Ruth Terán: "Los cantantes españoles necesitamos más oportunidades para demostrar nuestra valía"
Una prueba más de la excelente generación de sopranos españolas en activo, la madrileña Ruth Terán se subirá el próximo 19 de octubre a las tablas del Teatro Campoamor de Oviedo para protagonizar Gilda en la nueva producción de Rigoletto estrenada por Ópera de Oviedo, con escena de Susana Gómez y con Óliver Díaz a la batuta. Conversamos aquí con ella para conocer con más detalle su trayectoria y sus más recientes proyectos.
Me gustaría empezar recapitulando los orígenes de su vocación por la profesión lírica. ¿Cuándo descubrió que quería ser cantante profesional? ¿Tenía antecedentes en su familia?
En mi casa siempre se escuchó zarzuela, a mi padre le gustaba mucho, también la copla y el tango. Alfredo Kraus siempre sonaba en mi casa. Somos siete hermanos, yo soy la última, y casi todos estudiaron en el conservatorio; tengo una hermana pianista y mi hermano mayor estudió canto. Yo escuchaba a la Callas con seis años y la imitaba, era como un juego para mí (risas).
¿A quienes citaría como sus maestros o referentes a la hora de estudiar canto?
Mi primera maestra, a la que puedo considerar como tal, fue Ana María Iriarte -recientemente fallecida- cuando yo tenía diecinueve años. Ella me dijo que yo ya impostaba de manera natural y que solo necesitaba un acompañamiento en otras cosas: fraseo, estilo, etc. Con ella, con quien mantuve siempre una relación como de abuela y nieta, estuve trabajando hasta que ya entré a la Escuela Superior de Canto.
En aquel periodo fui también a estudiar a Milán, donde intentaron llevar mi voz como si fuese la de una soprano dramática, cosa que nunca he sido, y lo cierto es que esa experiencia no funcionó bien. En todo caso, cuando terminé la Escuela Superior de Canto me seguí formando con Mariola Cantarero, que es quien me ayudó de verdad a buscar mi repertorio. Después he seguido estudiando con Carmen Subrido, a quien sigo viendo de tanto en tanto.

¿Qué es lo que considera como su debut profesional?
Yo empecé haciendo tiples cómicas, de hecho debuté haciendo el Abel de La tabernera del puerto. Pero mi debut como tal fue con Las de Caín en el Teatro Español, en 2011. Aquellas fueron unas funciones muy sonadas, muy bonitas, con Paco Valladares.
En 2014 hice la cover de Mimì de Mariola Cantarero, en una Bohème en Tenerife. Después de eso, también en Tenerife, hice la Sacerdotessa de Aida, en 2015; y directamente ya pasé a hacer roles más ligeros.
Lo primero fue Adina en L’elisir d'amore en Granada, en una especie de opera studio, y mientras tanto hice muchas cosas en versión de concierto, en el Auditorio, como Musetta en La bohème.
Hice la Duquesa de Luisa Fernanda en la temporada de zarzuela de Las Palmas en 2021. Y al año siguiente ya Doña Francisquita, primero en Las Palmas y luego en Sabadell. Y luego llegó Opera Garage, donde he debutado muchas cosas.
Hablemos de este capítulo en su trayectoria, de la mano de Emiliano Suárez. ¿Qué ha supuesto para su trayectoria? Sobre todo entiendo que es un tipo de experiencia profesional muy distinta, con ese contacto tan directo con el público.
Lo primero que hice con Ópera Garage fue Gilda, un rol que había debutado poco antes en el festival de ópera de Lanzarote. Con Ópera Garage he hecho también Musetta, Lucia y Mimì. Ópera Garage ha sido una oportunidad a la hora de debutar estos roles, pudiéndolos hacer a piano y en un entorno más íntimo; el contacto tan próximo con el público es también algo muy interesante en esta experiencia. Tengo mucho que agradecer a Emiliano por haber contado conmigo en estos proyectos, también en fechas más recientes con la ópera de Manuel García que hicimos en la primera edición del Festival de Ópera de Sevilla.
En su trayectoria hasta la fecha la zarzuela creo que ha jugado siempre un papel importante.
