© Fotografía Carrera
Un trabajo comprometido
25-07-2026. Teatro Ramos Carrión. Él. De las tinieblas a la luz, de Laura Vega. Cristina Faus (mezzosoprano, Mercedes), Manuel Gómez Ruiz (tenor, él), Teresa del Olmo (actriz, Mercedes) y Ensemble Sinfónico de Rivas Alma Mahler. Dirección de escena: Rita Cosentino. Dirección musical: Martín Jorge.
LittleÓpera Zamora se ha vuelto a apuntar un buen tanto con el título de Laura Vega. Que el festival guarde uno de sus días para un estreno ya es indicador del alto sentido común que rige los destinos del mismo pero si el año pasado ya se nos impactó con la Hildegart, de Juan Durán, este año Laura Vega y su Él. De las tinieblas a la luz no se ha quedado atrás.
Esta función puede abordarse desde muchos puntos de vista porque sus aristas son múltiples: este título es perfecto ejemplo de una forma de entender el género hoy en día por su facilidad de montaje –y, por lo tanto, de exportación-, por sus reducidos medios musicales exigidos y por abordar un tema tan de actualidad como es el de la violencia de género. Pero también tiene la virtud de exponer al público de hoy temas de desgraciada actualidad. ¿Es ésta ópera una obra feminista? Yo lo que tengo claro es que es trabajo comprometido y ello ya es mucho. El arte no debe ser solo exposición fría de la belleza convencional sino que puede apelar a nuetstros sentimientos, mostrándonos la cara menos amable de nuestra sociedad.
El hecho es real: estamos en la España de 1926, en plena dictadura de Primo de Rivera.. Una mujer canaria ha estado sufriendo un matrimonio execrable con un marido que le ha hecho la vida imposible: violencia física, psicológica, sexual, amenzas múltiples, falta de empatía... Él, del que no sabemos su nombre, lo tiene todo para ser calificado como un hombre violento, que se cree dueño de su esposa. El desarrollo de la trama crea en el espectador una angustia creciente hasta terminar con la libración que supone el exilio voluntario de Mercedes a Uruguay en busca de la luz.
¿Observamos la paradoja? Mercedes Pinto encontró la paz saliendo fuera y América le dió lo que aquela España no le podía asegurar. Su reivindicación del divorcio como elemento indispensable para la liberación de la mujer provocó un auténtico río de críticas desde el poder político, el aclesiástico y el civil. Ahora, cuando en otras circunstancias, otros tratan de hacer lo mismo... Mercedes Pinto dejó escrito su libro Él en el que narra su cruda experiencia vital y sobre el que Rita Cosentino se ha basado para el libreto.

La ópera de Laura Vega apuesta por el proceso de liberación, sin huir de mostrar en toda su dimensión el grado de sadismo y paranoia del marido, de ahí el añadido en el título. Su música huye de extremos estéticos para ofrecernos una música accesible, recoocible y que bucea también cerca de la música popular canaria y sudamericana.
En sus setenta minutos de duración la obra es muy sencilla en su estructura. Un septeto musical –tres vientos, cdos cuerdas, piano y percusión- acompaña a dos cantantes, tenor y mezzosoprano. Mientras el personaje masculino tiene solo una voz, la del cantante, ella está desdoblada en la mezzo y una actriz, que narra, profundiza y reflexiona sobre distintos momentos de su vida. La escena propuesta por Rita Cosentino está dividida en dos planos: a la izquierda del espectador y entre tinieblas, el grupo orquestal; a la derecha una pard en V, con aspecto de ser la de un centro sanitario, acoge la acción dramática. Y la acriz, entre ambos mundos, sentada en el centro, narrado la historia.

Muy buenas prestaciones de Cristina Faus como mujer sufriente; comenzó algo fría pero poco a poco amplió volumen y aunque la voz no tiene la frescura de antaño, no cabe ningún reproche vocal, con agudos poderosos y rotundos en la escena final. Su alter ego fue la actriz Teresa del Olmo, en ocasiones demasiado pegada al texto en papel aunque poco a poco se fue soltando e interactuando con su otra ella. El tenor Manuel Gómez Ruiz tuvo que afrontar el muy desagradable papel de marido: voz ligera, la compositora le hace viajar por tesituras agudas que el canario solventó con seguridad. Impecable el maestro uruguayo Martín Jorge coordinando el trabajo de todos desde la batuta.
La asistencia no fue la deseada, con un sesenta por ciento del remozado Ramos Carrión ocupado pero el éxito de la función fue evidente. Sería de desear que muchas de esa personas que afirman que la ópera es un arte fosilizado vieran esta función y comprobaran que, como ocurre con todas las artes, la ópera también puede –y debe- posicionarse ante los problemas que hoy nos ocupan. Un éxito y el deseo que tras las funciones de noviembre en Canarias y Uruguay esta obra tenga mayor desarrollo en los teatros.

Fotos: © Fotografía Carrera