© Toni Bofill

Un clásico en Sabadell

Sabadell, 22 de abril de 2026. teatre de la Faràndula. Verdi: La traviata. Tina Gorina (Violetta), Antoni Lliteres (Alfredo), Luis Cansino (Giorgio Germont), Laura Obradors(Annina), Alejandro Chelet (Barone), Tamara Abraão (Flora Bervoix),  Adrià Mas (Gastone), Lluís Vergés (Marchese d'Obigny), Jordi Serrano-Jové (Dottore Grenvil), Oriol Luque (Giuseppe), Néstor Corona (Commissionario).Orquestra Simfònica del Vallès y Cor Amics de l’Òpera de Sabadell . Andres Salado, dirección musical. Carles Ortiz (dirección escénica)

El hecho de que la Traviata se represente constantemente tiene que ver con la importancia de la obra, con su misma representatividad, con que es una obra maestra y con que ofrece notables ventajas de taquilla. Y vale la pena verla siempre porque la obra lo merece. Si se consigue de ella una representacion convincente es un éxito seguro, y este fue el caso del estreno de la nueva Traviata en Sabadell.

La velada venía condicionada por un hecho muy importante: Maria Miró no estaba disponible para representar el personaje de Violetta. Este es un problema extremadamente sensible en una obra en que el personaje principal es de los más dominantes del repertorio habitual. Por decirlo en plata: sin una Violetta realmente convincente no puede funcionar una Traviata. Y la encargada de resolver la situación era Tina Gorina.

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Un hecho así puede tener consecuencias a nivel escénico y musical, más allá  de las capacidades de la cantante y su conocimiento del papel, por falta de ensayo. Pero la verdad es que Tina Gorina estuvo concentrada en lo escénico y espléndida en lo musical. Cantó un brindis elegantí simo, cuidadosa con las dinámicas y rítmicamente precisa. Llamo la atención por la nitidez de ejecución de las numerosas ornamentaciones de su aria en el primer acto (aria difícil que resolvió muy bien por lo demás). Las características vocales de Tina Gorina parecen en principio las adecuadas preferentemente para el primer acto, pero ello no le impidió cantar un duo emocionante con Giorgio Germont, particularmente por un uso muy sensible de las dinámicas en pasajes como "ah, se alla misera che un dì caduta" o "dite alla giovine sì bella e pura". Su condición vocal, más lírica que dramática, no se resintió tampoco en la escena de la fiesta en casa de Flora (muy bella la media voz en "Alfredo, Alfredo, di questo core") ni en el acto final, redondeando una prestación muy exitosa.

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La producción escénica, a cargo de Carles Ortiz, fue también muy eficiente. Algunas aportaciones de cosecha propia funcionaban bien con el texto, el espejo en la escenografía de Jordi Galobart tuvo usos muy convincentes y en terminos generales se aportó lo que hace falta para contar la historia y se creó un contexto adecuado para una música tan extremadamente popular.

Merece una mención especial la dirección musical de Andres Salado, de tempi ligeros y a veces vibrantes, mucha atención a lo que sucedia en el escenario, notable plasticidad y precisión en el fraseo y un equilibrio muy adecuado entre las secciones. Los unicos lunares fueron una cadencia algo desordenada en uno de los duos entre Violetta y Alfredo y el hecho de que, en mi modesta opinión, no sacara todo el jugo al momento orquestal más bello de la obra, que es el preludio del ultimo acto. En balance general la prestación de la orquesta fue muy buena y la del coro también, mereciendo una especial atención el difícil pasaje "si ridesta in ciel l'aurora", que fue ejecutado de modo muy compacto por los coristas, sin vacilaciones con el tempo en el juego de respuestas que entraña, y con un crescendo dinámico muy convincente.

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Alfredo era Antoni Lliteres. Es un tenor de voz sonora y un canto mas que correcto. Su estilo encaja perfectamente para los pasajes de bravura tales como la cabaletta del segundo acto o la del duo del ultimo acto (oh, mio sospiro, o palpito"), por el brillo de la voz y la seguridad de los agudos. Por otra parte no es un belcantista refinadísimo pero ello no le impidió aportar sensibilidad en "Parigi, o cara". En conjunto estuvo a la altura y tuvo una actuación brillante sólo empañada por un desempeño escenico un tanto convencional. En cambio Luis Cansino, que interpretaba al padre Germont estuvo en personaje en todo momento, logrando una buena caracterización. Cantó bien en general y ejecutó su aria con sensibilidad y buen estilo en particular, siendo tal vez el único reproche que me atrevo a hacerle el de no haber secundado suficientemente a Tina Gorina en las delicadas dinámicas del duo del segundo acto.

La aportación de los secundarios fue un tanto irregular, siendo muy eficaces en el caso de la Annina de Laura Obradors y el Barone de Alejandro Chelet. En conjunto había en la sala el ambiente jubiloso que inspira siempre esta obra maestra tan recurrente y nunca aburrida y el publico fue elocuente en sus manifestaciones de entusiasmo durante el conjunto de la función. Está bien merecido.

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Fotos: © Toni Bofill