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¡Un descubrimiento! 

Gdansk 03/07/2026. Baltic Opera. Józef Beer: Polnische Hochzeit. Jerzy Butryn (Baron Mietek Oginski), Monika Redecka (Jadzia), Grzegorz Szostak (Conde Staszek Zagórski), Piotr Buszewski (Conde Bolesław Zagórski), Marta Wiktorzak (Zuza), Huper Zapiór (Kazimierz von Kawiecki), Marcin Klarman (Mazurkiewicz), Sebastian Rutkowski (Sergiusz Korozow), Jerzy Szlachcic (Wladek), Kinga Mazurjiewicz-Pala (Zdenka), Katarzyna Tobola (Stasia), Rafal Romanicz (Stefek), Daniel Babuska (Wacek). Orquesta, Coro y Ballet de la Wroclaw Opera. Andrzej Jagodziński Trio. Łukasz Borowicz, dirección musical. Paweł Miśkiewicz , dirección de escena. Coproducción del Baltic Opera Festival con la Wroclaw Opera.

El descubrimiento para muchos, el que escribe sin ir más lejos, de esta maravillosa opereta del compositor Józef Beer, escrita en alemán con el título de Polnische Hochzeit (La boda polaca), una obra estrenada en 1937 en la Ópera de Zúrich, ha sido uno de los must de esta cuarta edición del Baltic Opera Festival.

Olvidada durante años, a pesar del éxito europeo desde su estreno en Zúrich en 1937, el hecho de que su compositor fuera judío, nacido en la ciudad de Leópolis (Ucrania) en 1908 y muerto en Niza en 1987, y que viviera su madurez como compositor en plenos años de la Segunda Guerra Mundial, han hecho que su obra sea prácticamente desconocida.

Existe una grabación en vivo de la opereta, grabada por el sello CPO, desde el teatro Gärtnerplatz de Munich, con la orquesta de la Radio de Munich y la dirección musical de Ulf Schirmer, que vale la pena escuchar pues le hace plena justicia a la partitura. Además cuenta con el protagonismo de un pletórico Nikolai Schukoff.

La feliz iniciativa de exhumar esta opereta que no se veía escenificada en Polonia desde su estreno estatal en 1937, ha resultado todo un logro musical para el Baltic Opera Festival, en su doble faceta de reivindicar el repertorio germánico en un país donde todavía Wagner sobretodo, es poco interpretado, y en la recuperación de patrimonio musical, como es el caso.

Con la presencia de su dos hijas y uno de sus nietos en este estreno en tiempos modernos de La boda polaca en Polonia, aquí traducida al polaco, el malogrado olvido de Josef Beer, se está revertiendo, pues su música es de una calidad a la altura de los grandes compositores del género: Strauss, Kalman o Léhar.

Con una partitura que no llega a las dos horas, de una creatividad, riqueza melódica y audacia de géneros, pues mezcla con el genio de los grandes, polonesas, influencias klezmer, toques de jazz o fox trot en una inventiva musical cual carrousel sonoro del que es imposible no caer rendido ante su frescura y originalidad.

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El equipo vocal fue de gran solvencia, con el tenor polaco Piotr Buszewski, como gran estrella del reparto pues su particella es altamente comprometida y exigente. De voz incisiva, timbre brillante y agudos resplandecientes, bordó su rol con efusividad en el fraseo, melosidad expresiva y gran desparpajo escénico. 

A su lado la soprano Monika Redecka compartió el nivel vocal con un timbre pulido, de gran generosidad en la emisión y una proyección de sobrada técnica y estilo, como amorosa y sufrida Jadzia. Un papel hermoso que tiene no pocas conexiones con la Novia vendida de Smétana, a la que la partitura de Beer también parece homenajear en los coros campesinos de su particella.

Del dúo de personajes amorosos secundarios destacó la Zuza de una magnífica Marta Wiktorzak. Mezzo de lirismo pertubador que robó las miradas en escena a casi todos los protagonistas gracias a un rol de carácter que bordó con soltura, con el mérito de un pronunciado estado de buena esperanza. El barítono y enamorado de Zuza, Hubert Zapiór, mostró la tersura de un timbre prometedor que supo a poco dadas las características del rol.

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Entre los dos bajos protagonistas, se alternaron con gracilidad escénica y dominio vocal el Barón Mietek Oginski de Jerzy Butryn, compacto y con el carácter de segundo buffo, en la senda del carismático Conde Staszek Zagórski, por el también polaco Grzegorz Szostak, quien demostró la tablas de un cómico consumado, muy a la antigua, con un instrumento todavía digno y de ajustada proyección. Calidad y profesionalidad en el numero elenco de secundarios, donde destacó la Zdenka de la soprano Kinga Mazurkiewicz-Pala, en contraste con un coro de sonido algo amateur.

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La orquesta bajo la dirección del especialista Paweł Miśkiewicz, sonó con estilo a pesar de una visión un tanto burda y demasiado efectista por parte del director polaco. Tuvo también su protagonismo el Andrzej Jagodziński Trio, en sus solos jazzísticos de inspiración melódica siguiendo la creativa partitura de Beer, quien fusiona el espíritu de la opereta centroeuropea con guiños al jazz norteamericano, una especialidad para este trio reconocido a nivel internacional.

La producción de Papel Miskiewicz, rozó la caricatura y la astracanada con un vestuario entre folclórico y hortero, sobretodo en los sufridos bailarines de los números de danza. Con un humor demasiado grueso y populachero que buscó la complicidad del público que respondió entre la displicencia y la risa forzada, para una visión a la antigua que rayó el olor a naftalina.

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Con todo, el éxito fue el rescate de una obra que merece recuperar el éxito europeo que tuvo en su estreno, cercenado por el estallido de la guerra. Una obra de música magnífica que tuvo en cantantes y músicos el nivel merecido, todos polacos como es la idea y reivindicación como sello de presentación del Festival.

Otro éxito de esta cuarta edición del Baltic Opera Festival que promete en su quinta edición el 2027 nuevas sorpresas y títulos de gran atractivo para conmemorar sus primeros cinco años de existencia. ¡Larga vida!

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