
Violeta Urmana: "La Gioconda siempre ha sido una de mis óperas favoritas"
La cantante lituana Violeta Urmana regresa al Liceu para afrontar su debut con el rol de La Cieca en La Gioconda, una ópera a la que su trayectoria ha estado ligada desde sus inicios. Con este debut habrá cantado los roles de Laura, Gioconda y La Cieca, los tres principales roles femeninos de esta partitura.
Regresa al Liceu para afrontar ahora su debut con el rol de La Cieca en La Gioconda, una ópera que ha tenido una relevancia muy notable en su carrera. Usted no solo ha sido una de las grandes Giocondas de las últimas décadas sino que también cantó el rol de Laura, creo, al inicio de su carrera.
En efecto, sí, La Gioconda ha sido siempre una de mis óperas favoritas. Este debut con La Cieca me da la ocasión de volver a estar implicada en una producción de este título, al que me acerqué efectivamente por vez primera en la temporada 93/94, justo al inicio de mi carrera, cuando canté el rol de Laura. Más adelante tuve ocasión de cantar el rol titular de esta ópera, en numerosas ocasiones, grabando incluso el título en 2002 junto a Plácido Domingo, precisamente cuando hice mi transición hacia la vocalidad de soprano. Hoy en día es una ópera algo más popular, pero en aquel tiempo no se hacía tanto y casi siempre gracias a la maravillosa producción de Pier Luigi Pizzi, en la que yo misma pude participar tanto en París como en Madrid. Para mí la música de Ponchielli en esta partitura es realmente maravillosa, por más que el argumento de la ópera sea algo enrevesado. En este momento de mi carrera, dada la evolución de mi instrumento, me hace muy feliz poder afrontar este debut con el rol de La Cieca, si bien no es un rol especialmente grato, atormentada siempre por todos (risas). No es un rol gran pero tiene un aria espléndida y, como le decía, me permite estar de nuevo dentro de la atmósfera de La Gioconda.
Seguramente la vocalidad del rol de La Cieca nos habla de cuál es su vocalidad a día de hoy, más próxima quizá a la tipología de contralto. Usted misma mencionaba ahora la transición que hizo en su día desde la voz de mezzosoprano al repertorio de soprano, con enorme fortuna en su caso. Tras una larguísima carrera, como la suya, ¿cómo definiría a día de hoy su voz?
Mi incursión en el repertorio de soprano fue siempre algo puntual y limitado en el tiempo. Siempre supe que sería algo pasajero, durante apenas unos años. Mi voz siempre ha estado ahí en medio, entre la vocalidad de mezzo y la vocalidad de soprano. Cuando comencé mis estudios lo hice de hecho como soprano y más tarde cambié al repertorio más agudo de mezzosoprano, por decirlo de algún modo. Y con posterioridad, nuevamente, la voz digamos que fue subiendo y regresando un poco a la vocalidad de soprano, lo que me permitió cantar ese repertorio durante algunos años. Pero llegado un punto tuve claro que tenía que regresar a la vocalidad de mezzosoprano, que es donde mi voz sigue hoy en día, quizá adentrándose ya en lo que llamaríamos una voz de contralto. Nunca empleé la voz de pecho durante mi carrera pero ahora es un recurso que he aprendido a manejar y me permite afrontar roles como La Cieca, donde se requieren notas más graves.
Lo cierto es que grandes intérpretes del pasado como Grace Bumbry o Shirley Verrett hicieron también gala de una vocalidad fronteriza o en constante transición, adentrándose a menudo en roles de soprano por más que su material, de natura por así decirlo, fuera de mezzosoprano. Quizá la de mezzosoprano sea la voz más flexible, desde este punto de vista, ¿no cree? Sobre todo la que más permite acompasar esta evolución con el paso del tiempo.
Sí, aunque en realidad cada cantante es un mundo, en este sentido. Lo importante es sentir lo que te dice tu instrumento y tomar una decisión clara al respecto. No creo que sea bueno estar yendo y viniendo constantemente del repertorio de soprano al de mezzosoprano o a la inversa. Yo lo tuve claro y tomé esa decisión pero, ya digo, solo durante un periodo de tiempo limitado.

Al respecto de Ponchielli, usted conocerá perfectamente que este compositor tiene una ópera titulada I lituani que sería ideal para presentarse hoy en día, con tantos cantantes lituanos como usted en primera línea, en los grandes teatros. ¿Le consta que haya existido en el pasado o que exista ahora sobre la mesa algún proyecto para llevar a cabo este título?
