© Sergi Panizo
Pobre balance
Barcelona, 25 de enero de 2026. Gran teatre del Liceu. Wagner: Tristan und Isolde. Elena Pankratova (Isolde), Bryan Register (Tristan), Ekaterina Gubanova (Brangäne), Tomasz Konieczny (Kurwenal), Brindley Sherratt (Rey Masrke), Roger Padullés (Melot), Albert Casals (un pastor/un marinero), Milan Perisic (un timonel). Orquestra Simfònica del Gran teatre del Liceu y Cor del Gran teatre del Liceu. Susanna Mälkki, dirección musical. Bárbara Lluch (dirección escénica).
"Esto va ser duro" le dijo un espectador a otro, tal vez menos informado, después de una consideración sobre lo amable que es Puccini. Y lo fue, pero no por culpa de Wagner. En el preludio transitamos entre la escasa tensión y el equilibrio dudoso entre voces mientras, hacia la mitad, se levantaba el telón para incluir cierto "acting" que, como el conjunto de la dramaturgia, aportaba poco.
Y la cosa no mejoró con la aparición de Elena Pankratova, una Isolda aburrida y justita de agudos en sus invectivas, con dificultades puntuales para superar la orquesta. Mejores perspectivas abrió Ekaterina Gubanova pero cuando las principales virtudes són la discreción y la eficiencia, aun cuando sea de agradecer, tampoco justifica el precio de la entrada, sobretodo si de tanto en cuanto nos ofrece algun agudo desenfocado.Hubo buenos momentos orquestales antes de "Begehrt, Herrin", pero en general fue un primer acto musicalmente aburridísimo.

Se suele hablar de la dictadura de la dirección escénica pero a veces uno percibe una cierta dictadura de la escenografía, como si con alguna estructura y unas cuantas luces se pudiera compensar la ausencia de concepto dramático y de construcción de los personajes. No basta con aciertos puntuales como la caída de la noche sobre los amantes después de la toma del brebaje (bello diseño de luces): el drama hay que explicarlo, la misión de la puesta en escena es arrojar luz sobre el texto. Pero Bryan Register afrontó el desborde emocional posterior a la toma del brebaje como si le estuviera pidiendo la mano a su novia. Si a ello le añadimos la lentitud exasperante en la entrada del coro, las cada vez más evidentes insuficiencias del Kurwenal de Tomasz Konieczny y las figuras situadas en fila como si se tratara de una zarzuela de barrio el conjunto del primer acto resultó muy triste y a nivel escénico no hubo ulteriores mejoras.

En cambio, el segundo acto aportó una franca mejora del rendimiento orquestal, lo cual si bien no compensó las limitaciones generales mencionadas por lo menos dio a la cosa mayor intensidad. La introducción del duo de amor no estuvo nada mal, a pesar de una extraña fermata de seguridad un tanto fea. Y "Einsam wachend in der Nacht" fue realmente precioso a pesar de una entrada de metales un tanto tosca en el clímax.
No se puede decir lo mismo sobre la puesta en escena. En los diálogos entre Isolde y Brangäne suceden cosas, pero no lo pareció en absoluto y se desarrollaron como una especie de continuo indiferenciado tanto en el primer acto como en el segundo. Las lucecitas en la noche de amor parecían una especie de Ponnellle "low cost" y el final del duo fue realmente flojo. Y el hecho de que la ejecución orquestal del segundo acto fuera muy convincente no significa que las cosas funcionaran musicalmente en términos generales, puesto que daba la sensación de que la pareja de amantes no se sintiera muy concernida por las dinámicas sugeridas por la orquesta ("So starben wir..."), Tristan estaba bajo de entonación casi constantemente y parece que los cantantes estuvieran boicoteando la buena impresión orquestal (en "Herz am herz", por ejemplo). No fue igual a partir de la llegada del Rey Marke, que cantó muy bien su monólogo. También fue bella la discreta aparición de Melot liquidando a la guardia (por apuntar un acierto teatral) y el segundo acto fue sin duda lo mejor de la velada.

No hubo nada que cambiara las cosas en el tercer acto: muy escaso de ideas a nivel escénico, mejor en cuanto a lo que sucedía en el foso a pesar de cierta irregularidad, discreta en conjunto la ejecución vocal. Un balance muy pobre en el que solamente cabe poner en valor la dirección orquestal del segundo acto, la Brangäne de Gubanova y el Marke de Brindley Sherratt, que tampoco fueron nada extraordinario y la eficiente aportación del coro en el primer acto y los personajes secundarios encarnados por Roger Padullés, Albert Casals y Milan Perisic. Un balance muy pobre, la verdad.
Fotos: © Sergi Panizo