del Campoamor tal y como ha entrado. No tanto por la labor de los cantantes, que sin ser una gran velada puede ésta aceptarse sin mayores problemas, sino seguramente porque me costará recordar una puesta en escena tan pobre en imaginación y tan castradora de esas emociones que menciono en mi primera frase.

Difícil imaginar una corte de Mantua más cutre, con una conga de cuatro elementos que provocaba vergüenza ajena; arriesgada apuesta la de disfrazar a parte del coro de mujeres para así ponerlo –porque Rigoletto solo pide coro masculino- a disposición del maestro; endeble la sugerencia de residencia de Sparafucile, provocando además ciertos problemas prácticos. 

En cuanto al vestuario, mientas Gilda iba de niña de La casa de la pradera los de la corte adoptaban cierta estética de comic mientras Rigoletto se quitaba la prótesis de jorobado para entrar en su casa, así que uno no sabe si era un jorobado fijo discontinuo. En definitiva, que la propuesta de Susana Gómez ha naufragado en prácticamente todos los sentidos, y bien que lo siento porque creo que ha condicionado el disfrute de la noche. 

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Vocalmente, sin llegar al despilfarro, las cosas tomaron mejor dirección. Ernesto Petti es dueño de una voz potente y si se preocupara más por los detalles –y el personaje los tiene, y muchos- sería un jorobado notable; su canto es bastante monoforme aunque caudaloso. Alexandra Novakowski es una soprano lírico-ligera de voz pequeña pero capaz de crear una Gilda creíble; además, el físico le acompaña. Eso sí, me sorprendieron –sobre todo muy evidentes en el Caro nome- los largos silencios que realizaba antes de abordar las partes más comprometidas, calderones a voluntad que no recuerdo haber vivido antes en soprano alguna. De todas formas se llevó la función de calle y el público la premió al finalizar con la ovación más rotunda. 

Celso Albelo sigue siendo un cantante seguro pero su voz ha perdido algo de esmalte y lo que otrora eran agudos tan naturales y brillantes, suenan ahora algo más esforzados y mates. Prácticamente todas sus páginas pasaron con una aprobación popular de respeto pero sin mayores demostraciones de pasión, La donna é mobile incluída. Roberto Scandiuzzi no es un chaval pero su voz tiene aún fuste y supo dar a Sparafucile la tenebrosidad y los graves necesarios. Sandra Ferrández, en el muy ingrato papel de Maddalena, actuó muy bien y cantó con gusto aunque –como ocurre casi siempre, por cierto- su parte pasara desapercibida en el cuarteto del acto III, Bella figlia del’amore.

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Todo el resto de cantantes lo hizo con solvencia y ayudaron al buen nivel canoro de la función. Estos son, para conocimiento general, Gianfranco Montresor, un Monterone bastante poderoso, Gabriel Alonso, un Marullo que se hizo notar, Francisco Cruz, un Borsa solvente, Ángel Simón, conde de Ceprano y ujier con la voz necesaria, Nerea González, condesa de Ceprano y Giovanna de fuste y Teresa Rodríguez, paje pizpireta por juvenil. El Coro Titular de la Ópera de Oviedo tuvo algún problema en la primera escena de la ópera pero supo salvar la situación y solventó su parte con acierto.

A ese y a otros problemas tuvo que hacer frente Oliver Díaz desde la batuta al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias; costó arrancar porque el inicio fue bastante trastabillado, con problemas de coordinación entre solistas, coro y foso y ciertas precipitaciones. Posteriormente las cosas fueron a mejor. El director supo dar a la ópera toda su dimensión trágica y el último acto fue quizás el más inspirado. 

En definitiva, un nuevo encuentro con una ópera muy popular –mi vecina de butaca tarareó La dona é mobile hasta mi codazo- que se ha solventado con decoro pero sin exageración. Fuera, en la entrada del teatro, en dos grandes paneles informativos se anunciaban por un lado los títulos y las fechas del próximo Festival de Teatro Lírico Español (El barberillo de Lavapiés, El gitano por amor, La verbena de la paloma y Maharajá) a celebrar en el mismo recinto y los títulos de la próxima temporada de ópera 2026/2027, a saber, Suor Angelica y Kindertotenlieder en un programa inaudito, para continuar con Maria Stuarda, Macbeth, Manon Lescaut y Cosí fan tutte. Espero que podamos disfrutarlos.