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All'antico 

Mahón. 31/05/2026. Teatre Principal de Mahón. Verdi: Un ballo in maschera. Celso Albelo (Riccardo). Erika Grimaldi (Amelia). Simone Piazzola (Renato). Olesya Petrova (Ulrica). Lavinia Bini (Oscar) y otros. Giorgia Guerra, dirección de escena. Gaetano Lo Coco, dirección musical.

La propuesta de los Amigos de la Ópera de Mahón, en Menorca, no sólo es de un enorme mérito, dados los limitados medios con los que cuentan, sino que personifica el recuerdo vivo de un modo de hacer ópera hoy prácticamente en extinción. Me refiero a un modo casi artesanal de entender la representación operística, tal ycomo de hecho la ópera se hacía antaño, en contextos donde el voluntarismo lo podía todo. El recogido y hermoso Teatro Principal de Mahón es un espacio idóneo para disfrutar de las voces en condiciones semejantes a las que conocieron los autores del siglo XIX, lejos de las grandes salas, de enormes dimensiones, donde nos hemos acostumbrado a escuchar algunos títulos que, seamos sinceros, se disfrutan mucho más en la cercanía de espacios como este.

El principal atractivo de estas funciones era sin duda el elenco reunido, cuajado de voces de probada solvencia. En la parte protagonista de Riccardo el tenor Celso Albelo confirmó el excelente momento de madurez profesional que atraviesa su carrera, exhibiendo unos medios plenos, de agudo firme y fácil, con un centro amplio y sólido, al servicio de un fraseo elegante y plagado de intenciones, desplegando una rica variedad de acentos y dinámicas. De todas sus intervenciones me quedaría quizá con su última escena, la de la muerte de Riccardo, con un medido y expresivo canto a media voz. Bravísimo. Su próximo Manrico en Il trovatore del Teatro Real, tras su debut con el rol en Bilbao hace un par de años, promete ser de los que hacen época.

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A su lado la soprano Erika Grimaldi dejó también patente el dulce momento que atraviesa su agenda. El instrumento es de primer nivel, con un esmalte atractivo y una proyección envidiable. La voz corre límpida y brillante y la cantante se manifiesta con elegancia y precisión. Su 'Morrò, ma prima in grazia' sonó realmente estremecedor, generando un silencio en la sala de los que rara vez se escuchan. Su Amelia fue intachable de principio a fin y sería estupendo poderla escuchar más por nuestros escenarios.

Completando el trío protagonista, Simone Piazzola presentó un Renato de referencia, con unos medios notabilísimos, de genuino barítono italiano. La voz sonó siempre bien timbrada, desahogada en el agudo y la interpretación fue honesta y noble, cantando con una seguridad y un aplomo admirables. Su Renato sonó generoso y teatral, haciendo justicia al libreto y a la bellísima música compuesta por Verdi para su parte, incluyendo una rendición sobresaliente del célebre 'Alzati... Eri tu!'. De nuevo, un cantante al que sería estupendo escuchar más por estos lares.

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La Ulrica de Olesya Petrova fue sonora y expresiva, adueñándose del rol sin dificultad alguna. Convenció también el desenvuelto Oscar de Lavinia Bini, cantado -y de vez en cuando se agradece- con una voz más lírica y menos liviana de lo habitual en este rol. El elenco se completó con el siempre cumplidor Valeriano Lanchas como Sam y con las atinadas intervenciones de William Corro (Tom) y Arnau Tarragó (Silvano).

En el foso escuchamos una prometedora dirección musical del joven maestro italiano Gaetano Lo Coco, al frente de la Orquestra Simfònica de les Illes Balears. La orquesta, y la dirección del maestro, fueron de menos a más, conforme el sonido se fue caldeando y las cuerdas de la formación balear se fueron soltando. Lo Coco mostró buenas intenciones, pulso teatral e intución en el acompañamiento a los solistas. Mención aparte merece la encomiable labor del coro de los Amigos de la Ópera de Mahón, implicadísimo y realmente esmerado, transmitiendo además un evidente disfrute con su hacer sobre las tablas.

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La propuesta escénica de Giorgia Guerra tiene la virtud de narrar la historia de manera inteligible partiendo de pocos elementos escenográficos. En su propuesta hay teatro, sin ambages, manejando con soltura el reducido escenario del Teatro Principal de Mahón y poniendo en valor unos telones pintados de los años ochenta y recuperados para la ocasión. A veces menos es más, sobre todo si se cuenta con un elenco de cantantes implicados y expresivos, como fue el caso de estas funciones. En tiempos de tanto konzept, de vez en cuando congratula ver una propuesta sin mayores pretensiones que las de servir al teatro con honestidad.

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