Sí, como le decía ya desde niña escuché mucha zarzuela en casa y lo cierto es que después he podido cantar muchísimo repertorio. He hecho casi todas las sopranos cómicas y después las protagonistas de La tabernera del puerto, Doña Francisquita, Katiuska, Luisa Fernanda, El huésped del sevillano, La canción del olvido, Me llaman la primorosa…
Gilda en Rigoletto, que es el rol que le trae ahora al escenario del Campoamor de Oviedo, es de hecho uno de los roles que más ha cantado, si no me equivoco.
Sí, así es, seguramente es el rol que más he cantado después de Musetta. Gilda lo he hecho en Menorca, Burgos y Madrid -con diez funciones en el Teatro Marquina-.
Seguramente Gilda es un rol que indica bien cuáles son sus medios vocales hoy en día, con la evolución lógica del paso de los años.
Sí, yo nunca he sido una soprano ligera; si acaso lírico-ligera y ahora es verdad que la voz está más asentada y ha ganado más presencia en el centro. Mi voz en estos momentos se encamina cada vez más hacia el repertorio lírico; cantando Gilda noto como el instrumento me pide más anchura y un poco más de dramatismo, también por mi carácter en escena. Mi voz está ahora en disposición de cantar algunos roles como la Duquesa Elena en I vespri siciliani de Verdi.
Y en torno a Gilda, ¿qué página destacaría como lo más exigente o comprometido?
Sin duda el aria, el ‘Caro nome’, porque es su intervención más desnuda y además vienes de cantar el dúo con el padre y el dúo con el tenor, donde ya te has dejado un montón de notas. Y llega ahí el ‘Caro nome’, apenas sin acompañamiento, muy expuesto.
¿Qué nos puede contar de la nueva producción de Susana Gómez que estrena Ópera de Oviedo?
Es una propuesta contemporánea y atemporal. Casi todo sucede en una especie de mundo irreal. La propuesta de Susana Gómez me gusta mucho, entre otras cosas, por cómo trata la cuestión de la relación entre los sexos, con las mujeres apartadas de los hombres y jugando con cierta ambigüedad en el caso de la sexualidad de los hombres. Es una propuesta muy curiosa.
Susana Gómez no es la única asturiana al frente del cartel de estas funciones. Está también Óliver Díaz en la dirección musical.
Sí, me parece muy bien que Ópera de Oviedo apueste por el talento de su gente de esta manera. Ojalá lo hicieran así en más sitios. Los dos son estupendos y el trabajo con ellos en los ensayos ha sido fantástico, son maravillosos. Óliver te espera, te acompaña… es un gusto cantar con él en el foso.
Me gustaría reivindicar aquí, al hilo de esto que decíamos de Susana y Óliver en Oviedo, una mayor apuesta en España por los cantantes españoles. Necesitamos más oportunidades para demostrar nuestra valía. Hay muy buenas voces y a veces somos la última opción y se nos mira con lupa, como si hubiera dos varas de medir.
Y esto no lo digo ya por mí, pero veo a muchos compañeros espléndidos a los que no se les da ocasión de desarrollar carreras importantes. Esto Cataluña sí que lo hace con sus cantantes, ahí está el caso de Sabadell. En cambio pareciera que sea un hándicap ser madrileño para poder cantar en Madrid… Y todo esto sin entrar en la cuestión de la edad, que es otro tema importantísimo.
Sí, este es un tema que ha salido a reluciar en más entrevistas recientes con colegas suyos.
Es que hay ciertas franjas de edad a partir de las cuales, especialmente las mujeres, dejamos de contar para determinado repertorio, independientemente de que estemos física y vocalmente en forma para defenderlo. Y también pasa con algunos compañeros hombres, a quienes no se contrata precisamente cuando están en su mejor momento de madurez vocal y profesional. No lo puedo entender…
En línea con esto, ¿destacaría algún proyecto de su agenda por venir?
Es posible que este otoño cante Donna Elvira en Don Giovanni, está todavía por confirmar. Y hay un rol que me encantaría debutar que es Nedda en Pagliacci; el verismo me tienta mucho. Al margen de eso tengo bastantes conciertos y galas de ópera.
