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sweeney todd Terfel monika rittershaus 

Este es mi papel

Zúrich (02/01/19). Operhaus. Sondheim: Sweeney Todd. Bryn Terfel (Sweeney Todd), Angelika Kirchschlager (Mrs. Lovett), Elliot Madore (Anthony Hope), Liliana Nikteanu (Beggar woman), Brindley Sherratt (Juez Turpin), Tobias (Spencer Lang). Coro de la Ópera de Zúrich. Orquesta Fhilharmonia de Zúrich. Andreas Homoki (Director escena) David Charles Abell (Director Musical).

Las ocasiones en que he tenido la oportunidad de escuchar a Bryn Terfel siempre he tenido la sensación de que el rol que interpretaba estaba escrito para él. No sé si el cantante galés se mete tanto en el papel que lo hace suyo o que su carácter, una mezcla de malencarado minero y agradable compañero de francachelas, cuadra perfectamente con los personajes que encarna. En el musical Sweeney Todd, ya convertido en clásico por ser una obra maestra y porque las obras de Stephen Sondheim no desentonan en ningún escenario –en esta ocasión en la Opernhaus de Zúrich–, se apropia de figura del vengativo barbero de Fleet Street y en ningún momento piensas que estás viendo a Sir Bryn sino que es Todd, dueño indiscutible del espectáculo, el que gobierna la acción. Vocalmente está impecable, más fresco que en las últimas ocasiones que le he visto, y como las exigencias de la partitura no son estratosféricas y las de el libreto él las asume perfectamente, concentra toda la atención del público cuando está en escena, pudiéndose calificar su trabajo, sin exageraciones, de excepcional.

A su lado un excelente plantel de cantantes (que son también estupendos actores) dan la réplica a tan imponente figura. Comparte protagonismo con Todd una Mrs. Lovett encarnada por una gran Angelika Kirchschlager, que supo adaptarse perfectamente a un papel de varias caras, una auténtica vividora del Londres dickensiano. Si como actriz estuvo a gran nivel. no menos destacó en sus mejores momentos musicales como su presentación con Worst pies in London, en el simpático pero con un inconfundible toque de sueño irrealizable  By the sea o en el maravilloso dúo con Todd que cierra el primer acto. Todos los secundarios, a los que Sondheim proporciona su momento de gloria estuvieron, como ya he comentado más arriba, a gran  altura. Destacaría a Elliot Madore como el joven marinero Anthony Hope que, aunque sorprendió con un timbre baritonal, no tuvo dificultades en los agudos que acompañan a canciones como Johanna. Muy bien el Juez Turpin de Brindley Sherratt cantando un Mea culpa estremecedor, o la mendiga de Liliana Niketeanu. Quizá el menos adecuado en su rol fue Spencer Lang como el joven Tobias que no acertó completamente en el enfoque que le dio a su bellísima canción Not while I’m around. Impecable y perfectamente ensamblado el Coro de la Ópera de Zúrich que demostró ser una excelente agrupación.

Sondheim es un maestro de la composición y me sorprendió gratamente la interpretación que  de su música hizo el director musical David Charles Abell, que supo encajar sin ningún tipo de problema una partitura no escrita para tocarse en un teatro de ópera. Pero el trabajo de la Philharmonia de Zúrich y la versatilidad de unas notas que suenan como en casa en cualquier espacio hicieron que nada chirriara entre el foso y el escenario.

Sweeney Todd de Sondheim es música pero, indudablemente, es también mucho teatro. Sin un trabajo actoral y escénico adecuado la obra puede naufragar irremediablemente. No fue este caso. Andreas Homoki realiza una labor que encaja perfectamente con el espíritu del musical. En lo escénico opta por una puesta que recuerda mucho a un teatro de guiñol en la escenografía (de Michael Levine), que juega con distintos telones (siempre en tonos oscuros, el gris del humo y la niebla londinenses del XIX) que delimitan tres espacios, en tres niveles, muy reducidos de tamaño y muy pegados al público, que vive muy de cerca la tragedia que se nos narra. La iluminación, me atrevería a decir que perfecta, de Franck Evin y el muy adecuado vestuario de Annemarie Woods completan los elementos que con una dirección actoral precisa y muy expresiva, casi expresionista, componen un cuadro tragicómico de gran calado moral que es lo que el compositor estadounidense pretendía al crear esta maravilla que se llama Sweeney Todd.

 

 

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