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Garifullina Decca

La soprano tártara

Primer recital en solitario de la soprano tártara Aida Garifullina

En el universo operístico actual es notorio y hasta cierto punto lógico el aluvión de sopranos y voces eslavas, rusas, bálticas… que se añaden con asiduidad al difícil y competitivo mundo del rango sopranil. De hecho, si tomamos a la rusa Anna Netrebko (Krasnodar, 1971), como modelo a seguir, las grandes divas siempre han creado escuela, es normal que salgan toda una serie de voces y sopranos a la estela de la gran diva del siglo XXI. Netrebko, de momento, no tiene un nombre propio que le haga sombra. La rusa ha demostrado una ambición y calidad que le han hecho brillar en su amplio repertorio que va desde Mozart, el belcanto, Verdi, con una puntual y exitosa incursión en Wagner, además del Verismo o el repertorio francés y ruso. 

La lista de voces que parecen haber surgido después del fenómeno Netrebko es larga, pero es justo mencionar a Olga Peretyatko (Leningrado, 1980), Marina Rebeka (Riga, 1980), Sonya Yoncheva (Plovdiv, Bulgaria, 1981), o la soprano Venera Gimaedieva (Kazan, Rusia, 1984), compatriota de Aida Garifullina (Kazan, 1987), la nueva voz que se presenta como rising star en este su primer cd solista para el sello DECCA.

La voz de Garifullina es agradablemente fonogénica, con un timbre claro de color cristalino, propio de una soprano joven lírico-ligera, bien impostada y con una coloratura grácil con facilidad para las notas picadas con un registro agudo desenvuelto y luminoso. Dentro de una grabación, donde el sonido y las supuestas imperfecciones siempre se camuflan, un único pero surge con algún agudo de sonido algo entubado, con esa técnica propia de las sopranos rusas y del este donde el color y el esmalte del instrumento tienen un sello característico que se percibe enseguida. 

Aida Garifullina presenta un trabajo redondo y sin mácula donde salvo dos típicas piezas del repertorio francés, muestra la belleza del repertorio ruso, de ópera y canción, propio de la escuela de la que procede. Acompañada de manera impecable por la ORF Radiio-Symphonieorchester de Viena, bajo la batuta complaciente pero efectiva de Cornelius Meisner, el recital, que no llega siquiera a la hora de duración, es una buena tarjeta de presentación de esta nueva voz bajo el sello siempre impoluto de DECCA.

Comenzando por un Vals de Juliette de Gounod, de fácil ejecución y brillante final, Garifullina demuestra una dicción en las piezas francesas que podría ser algo más inteligible, aunque la adecuación estilística en este repertorio se antoja ideal y luce con sobrados medios. Así se puede apreciar sobretodo en la inacabable Ou va la jeune Indoue de Lakme de Delibes, un aria de repertorio, conocida como aria de las campanillas, donde el instrumento de Garifullina brilla con especial encanto. Su instrumento siempre suena desahogado en el registro superior, perlado y fácil, que técnicamente luce con buen legato, control de la respiración y gusto en un fraseo sin manierismos.

Pero es con el repertorio ruso, su formación natural como solista, donde Aida demuestra sus mejores cualidades, expresión y delicadeza en un canto siempre cuidado y extrovertido. Los melismas de la Canción India de la Sadko de Rimsky-Korsakov, suenan elegantes y delicados, la voz se funde como un instrumento más en el exótico tejido orquestal con fluidez y encanto. 

Con el aria de la Doncella de nieve, pieza que cantó en la final del concurso Operalia en su edición 2013, donde Garifullina se alzó con el primer premio, tiene un valor extra sentimental para la soprano y lo demuestra con una personalidad más llamativa, coloreando el texto con carácter y encanto. Aquí llama más la atención frente a unas arias del repertorio francés muy bien cantadas pero algo faltas de personalidad. La comparación con dos ilustres sopranos que han grabado también esta aria como Anna Netrebko o Olga Peretyatko no desluce el sello de Garifullina, quien ocuparía un lugar digno dentro de esta tríada top de sopranos rusas actuales. 

Con la Serenada de Tchaikovsky, op. 21 nº5, el estilo de la soprano vuelve a demostrar fineza y atención en una pieza más de elegancia interpretativa que no de dificultad por tesitura, como también se puede apreciar en la atmosférica Lilacs de Rachmaninov. 

La soprano de origen tártaro incluye en su primer cd la pieza de origen tradicional, Allüki, una folksong tradicional del pueblo tártaro, aquí orquestada con arreglos de Paul Campbell, que le confieren una atmósfera muy de cuento de hadas. No deja de ser una canción de cuna, y como explica la propia Aida en el texto artículo del Cd, cada cantante aporta su sello personal a la interpretación de la pieza, jugando con los melismas de la melodía. Se agradece la inclusión de piezas como la nana Spi, mladenets muy prekrasny de la semidesconocida Mazeppa de Chaikovsky, donde la siempre refinada orquestación del compositor ruso mece al solista en un acompañamiento donde la entonación y la fantasía propias del autor deslumbran con delicadeza. 

Preciocismo oriental y exotismo compositivo en las dos arias más conocidas de la ópera El Gallo de oro de Rimsky-Korsakov, título que se podrá ver en estos meses de mayo-junio en el Teatro Real. Tanto en el contemplativo Himno del sol: Otvet ene, zorkoye svetilo, de seductor acabado como en la exigente aria de la seducción de la Reina de Shemaka, Garifullina se muestra pletórica y expresivamente comprometida. 

Reflejos metálicos en su canto que embellecen perlas como la célebre Plenivshis rozo, solovey, op. 2 nº 2 de Rachmaninov, suman calidad al canto de la soprano, quien se marca un Romance oriental de Rimsky-Korsakov de hermoso acabado. 

En un pieza como la larga y representativa como es el Vocalise de Rachmaninov, donde la voz solo ha de dejar fluir un canto donde no hay texto y si una melodía que se desarrolla con efectos de belcanto alla rusa, Garifullina vuelve a demostrar cualidades. Control de la respiración, buen manejo de la técnica con filados y pianos de calidad, pero sobretodo un cuidado y efectista uso de los resonadores, liberando la belleza intrínseca de su instrumento con notorio resultado.

Las dos últimas piezas del primer cd de la rusa son una preciosa canción tradicional, la nana del cosaco, y la canción de Vasily Solovyov-Sedoy, Medianoche en Moscú, rareza por estar cantada, gracias a la técnica moderna, sobre un fondo musical ¡grabado en 1962! Como indica el artículo interior del cd, lo notorio de esta toma es que forma parte de la grabación Mercury LP Balalaika Favourites, el primer LP hecho y grabado en la Union Soviética por una compañía occidental. 

En resumen, un primer trabajo discográfico placentero y resuelto que muestras las virtudes de una artista joven, con un buen instrumento y una presencia atractiva en la linea del marketing operístico actual. La prueba de fuego, como cualquier artista, será en directo y con el tiempo se verá hasta donde llega esta nueva promesa, de momento auspiciada por DECCA y que acaba de debutar como Doncella de nieve en la Opera National de París. 

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