© David Ruano 

Alto voltaje

Barcelona. 17/02/2026. Gran Teatre del Liceu. Ponchielli: La Gioconda. Saioa Hernández, Michael Fabiano, Gabriele Viviani, John Relyea, Ksenia Dudnikova y otros. Romain Gilbert, dirección de escena. Daniel Oren, dirección musical.

Hay óperas imposibles, desde un punto de vista dramático, que solo se sostienen a fuer de su pujanza musical. Ese es, desde luego, el caso de La Gioconda de Ponchiellil, una partitura con una música subyugante armada sobre un libreto insufrible de Arrigo Boito, quien dicho sea de paso no estaría muy satisfecho de su trabajo, puesto que firmo el texto como ‘Tobia Gorro’. La Gioconda ha sido por cierto un título especialmente querido en la historia del Gran Teatre del Liceu, que atesora ya más de 150 representaciones de este título.

En escena se proponía esta vez el trabajo firmado por Romain Gilbert, con vestuario de Christian Lacroix y con escenografía Etienne Pluss, estrenado hace unos meses en el Teatro San Carlo de Nápoles. Es desde luego complicado darle la vuelta a una obra como esta, que no admite grandes genialidades por parte del director de escena. Pero esto no es obice para reclamar algo más que un seguimiento literal del libreto, que es lo que pudimos contemplar anoche en el Liceu. Hay algunos detalles interesantes, sobre todo la idea de hacer del escribano Isepo un arlequín que acompaña la trama según avanza la representación, pero la impresión general fue más bien gris y monótona. Vincent Chaillet, por cierto, acierta con su propuesta coreográfica para la célebre danza de las horas, uno de los fragmentos más populares y difundidos de esta partitura.
 

Al frente del foso el israelí Daniel Oren volvió a hacer gala de su indudable oficio como concertador, manejando con destreza el balance entre las voces y la orquesta, fraseando con intensidad y logrando instantes de grandiosidad bien medida, como el brillantísimo concertante que cierra el tercer acto. La orquesta del Liceu respondió en buena forma, un tanto morosa en los primeros compases, pero se fue caldeando conforme avanzó la representación. Lo mismo cabe decir del coro titular, bastante destemplado en sus primeras intervenciones pero muy notable en los cuadros posteriores, destacando su bella intervención en el 'Angelus domini'.

Fantástica desde todo punto de vista la soprano madrileña Saioa Hernández cantando una vez más -y van ya seis producciones distintas- el rol protagonista de esta partitura de Ponchielli que se diría hecho a su medida. Por color del instrumento, por adecuación del material a la tesitura del rol y por supuesto por el temperamento y por el esmero en la línea de canto, la Gioconda de Saioa Hernández es un capolavoro. Su interpretación de 'Suicidio', la celebérrima página de esta partitura, fue sencillamente apabullante, muestra memorable de la extraordinaria adecuación entre la cantante y el personaje.

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Agridulce y desigual debut del tenor estadounidense Michael Fabiano con el rol de Enzo. El plausible esfuerzo por frasear con intención se vio empañado por una notoria tensión en el tercio agudo, rozando incluso el incidente vocal en 'Cielo e mar'. Fabiano hace gala de un instrumento de envidiable proyección, con un centro de indudable riqueza que suena fácil y brillante; tuvo frases de una intensidad sobresaliente, especialmente en la segunda mitad de la representación, y supo plegarse al canto lírico más íntimo en el dúo con Laura. Una lástima que esa citada tensión en el agudo le impidiera redondear el debut con nota porque, ya digo, hubo frases de muchísimo interés a lo largo de la representación.
 
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Grato descubrimiento la Laura de Ksenia Dudnikova, dueña de un instrumento amplio y rotundo, quizá algo ajeno a las formas del canto italiano, pero con una indudable proyección. Gabriele Viviani sirvió con vehemencia al rol de Barnaba, un trasunto del Iago que el propio Boito perfila tan bien en el Otello verdiano. Al instrumento de Viviani le podrá faltar nobleza pero lo compensa con entrega y un halo de perfidia muy bien medido, muy acorde al perfil maquiavélico del rol. 

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Violeta Urmana regresaba al Liceu, como nos comentaba en una reciente entrevista, para atesorar ya su tercer rol en esta ópera, debutando como La Cieca. Estamos sin duda ante una cantante de gran magnetismo escénico y con la voz muy en forma. Su interpretación de la célebre página 'Voce di donna o d'angelo' precipitó los primeros aplausos de la velada. Completaba el elenco el rotundo Alvise de John Relyea, quizá algo monolítico vocalmente hablando, pero esmerado e intenso en escena, sobre todo en su dúo con Laura.
 
En conjunto, pues, una representación muy notable, incluso con sus altibajos. No es nada fácil poner en pie con solvencia este título, que requiere practicamente los mismos mimbres vocales y escénicos que grandes óperas como Don Carlo o Aida. La velada de anoche tuvo desde luego un alto voltaje musical, liderado por el buen desempeño vocal del cuarteto protagonista y respaldado por el buen hacer de Daniel Oren a la batuta.
 
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Fotos: © David Ruano