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Norma desde el foso

Sabadell. 22/02/2026. Teatre La Faràndula. V. Bellini: Norma. Maribel Ortega (Norma), Anna Tobella (Adalgisa), Kenneth Tarver (Pollione), David Cervera (Oroveso), Laura Obradors (Clotilde), Roberto Redondo-Sainz (Flavio). Cor Amics de l’Òpera de Sabadell (Daniel Gil de Tejada, dirección). Orquestra Simfònica del Vallès. Carles Ortiz, dirección de escena. Julio García Vico, dirección musical.

Tras el acontecimiento que supuso la programación en su historia del primer título wagneriano, un Der fliegende Höllander saldado con éxito rotundo, las aguas en la Fundació Òpera Catalunya han vuelto a su cauce. Ha sido con la Norma de Vincenzo Bellini, una obra que ha subido en diversas ocasiones a su escenario, pero que no por ello deja de suponer un reto mayúsculo. Estrenada en La Scala de Milán en 1831, la obra maestra del compositor siciliano marcó la superación definitiva del clasicismo rossiniano y el encumbramiento de un nuevo bel canto imbuido del romanticismo emergente. Norma mantiene las estructuras clásicas del género hasta aquel momento, pero el aliento es ya muy distinto. El lieto fine rossiniano ya no tiene cabida, la desesperación de las heroínas y su destino trágico se convierte en centro del drama y los acentos, tanto en lo vocal como en lo orquestal, tienden inevitablemente hacia un mayor realismo alejado de los afetti de raíz barroca. Lo que sí se mantiene en Norma es la exigencia en cuanto al virtuosismo vocal de los intérpretes de cada uno de los personajes, pero muy especialmente en lo que respecta al personaje protagonista, considerado unánimemente por todas las sopranos como uno (si no el que más) de los más difíciles de todo el repertorio.

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Para la ocasión, la compañía del Vallès ha vuelto a confiar para asumir tamaña hazaña en una de las cantantes más emblemáticas de la casa, Maribel Ortega. La soprano jerezana, que ha regalado grandes noches en Sabadell encarnando importantes roles dramáticos en títulos que van desde Macbeth a Un ballo in maschera y que tuvo un notable desempeño en el mencionado Der fliegende Höllander, había ya interpretado el rol hace más de diez años en estas mismas tablas dejando un grato recuerdo. Ahora lo ha vuelto a hacer exhibiendo de nuevo esa voz amplia, rica y carnosa de la que es poseedora. Unas cualidades que se pusieron de manifiesto en su entrada, la célebre “Casta diva” así como en las partes de canto spianato y en el registro central. En cambio, en la cabaletta de la misma ya mostró notables limitaciones y una pesantez en las agilidades que se mantuvieron durante toda la velada, afectando decisivamente el resultado global de su prestación. Los mejores momentos a nivel vocal y dramático aparecieron en el gran dúo con Adalgisa, donde pudo frasear con acentos incisivos en la franja central. La catártica escena final, sin embargo, adoleció de esa grandeza trágica que el papel pide como agua de mayo.

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También Anna Tobella, encarnando a Adalgisa, tuvo momentos de intenso fraseo gracias a un instrumento rico en la franja central. Como Ortega, dio lo mejor de sí en el mencionado dúo, pero cuando la partitura le exigía adentrarse en el registro agudo el timbre perdía calidad y la emisión pareció en general descontrolada, con sonidos duros y poco matizados que perjudicaron su rendimiento general. La primera aparición en escena del tenor Kenneth Tarver en el papel de Pollione, es decir su “Meco all’altar di Venere” y la correspondiente cabaletta, planteó ciertas dudas en cuanto a volumen y en el mecanismo de ascensión al agudo, pero cabe decir que el cantante americano se fue consolidando a lo largo de la función. Si bien la paleta de colores fue limitada, su fraseo fue siempre elegante y estilísticamente adecuado firmando una notable prestación. Discreto el Oroveso de David Cervera, cantado con corrección, pero falto de rotundidad y proyección. Los papeles secundarios fueron servidos por Laura Obradors, correcta Clotilde, y el tenor Roberto Redondo-Sainz, que dio relieve al personaje de Flavio.

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Teniendo en cuanta lo señalado a nivel vocal, la función hubiese pasado sin pena ni gloria. La sorpresa, sin embargo, surgió desde el foso de la mano de Julio García Vico. El joven director gaditano levantó el nivel general gracias a una dirección tan enérgica como matizada, extrayendo un rendimiento espectacular de una Orquestra Simfònica del Vallès que pareció más entonada que nunca. La elección de tempi, la atención a los más mínimos detalles instrumentales, la capacidad de concertación entre foso y escena, así como un dominio absoluto de la partitura mostrado en todo momento, revelan a un director con un potencial indiscutible. No es habitual ver a un joven dirigir una ópera como Norma con esa autoridad y personalidad tanto en lo instrumental como en lo vocal. Sin duda, Julio García Vico es un nombre para tener en cuenta para los años venideros y un absoluto acierto de la nueva dirección de la FOC. Bajo su mando, el Cor Amics de l’Òpera de Sabadell, bien preparado por Daniel Gil de Tejada, confirmó la gran evolución mostrada en las últimas temporadas, con una sección femenina especialmente resaltable.

Totos: © Toni Bofill