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De lo moral a lo espiritual

Peralada. 2/4/2026. Iglesia del Carmen. Caldara: Il Cristo condannato. Ana Quintans, Montserrat Seró, Maite Beaumont, Josep Ramon Olivé, Nicolas Brooymans. Cor Francesc Valls (Pere Lluís Biosca, director). Vespres d’Arnadí. Dani Espasa, dirección musical. 

Peralada. 3/4/2026. Iglesia del Carmen. Couperin: Leçons de ténèbres. Lucía Martín Cartón, Rachel Redmond. Les Arts Florissants. William Christie, dirección musical.

El Festival Perelada de Pascua llega a su cuarta edición fuertemente consolidado tanto en el ámbito artístico como en la respuesta del público. El lleno absoluto en la Iglesia del Carmen tanto en el concierto inaugural como en la segunda jornada así lo atestiguan. Poco a poco, la dirección artística del certamen ha ido afinando la programación hasta convertirlo en cita ineludible para los amantes de la música sacra en todas sus variantes, desde la estética renacentista hasta la más rabiosa actualidad. En esta edición, por primera vez ampliada hasta el Domingo de Resurrección, el Festival Perelada ha reunido un ramillete de conjuntos musicales de perfiles distintos, pero de indudable calidad como son Vespres d’Arnadí, el Cor Francesc Valls, Les Arts Florissants, Vox Luminis, O Vos Omnes y la Franz Schubert Filharmonía.

A todo ello hay que añadir la labor de recuperación de obras práctica o absolutamente inéditas en tiempos modernos. Un proyecto liderado por Dani Espasa y Vespres d’Arnadí, conjunto residente en el festival desde su inauguración. Si en 2023 fue La Giuditta, de Alessandro Scarlatti, en 2024 San Giovanni Battista, de Alessandro Stradella y el año pasado Sanctus Petrus et Santa Magdalena, de Johann Adolf Hasse, en esta edición la obra escogida para el concierto inaugural ha sido Il Cristo Condannato, de Antonio Caldara. Este peculiar oratorio, del cual no existe ninguna grabación completa, fue escrito por el compositor veneciano en 1717, poco después de incorporarse como segundo Kapellmeister (el titular era Johann Joseph Fux) de la Corte de Viena. La vinculación de Caldara con el Emperador Carlos VI, sin embargo, venía de lejos. Tanto es así que, en 1708, fue el encargado de proporcionar una ópera para los festejos de las nupcias de éste con Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel que se celebraron en Barcelona. Un acontecimiento histórico ya que supuso la primera representación de una ópera italiana en la Península Ibérica.

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La producción de Antonio Caldara es amplísima, especialmente centrada en la ópera y el oratorio en un momento en el que ambos géneros mantuvieron más vasos comunicantes que nunca a nivel estilístico. Si la ópera había encontrado su espacio en teatros comerciales, el oratorio estaba más vinculado a encargos de la corte o la iglesia. Así, mientras los empresarios teatrales buscaban rentabilidad económica y, por tanto, reducir gastos y personal, en el campo del oratorio los compositores se podían permitir lujos como plantillas instrumentales más amplias y, sobre todo, la presencia de un coro. Este elemento fue clave para que figuras como Händel se volcaran en este género que vivió un momento de gran esplendor. Il Cristo Condannato pertenece a este floreciente período del barroco tardío y se centra en el episodio evangélico del juicio de Poncio Pilatos y, más concretamente, en sus dudas morales respecto a la condena de Jesucristo. A partir del singular libreto de Pietro Pariati, Caldara construye una reflexión musical apoyada en cinco personajes, tres reales (Pilatos, su esposa y un portavoz del pueblo) y dos alegóricos (Sacro Testo, que hace las funciones de narrador y Anima Compunta, encargada de expresar la dolorosa injusticia de la condena).

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Dani Espasa dirigió desde el teclado (clave y órgano) a sus Vespres d’Arnadí con el rigor habitual, siempre respetando al máximo la natural prosodia del texto y sin forzar contrates dinámicos o rítmicos. La orquesta le siguió con la calidad y eficiencia habitual liderada por Farran Sylvan James en las cuerdas y la garantía de Oriol Aymat en el bajo continuo. Una lectura clara y aseada a la que, sin embargo, le faltó algo de chispa para elevar una partitura que ofrece algunos números brillantes, pero un tanto monótona en el aspecto dramático. El Cor Francesc Valls arrancó un tanto frío en sus cortas e incisivas intervenciones iniciales, pero se fue entonando progresivamente hasta firmar una prestación más que convincente. En el apartado vocal sobresalió la Anima Compunta de una magnífica Ana Quintans, soprano de timbre plateado que exhibió recursos técnicos, notable proyección y exquisita expresividad. La parte más complicada (Capo Popolo) la asumió el barítono Josep Ramon Olivé en un rol vocalmente endiablado tanto por coloratura como por extensión, saliendo más que airoso del reto. La mezzosoprano Maite Beaumont volvió a demostrar su reconocida clase y elegancia en un papel (Sacro Testo) que, sin embargo, pareció un poco grave para sus características, lo cual disminuyó el lucimiento de sus intervenciones. De voz atractiva, pero con un canto demasiado monótono en colores y matices, el bajo Nicolas Brooymans encarnando a Pilatos, mientras que Montserrat Seró interpretó a su esposa con impecable solvencia.

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Si Il Cristo Condannato plantea principalmente un dilema moral, las Leçons de ténèbres nos sitúan en un ámbito devocional, ritual y simbólico que, desde su primera edición, ha formado parte de la programación del Festival Perelada de Pascua. De entre las muchas versiones musicales que existen basadas en Las lamentaciones de Jeremías destinadas a los oficios de Miércoles, Jueves y Viernes Santo, la tres Leçons creadas por François Couperin en 1714 ocupan lugar destacado en la historia de este subgénero. La expresividad melismática desplegada por el compositor se traduce en una sensación de suspensión temporal realmente trascendente capaz de conmover al ateo más conspicuo. Los responsables de interpretar la obra en esta edición fueron miembros de Les Arts Florissants con su legendario director William Christie al frente. Estaba previsto que esta formacion actuara la pasada edición pero las circunstancias climáticas lo impidieron.

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Christie, que al final del concierto recibió la Medalla de Honor del Festival, presidió el oficio desde el órgano repartiendo juego entre un conjunto instrumental formado por dos violines y viola da gamba, que intercalaron piezas de Marc-Antoine Charpentier y Marin Marais, y dos cantantes que lidiaron con las tres Leçons. La primera de ellas corrió a cargo de la soprano Lucía Martín Cartón, impecable estilísticamente, aunque algo corta en la expresión. Más efusiva fue la interpretación de la segunda por parte de Rachel Redmond, de voz más carnosa y expansiva, que logró aumentar el nivel emocional y espiritual de un concierto que tuvo su colofón en la última Lección a dúo, una auténtica filigrana vocal que cerró por todo lo alto la segunda jornada del festival.

Fotos: © Miquel González