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Egmont con acento british en el Liceo 

Barcelona. 23/01/2016, 20:00 horas. Liceu. Sinfonía núm. 7 en La mayor, op. 92. "Ah!, perfido", escena y aria para soprano y orquesta, op. 65. Egmont, op. 84. Ludwig van Beethoven. Kerstin Avemo, soprano. Jeremy Irons, narrador. Martin Haselböck (dirección). Orchester Wiener Akademie.

Original la visita y programa presentado por la Wiener Akademie y su director titular-fundador, el también famoso organista austríaco, Martin Haselböck. Originales siempre en sus programaciones, aunque aquí en Cataluña, en el Festival de Peralada en 2009 ya se habían presentado con su programa The infernal comedy, con John Malkovich, abriendo la edición número 32 del Festival. Tampoco era este un programa novedoso en España, pues la edición 2015 del Festival de Música de Granada abrió su edición con este mismo programa Egmont, donde por cierto tampoco recitó el aquí de nuevo ausente John Malkovich. Si en Granada le sustituyó el actor Charles Dance, famoso patriarca malvado del clan Lannister en la serie Juego de tronos, aquí en el Liceu fue ni más ni menos que Jeremy Irons, un nombre que de por sí ya parecía justificar atracción más que suficiente al evento. Ingredientes muy suculentos en el apartado artístico pues, una formación de instrumentos originales de más de treinta años de contrastada carrera, un director especialista, un actor reconocido, un texto de una de las obras más peculiares de Beethoven, la música incidental de Egmont op. 84, sobre texto de Goethe y adaptado aquí al inglés por Christopher Hampton, oscarizado guionista, con la solista sueca, la soprano Kerstin Avemo, todos debutantes en el Liceu.

El programa se inició en su primera parte con la Sinfonía no. 7 en La mayor, op. 92, de Beethoven, que Haselböck dirigió con un estilo muy característico, casi se diría gimnástico en sus movimientos e indicaciones. El gesto nervioso y algo paródico del director contrastó con un sonido ora grueso, ora sensible (primer movimiento), donde cuerdas y viento fluyeron con un sonido potente y a veces parecía que intencionadamente tosco. El ritmo idiosincrásico de la sinfonía se llevó casi paroxísticamente, sobretodo en un último movimiento demasiado vivo y vibrante, ofreciendo una interpretación algo atropellada aunque con momentos brillantes y buen trabajo de los instrumentistas.

La segunda parte del concierto fue con la presentación de la cantante sueca Kerstin Avemo con la escena y aria "Ah!, perfido" para soprano y orquesta op. 65 con texto de Metastasio. Un aria donde Beethoven sigue la estela del Mozart operístico de estilo serio, siendo una suerte de aria post Idomeneo o de La Clemenza, donde la solista ha de demostrar carácter, estilo y temperamento, y donde Avemo desplegó genio, una voz de lírica con esmalte y cuerpo y un canto desenvuelto y seguro. Con la música incidental de Egmont, se llegó al plato fuerte de la noche, con la presencia del actor Jeremy Irons como narrador. La orquesta y su director titular ya habían demostrado su fuerza e ímpetu interpretativo, y la soprano su más que solvente prestación vocal, con lo que solo faltaba comprobar la maestría del verso de un actor cuyo bagaje artístico solo podía deparar el grado de excelencia mostrado. Después de una obertura densa y solemne, no en vano es la pieza más famosa de Egmont, Irons desplegó su verbigracia aristocrática con seguridad y elegancia. Su introducción a la historia dibujó el contexto y atmósfera con una declamación en su justa medida amanerada y clásica, con su noble acento británico y modulaciones exclamativas, presentó la historia dibujando el ambiente y hasta imitando el ruido de las flechas en la competición de ballesta inicial. Kristin Avemo entonó el primer lied de la obra: Die Trommel gerühret una pieza de curioso ritmo que anticipa a Mahler por su carácter intimista y a la vez enérgico, un contraste que Haselböck marcó con firmeza y que por su texto también recuerda a la Leonora del Fidelio beethoveniano. Irons continuó con su interpretación justa y medida, jugando con la complicidad de un publico que lo miraba con una mezcla de admiración y curiosidad, mientras el oscarizado actor desplegaba magnetismo y tablas. Es cierto que su enfoque regio más que contestatario o heroico con un personaje que busca la libertad de su pueblo frente a un enemigo opresor, quizás no fuera el punto de vista más lógico, pero también es verdad que la maestría declamatoria y personalidad de Irons atrajo a su persona todas las miradas y credibilidad, llegando a eclipsar la segunda y última interpretación del segundo lied de la obra por parte de Avemo, el delicioso y sencillo Freudvoll und liedvoll. Irons rivalizó con la interpretación de nuevo algo rústica de la orquesta, ¿un sonido pretendido por Haselböck? quien cerró la música incidental con un último movimiento, la Sinfonía de la victoria: alegro con brío llena de ímpetu y extroversión.

 

 

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