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OtelloSalzburg

Historia de una desilusión

Salzburgo. 27/03/2016. Oesterfestspiele. Verdi: Otello. José Cura (Otello), Dorothea Röschmann (Desdemona), Carlos Álvarez (Iago), Benjamin Bernheim (Cassio), Christa Meyer (Emilia), Georg Zeppenfeld (Lodovico). Dir. escena: Vincent Boussard. Dir. musical: Christian Thielemann.

Este Otello del Festival de Pascua de Salzburgo era ya sorprendente sobre el papel, con la presencia de Dorothea Röschmann, no habitual en este repertorio, y de José Cura como Otello, como si llegase de repente a lo más alto tras unos años muy discretos. Tras haber visto la producción, al sorpresa se ha transformado en desilusión. 

El equipo francés compuesto por Vincent Boussard, Vincent Lemaire y Christian Lacroix firma una dirección de escena poco más que elegante, por momentos estetizante, pero que no incide en la relación entre los personajes, en el dramatismo del libreto. Es una dirección de escena meramente ilustrativa, sin dramaturgia, que se deja ver porque no molesta, incluso con algún momento interesante, sobre todo en el primer acto (la escena con Casio solo sobre una gran mesa, o el dúo entendido como un momento fuera del tiempo y del drama), en el tercer acto y en particular sucede que la escena final con el enviado del doge no está bien organizada, sin auténtico drama, un tanto manierista y artificial en exceso. Los últimos momentos son casi una pantomima en la que el ángel nero que acompaña a Otello, hundiéndose más y más en la destrucción durante toda la función, hasta descomponerse cuando el héroe está muriendo y al tiempo que Desdemona deviene una suerte de espíritu o ángel “blanco”. Una dirección de escena, en suma, más orientada sobre lo simbólico que sobre el drama propiamente dicho, más pendiente de cuidar las formas que el fondo.

También Christian Thielemann se ocupa mucho más de las formas que de la sustancia, exaltando cada detalle de la partitura, la enorme riqueza de la escritura musical de Verdi, pero dejando a un lado todos los aspectos teatrales y dramáticos y sin ningún sentido del legato: una lectura microscópica y no macroscópica de Otello, haciéndolo por momentos aburrido, sin nervio, sin esa pasión explosiva que recorre la partitura y la tensión connatural al drama. Una lectura tan miniaturista consigue, no obstante, resaltar algunos momentos importantes, como el creciendo de la escena inicial con Cassio, donde los fagotes hacen maravillas, marcando la acción hasta la llegada de Otello para poner fin al escarnio. Además en este caso a la nitidez de la dirección musical corresponde la claridad de la dirección de escena, en uno de sus mejores momentos. En conjunto, Thielemann no consigue traducir el drama y su lectura, tan orientada hacia el mínimo detalle, se diluye sin convencer, a pesar de la ejecución ejemplar que ofrece la Staatskapelle de Dresde.

El coro (el Sächsischer Staatsopernchor de Dresde dirigido por Jörn H Andresen) tampoco consigue elevar la tensión de la velada, quedándose atrás sobre todo al final del tercer acto, con notables dificultades en el agudo, quedando un tanto al margen del drama (la disposición del mismo, muy tradicional, cara al director en el foso, sin participar de la acción, no favorece por descontado la impresión general).

El reparto reunido tampoco convence. El Otello de José Cura, reemplazando a Johan Botha, apenas es digno; ha perdido todo esmalte y cualquier signo de brío en la voz, que se vuelto opaca y con problemas de proyección. El esultate inicial no tiene el ímpetu necesario, el dúo con Desdemona está más bajo control, pero los filados finales no están por ninguna parte. En los dúos con Iago alcanza una cierta tensión y la emoción surge (un poco) en la escena final. Decoroso, pues, a lo sumo pero nada digno de resaltarse. Carlos Álvarez, aquí en reemplazo de Dmitri Hvorostovsky, canta con estilo e inteligencia, como siempre en su caso, e interpreta con expresividad genuina, pero la voz da signos de alguna dificultad en el agudo (en el Credo, sobre todo) y el timbre, sombreado, ha perdido algo de calidez. Su interpretación, en todo caso, es honorable. Estos dos cantantes, por razones diversas, no consiguen sostener la tensión prevista por el canto verdiano, si bien su presencia escénica es firme y digna del drama.

Dorothea Röschmann, en cambio, que no sustituía a nadie, presenta otros problemas en su debut como Desdemoa. Su voz lírica, muy controlada, muy elegante, conviene sobre todo a papeles mozartianos y mucho menos seguramente a papeles verdianos que exigen otro tipo de vocalidad, más drama´tica y con una línea de canto más contrastada. Parece que está ensanchando y trasformando su voz, y no siempre para bien: graves inexistentes, centro gastado y agudos grandes aunque lanzados de forma casi brutal e inesperada, sin un cuidado particular. Da muestras de tanto en tanto de un estilo más matizado, por momentos manierista y poco natural como en el Aria del salice y el Ave Maria, pero a su línea de canto le falta consistencia. Röschmann no consigue por el momento que su Desdemona sea conmovedora, por una mera falta de adecuación al estilo. Una elección equivocada de repertorio.

Las voces para los demás papeles se antojan respetables: dramática e intensa la Emilia de Christa Mayer, cumplidor el Ludovico de Georg Zeppenfeld, que no termina de resaltar a causa de la dirección musical. El papel de Casio, confiado al joven Benjamin Ternheim, está cantado a la perfección; es sin duda el cantante más notable de la noche, con estilo y dicción perfectos, con presencia escénica, con control y expresividad: su primer acto es de lo más interesante de la velada. Un cantante a seguir.

Parece evidente que un Otello en el que lo menos contestable es el Cassio no es un Otello digno de un gran festival. Esta ópera de Verdi requiere, para funcionar, una pareja protagonista excepcional, y aquí no basta con poseer las notas, se requiere también un dominio del estilo y una presencia escénica. Y por supuesto, un director musical con verdadero sentido dramático y no una mera sensibilidad, epidérmica: el mero detalle y el mínimo cuidado en la ejecución no son suficientes para convencer en el caso de Otello. Confiemos en lo que puedan depararnos los próximos Otellos previstos, como el de Jonas Kaufmann la próxima temporada en Londres.

 

 

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