Pletnev_FSF_Marti_e_Berenguer.jpg© Martí E. Berenguer 

El doble filo de la sobriedad

Barcelona, 05/05/2026. Palau de la Musica Catalana. Obras de Schubert, Grieg, Shor/Pletnev y Franck. Mikhail Pletnev (piano), Marc Bouchkov (violin).

Cuando escribo estas lineas he tenido la oportunidad de leer alguna crítica del programa que nos ocupó el martes en el Palau, tanto de su paso por Madrid como de la actuación en el Palau a la que me refiero. Todas ellas hablan de la sublimidad de lo vivido y al alarde de sobriedad de los intérpretes. No tengo ninguna duda sobre lo segundo y ello resulta alentador, puesto que certifica que, efectivamente, vimos el mismo concierto. Pero puedo decir con convicción que no comparto en absoluto el primer aserto ni el entusiasmo expresado por estos comentarios y por una parte del público del Palau. Al que escribe le resultó en conjunto mucho más decepcionante. Vayamos por partes.

La velada se inició con aparentes problemas de Pletnev con los focos que le venían de cara desde el lateral. No tengo la impresión de que esos problemas se resolvieran en absoluto. La primera pieza del programa era la Sonata para violín y piano nº1, D.384 de Franz Schubert. Una obra de corte clásico si hay que situarla dentro del conjunto de la obra de cámara de su autor. En el Allegro molto se pudo observar lo que acabó siendo una invariante en toda la velada: Pletnev en actitud subalterna y un tanto inexpresiva. El ritmo chispeante del acompañamiento en la secuencia inicial resultó, por ejemplo, bastante borroso. Se puede, naturalmente, vender como sobriedad y pulcritud, y no cabe duda de que ambos adjetivos son muy adecuados para el caso, pero no creo que un Radu Lupu (por poner un ejemplo) pueda ser considerado un intérprete poco refinado y, sin embargo, obtiene de esta obra un pianismo mucho mas expresivo y vibrante. Se puede añadir, incluso, que aunque Marc Bouchkov dio muestras de virtuosismo aquí y allá durante la velada, en este primer movimiento de la sonata mostró algun fraseo de articulación dudosa. Ofreció, en cambio, pasajes en pianissimo realmente sublimes durante el Andante para reproducir en el Allegro vivace las sensaciones del primer movimiento. 

La primera parte se completaba con la Sonata nº3 de Grieg, obra de madurez bastante interesante. Por lo que respecta al violinista las cosas fueron mejor aquí. Exhibió un vibrato de gran belleza en el primer movimiento (Allegro molto ed appassionato) y en general una mayor adecuación estilística. En el segundo movimiento (Allegretto espressivo alla Romanza) el solo inicial en mi mayor permitió a Pletnev convertir la sobriedad en delicadeza y obtener un momento realmente conmovedor, pero esta no sería la tónica general ni en el tercer movimiento (Allegro animato) ni en el resto de la velada, y la interpretación (afortunadamente conservada, a pesar del sonido mas bien dudoso) de Rachmaninov con Kreisler nos da la idea de que se pueden hacer abordajes más intensos de esta obra sin perjudicarla.

Para atacar la segunda parte teníamos lo que venía a ser un estreno (por lo menos en Barcelona): la sonata para violín que el propio Pletnev escribió junto con Alexey Shor basándose en un concierto para violín de este último. En las tres sesiones de este ciclo se estrenó una obra diferente de este autor. De las tres, esta es la más digerible, probablemente porque el formato camerístico atenúa la peligrosa tendencia al kitsch de su autor. Ya el primer movimiento despliega un neoromanticismo cargado de lugares comunes, tendencia que tiene un efecto más adverso en sus obras orquestales. El segundo movimiento permitió a Bouchkov dar una brillante exhibicion de belleza timbrica y de articulación y fraseo más que convincentes.

Para cerrar la sesión nos fue dada esa estupenda Sonata para violin de Cesar Franck en la que Pletnev no salió de su "perfect isolation", no excedió jamas el mezzoforte como hasta el momento y se movió en la fina linea entre lo elegante y lo aburrido mientras Bouchkov aprovechaba el primer plano que Pletnev graciosamente le entregaba para seguir ofreciendo algunos momentos reseñables. Naturalmente no se puede dudar de la destreza de los intérpretes pero, en resumen, un servidor esperaba más y no comparte el entusiasmo general.