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De cómo el vídeo mató a la estrella de la ópera

7/7/2026. Aix-en-Provence. Théâtre de l'Archevêché. Mozart. La flauta mágica. Ying Fang (Pamina), Mauro Peter (Tamino), Sabine Devieilhe (Reina de la Noche), Sean Michael Plum (Papageno), Brindley Sherratt (Sarastro). Orquesta Cappella Mediterranea. Clément Cogitore (dirección de escena). Leonardo García-Alarcón. (Dirección musical). 

A finales de los 80 la canción del grupo británico The Buggles se preguntaba “quién mató a la estrella de la radio”. No sé si habrán encontrado ya respuesta a esa pregunta, lo que sí parece que está claro es que Clément Cogitore, responsable de la nueva producción de La flauta mágica de Mozart que presenta el Festival de Aix-en-Provence, ha matado a la estrella de la ópera. Bueno, quizá sea exagerado decirlo así, pero ha destrozado sin duda una de las obras maestras del compositor austriaco. ¿Y qué arma ha utilizado para ello? El nombrado vídeo, omnipresente hasta el hartazgo en el escenario del Teatro del Arzobispado.

Y es que con sentido o sin él, saltando en el tiempo, desde finales de la II Guerra Mundial hasta los happy days de la Norteamérica de los 50, Cogitore lo invade todo (hasta eliminar casi por completo cualquier escenografía) con proyecciones de su particular narración y visión del libreto de Emanuel Schikaneder. Además decide que los protagonistas (Pamina y Tamino), desdoblándose entre actores y cantantes, vayan evolucionando de niños a adolescentes y de estos a adultos a lo largo de la representación. Razones da, faltaría más, y no hay más que leerlas en el programa de mano. No hay nada que haga un director que no tenga su interpretación. Pero eso es simplemente su punto de vista, porque esa “visión nueva” puede, como en este caso, aburrir y empujar a desconectar al espectador de cualquier afinidad con lo que pasa en escena. La historia está ahí, el público la conoce de sobra, no hace falta tanta proyección para entenderla y darle otro giro. Y no es conservadurismo lo que digo, como seguramente los enamorados de esta producción pueden decir. Simplemente es que no se crea empatía, que faltan ideas (o sobran) y que para el que firma esta reseña, esta función resultó realmente pesada.

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Como pesada fue la lectura musical de Leonardo García-Alarcón desde el foso acompañado de la Capella Mediterranea. A la batuta del argentino le faltó alma, chispa, ritmo. Leyó la partitura como si tuviera que pasar un examen de clasicismo y la prueba fuera dirigir La flauta. Algún detalle se salvó y estuvo pendiente del escenario pero después de su maravillosa L'incoronazione di Poppea de Monteverdi de hace unos años en el Jeu de Paume esta Flauta resultó decepcionante, sobre todo con algunas intervenciones de diversos instrumentos, sobre todo de un piano, desconcertantes. La Cappella Mediterranea, seguramente reforzada, sonó en el traicionero foso del Arzobispado, correcta y profesional, pese a la plúmbea dirección.

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Lo mejor de la representación fueron, sin duda, las voces. La Pamina de Ying Fang fue la voz más destacada de la noche. De un timbre bello, su canto fue elegante, delicado y tan expresivo como le permitió la lectura musical. Su Ach ich fühl’s fue el momento más aplaudido de la noche junto al Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen de la gran Sabine Devieilhe. Buen trabajo también del Tamino de Mauro Peter, con buena proyección, excelente técnica y una muy mozartiana manera de enfrentarse a este personaje que tiende a lo estático.

Muy correcto el Papageno de Sean Michael Plumb que desempeñó su papel  sin acudir a la astracanada y con una voz joven y bien timbrada. Sabine Devieilhe es una soprano que nunca defrauda, y aunque hubo algún desajuste en la parte alta de su primera aria, la más conocida, demostró su veteranía y buen hacer. Muy plano el Sarastro de Brindley Sherratt y a buen nivel todos los comprimarios. Destacar el excelente desempeño de miembros de Knabenchor der Chorakademie de Dortmund como sacerdotes de Sarastro y el Coro de cámara de Namur.

Pinchazo evidente de esta apuesta mozartiana  (autor imprescindible desde su fundación en el Festival de Aix), que peca de pretenciosidad sin base que desarrolle la historia y que además no tuvo un acompañamiento en el podio del foso acorde a la envergadura de una obra como Die Zauberflöte

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Fotos: © Jean Louis Fernandez