Es verdad que los lituanos siempre hemos tenido un afecto particular por Ponchielli precisamente por esta ópera, es un honor que un compositor como él nos dedicase una ópera. Hasta donde sé, este título se ha hecho recientemente en Lituania. Y tiempo atrás, en Chicago, me consta que había una compañía de ópera con cantantes lituanos que tenían este título en su repertorio. En mi caso, nunca he tenido ocasión de cantar esta obra, hubo un par de proyectos sobre la mesa, pero nada realmente concreto. Tan solo he cantado el aria de Aldona, uno de los roles principales; mi madre se llamaba Aldona, precisamente, así que era muy emotivo para mí cantar ese fragmento. Hice también el duetto de la ópera en alguna ocasión, pero nada más. Es una ópera bellísima, con una música muy reconocible, típicamente de Ponchielli. Ojalá surja algún proyecto para llevarla a escena pronto, sería estupendo.
Su repertorio a día de hoy sigue siendo muy amplio, incluyendo su presencia en la recuperación de algunos títulos de ópera rusa importantes, como recientemente en Múnich como La noche antes de Navidad de Rimsky-Kórsakov o la gran producción de Guerra y paz de Prokófiev que se hizo también en la Bayerische Staatsoper, en 2003.
Sí, desde que volví a cantar como mezzosoprano he tenido ocasión de cantar hasta tres óperas de Prokófiev: Esponsales en el monasterio, El jugador en Salzburgo, en 2024, y las funciones de Guerra y paz que usted mencionaba, en la producción de Dmitri Tcherniakov que hasta donde sé está previsto que se haga también aquí en Barcelona. Es curioso porque antes de regresar a la vocalidad de mezzosoprano no había tenido ocasión de cantar ninguna ópera rusa. Por eso valoro tanto estos proyectos, como también La dama de picas de Chaikovski, en la que he podido cantar el rol de la Condesa. En líneas generales es un repertorio muy atractivo, a veces menos conocido, con partes vocales a veces pequeñas pero intensas, con mucho interés dramático.

En su repertorio actual, ¿qué roles diría que son los que siente más ligados a su vocalidad? Creo que en breve volverá a cantar Klytaemnestra en la Elektra de Richard Strauss.
Sí, en efecto el rol de Klytaemnestra es el papel al que más ligada me siento hoy en día, especialmente en la fantástica producción de Dmitri Tcherniakov para la Staatsoper de Hamburgo. También me gusta mucho cantar la Condesa en La dama de picas. Son roles que me dan mucha gratificación y algo menos de estrés que los roles que he cantado años atrás, con mayor peso específico. En el caso de Elektra es curioso porque hubiera podido cantar el rol titular pero finalmente no se dio la ocasión, por eso creo que me gusta tanto cantar ahora Klytaemnestra.
¿Se arrepiente de haber rechazado alguna propuesta en este mismo sentido, algún debut que podría haber abordado y que finalmente no se dio?
Bueno, Elektra desde luego me hubiera encantado cantarla, pero al mismo tiempo creo que uno tiene que ser honesto con uno mismo y con los demás; es importante conocer los propios límites. Mi voz tiene un peso dramático, sí, pero no soy una soprano hochdramatische, como se dice en alemán. En este sentido, seguramente hubiera podido cantar las protagonistas en Elektra, Turandot, Die Färberin en Die Frau ohne Schatten... pero seguramente hubiera estado algo al límite de mis posibilidades. De modo que no, no me arrepiento de las decisiones que tomé. He cantado un repertorio amplio, con el que me he sentido cómoda, estoy contenta con todo lo que he podido afrontar.
Wagner ha sido siempre un autor importante en su trayectoria, ya desde el inicio de su carrera tuvo ocasión además de cantar en el Festival de Bayreuth. Con posterioridad fue usted una Kundry de referencia y en tiempos recientes está cantando el rol de Waltraute en Götterdämmerung. ¿Piensa en ampliar su repertorio wagneriano, quizá con el rol de Erda?
Sí, tiempo atrás el rol de Erda era demasiado grave para mí pero ahora creo que puede encajar con la evolución de mi instrumento. Y por supuesto Waltraute sigue estando muy presente en mi agenda. También podría hacer Fricka y he hecho Brangäne hace no tanto tiempo, en Tristan und Isolde.
Finalmente, de su agenda por venir, ¿destacaría algún compromiso? ¿Quizá algún debut por venir?
Tengo bastantes cosas sobre la mesa, sí, mucho que estudiar (risas). Haré mi primera Zita en Gianni Schicchi de Puccini; vuelvo a hacer Ms. Quickly en Falstaff, un rol que hice tan solo una vez en Valencia; haré Jezibaba en Rusalka; seguramente también Madame de Croissy en Dialogues des Carmelites. No tengo grandes sueños con el repertorio, pero me dejo sorprender (risas). También volveré a hacer la Condesa en La dama de picas, la Zia Principessa en Suor Angelica, etc.