Barroquismo noir
Valencia. 28/02/2026. Palau de Les Arts. Georg Friedrich Händel: Giulio Cesare. Marina Monzó, (Cleopatra). Aryeh Nussbaum Cohen, (Giulio Cesare), Arianna Venditelli (Sesto). Sara Mingardo (Cornelia). Cameron Shahbazi (Tolomeo). Jean-Philippe McClish (Achilla). Bryan Sala (Curio), Lora Grigorieva (Nireno). Orquesta de la Comunitat Valenciana. Marc Minkowski, dirección musical. Vincent Boussard, dirección de escena. Producción de Oper Köln.
Éxito absoluto en la primera representación de esta obra maestra händeliana, en la historia del Palau de Les Arts. Marina Monzó sobresalió en su primer rol barroco como una protagonista ideal, por adecuación vocal y con ese charme especial que ha de tener cualquier reina de Egipto que se precie. El otro puntal de la función fue la batuta especialista y vibrante de un Marc Minkowski que llevó en volandas una Orquesta de la Comunitat Valenciana que volvió a demostrar ser la mejor formación orquestal de España, en una incursión barroca saldada con una excelencia de contagiosa luminosidad.
La soprano valenciana Marina Monzó está en un momento de forma ideal par afrontar este rol paradigmático para cualquier soprano lírico-ligera en plenitud. Sorprende que haya sido no solo su rol debut sino que también sea la primera ópera barroca de su carrera. Monzó sedujo por la facilidad en las coloraturas, la ligereza y volubilidad del fraseo, tan adecuado al rol, y demostró que se le abre un repertorio donde puede triunfar en muchos títulos pues las cualidades le van como anillo al dedo. Con las funciones profundizará en una expresión todavía en maduración, pues la excelencia de su emisión y el control del instrumento a nivel técnico son admirables, pero Cleopatra necesita de una variedad de acentos, colores y estilo que sin duda aflorarán con cada interpretación. Las ovaciones que se llevó después de V’adoro pupille o Se pietá avalan su conexión con un público que la adoró gracias a su empatía y carisma escénico. El vestuario de Christian Lacroix además la transformó en una especie de pantera negra egipcia, intensificando una sensualidad característica que bordó a nivel actoral.
No hay duda que la batuta de Marc Minkowski, quien domina la partitura como pocos hoy eh día, ayudó al éxito del debut de Monzó, pues el estilo siempre fue el adecuado, con variaciones en los da capo como toca. El maestro francés intensificó su ya reconocida electricidad teatral a la batuta con una nutrida variación de tempi, dinámicas y contrastes barrocos a mayor gloria de una partitura exepcional que contó con una Orquesta de la Comunitat Valencia maleable y de estilo arrebatador. La formación se doblegó al canon barroco con una flexibilidad camaleónica de verdaderos maestros. Si al purista del estilo barroco y las formaciones con instrumentos originales y cuerdas de tripa pudo echar de menos esa calidez característica, o ese tremolo tan propio de las trompas barrocas sin pistones, no es menos cierto que la calidad exquisita de los solistas de las trompas, la sección de cuerdas o unos vientos excepcionales, convirtieron al foso en ese paraíso sonoro que necesita una particella excepcional como esta. Un verdadero disfrute orquestal que acompañó a las voces con una excelencia frugal irresistible.
El debut en España del contratenor estadounidense Aryeh Nussbaum Cohen como protagonista de la ópera fue notable. La voz corre con facilidad, tiene cuerpo y el garbo requeridos y si bien ni por timbre o color es un instrumento especialmente seductor, no hay duda de su fina escuela técnica y un estilo que domina con elegancia y recursos. Sobresalió en los momentos más líricos con un Va tacito especialmente seductor.
La clase aristocrática del canto, la madurez y control del estilo como las grandes personalidades del género barroco, lo personificó la Cornelia de la decana contralto italiana Sara Mingardo. Siempre a medio camino de la expresión profunda, la distinción del fraseo, una tesitura tersa y una proyección de una homogeneidad admirable, la Mingardo sentó cátedra como una verdadera patricia del canto romana.
Anunciada una indisposición de última hora por megafonía de la soprano Arianna Venditelli como Sesto, quien cantaría de todas maneras pero pidiendo la comprensión del público, lo cierto es que sus prestaciones fueron impecables. Solo se percibió una menor proyección y cierta debilidad en la emisión que no empañaron sus grandes momentos como ese dúo final del primer acto, Son nata a lagrimar, donde se fusionó con la Cornelia de Mingardo en un momento mágico que paró el tiempo.
No hay duda de la personalidad y adecuación vocal en el Tolomeo del contratenor canadiense Cameron Shahbazi. Supo aportar esa extraña mezcla que conjuga el manierismo de un rol que suele caer en la caricatura y que el dotó de magnético donaire, con una técnica precisa y un estilo perfecto para un timbre muy personal que fusionó con el rol de manera proverbial.
El Achilla del bajo quebequés Jean-Philippe McClish sonó vociferante por momentos, en contraste con una interpretación teatral de medida eficacia. La voz es sonora y si en el estilo pareció esquivo por momentos, su resultado final fue más que correcto pues la rudeza del rol justificó los desmanes vocales puntuales.
Calidez y voces prometedoras el Curio del barítono italiano Bryan Sala y el Nireno de la soprano rusa Lora Grigorieva, ambos participantes del Centre de Perfeccionament Palau de Les Arts que dirige Maria Bayo.
La puesta en escena de Vincent Boussard, basada en un negro omnipresente de eficiente iluminación por Andreas Grüter, tuvo su principal aliciente en ceder el protagonismo al vestuario noir y sofisticado de Christian Lacroix. La escenografía minimalista de Frank Philipp Schlössmann, presidida con los fondos cambiantes con los videos de Nicolas Hurtevent en un ciclorama de sobria fantasía egipcia, convirtió la escena en unos fotogramas cinematográficos. Los figurines de Lacroix cincelaron los protagonistas con un toque chic muy francés en una dramaturgia donde Boussard dejó fluir el pathos barroco de la música con resolutivos efectos teatrales. Los más celebrados fueron la rotura de la cuarta pared en el V’adoro pupille o el duelo Cesare-violín solista, magnífico el concertino Stéphane Rougier, en el aria Se in fiorito, que el público agradeció con sonoras ovaciones.
Una función triunfal que recuerda que el repertorio barroco sigue teniendo un público que lo celebra y lo goza con repartos y propuestas como la ofrecida con este feliz primer Giulio Cesare en la historia del Palau de Les Arts.